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    Cómo hacer la revolución?

    ¿Cómo hacer la revolución?
    Reseña del libro Cómo hacer la revolución: Instrucciones para cambiar el
    mundo, de Srdja Popovic
    Equinongo Echeverría, Nueva York | 15/07/2017 2:47 pm

    El biólogo Srdja Popovic (Belgrado, Serbia, 1973) dirige el Center for
    Applied Nonviolent Action and Strategies (CANVAS), una organización no
    gubernamental dedicada a asesorar a los movimientos civiles que
    promueven acciones no violentas. En 1998 alcanzó una gran relevancia
    pública como líder de Otpor!, el movimiento estudiantil que logró
    derrocar al dictador serbio Slobodan Milosevic.
    Este magnífico libro escrito con la colaboración de Matthew Miller y
    traducido de la obra original en inglés (Blueprint for a Revolution) por
    Ana Nuño y Pilar García Romeu fue puesto a la venta en 2015 por la
    editorial MALPASO de Barcelona y puede ser adquirido en Amazon o
    cualquier otra empresa distribuidora de libros o solicitado en los
    fondos circulantes de las bibliotecas públicas.
    Exhortamos a todos los interesados en ayudar a organizar o participar en
    un movimiento no violento para derrocar a una dictadura a leer dicha
    obra pues contiene valiosos consejos que pueden ayudar a alcanzar tales
    objetivos.
    El libro ha sido celebrado por la crítica y por sus lectores.
    El New York Times dijo del mismo: “El título no exagera. Los métodos de
    Otpor! han sido adoptados por organizaciones de todo el mundo.”
    Y The Guardian expusó: “Una divertidísima introducción a la teoría y la
    práctica de la protesta pacífica.”
    El célebre cantante Peter Gabriel opinó: “Srdja recurrió a la
    imaginación, la astucia y el humor para crear un movimiento que derribó
    a una dictadura brutal y se convirtió en el modelo para las insurgencias
    pacíficas de todo el mundo. ¡Srdja es increíble![1]”
    Popovic no pretende ofrecer una receta única para hacer una revolución
    no violenta que pudiera usarse contra todos los dictadores existentes en
    el mundo.
    Comprende que las condiciones varían de lugar en lugar y solo ofrece una
    metodología para hacer una revolución no violenta compuesta de una serie
    de principios y consejos prácticos que los activistas revolucionarios
    deben tratar de adaptar a las condiciones concretas de cada país.
    El libro se divide en dos partes. En la primera se exponen las
    principales técnicas en que se pueden basar los movimientos no violentos
    para derrocar a las dictaduras. En la segunda se dan consejos prácticos
    para hacer el mejor uso de dichas técnicas.
    El primer capítulo de la obra, Eso no puede pasar aquí, explica cómo en
    cualquier país del mundo en que existe una dictadura los activistas
    revolucionarios se sienten pesimistas y piensan que en su país existen
    condiciones específicas que van a impedir el triunfo de una revolución
    no violenta y que un movimiento tal está destinado a fracasar.
    Sin embargo, Popovic expone que los principios del movimiento no
    violento son universales y han demostrado ser aplicables en muchos
    países distintos y tener mayores probabilidades de derrocar a las
    dictaduras y de convertir a los países en democracias que las
    insurrecciones violentas.
    Y le expone a un grupo de activistas egipcios que vinieron a consultarlo
    alguno de dichos principios y cómo los mismos se habían aplicado en
    Serbia y varios países.
    Luego explica cómo, después que los activistas egipcios se marcharon,
    tuvo el placer de ver que aplicaron exitosamente esos principios cuando
    dos años más tarde movilizaron al pueblo egipcio en la plaza Tahrir para
    derrocar a Hosni Mubarak.
    El segundo capítulo de la obra, Pequeños pasos para soñar a lo grande,
    desarrolla el principio de que para crear un movimiento de masas no
    violento hay que comenzar por pequeñas metas alcanzables para que
    después de lograrlas se planteen otras más ambiciosas.

    Y expone ejemplos concretos de la aplicación exitosa de este principio
    como por ejemplo cuando:
    – Gandhi usó la marcha de la sal para aglutinar al pueblo indio en pos
    de la lucha independentista.
    – Itzik Alrov, un activista israelí organizó un movimiento exitoso para
    exigir la rebaja de precios del requesón (un alimento importante en la
    dieta de ese país) y luego utilizó el movimiento creado para iniciar una
    protesta masiva por el alto alquiler de las viviendas.
    – Y cómo un activista gay, Harvey Milk, creó un movimiento contra el
    excremento de perro en San Francisco para llegar al poder local y luego
    implementar una serie de medidas de reforma que beneficiaron a su comunidad.

    Esas pequeñas victorias le permiten al movimiento no violento adquirir
    cierto impulso.
    Pero para incrementar el mismo y poder abordar metas más ambiciosas es
    necesario no solo aglutinar y movilizar a la población sino además
    ofrecerles una meta atrayente que mantenga dicho interés a largo plazo.
    El tercer capítulo, Visión de futuro, se ocupa de cómo lograr esa meta
    atrayente.
    En Serbia la visión del futuro que Otpor! le ofreció a la población fue
    un país normal, sin guerras, con buenas relaciones con los vecinos y con
    una democracia que funcionara.
    En las islas Maldivas, los activistas opositores habían logrado atraer
    al pueblo organizado festivales donde distribuían raciones gratuitas de
    arroz con leche, manjar muy atrayente para la población local, pero no
    disponían de un programa a largo plazo que la motivara para oponerse a
    la dictadura.
    Las campañas para protestar contra la censura y la tortura no parecían
    motivar a la población local. Pero una de oponerse a la corrupción de la
    dictadura y proponer usar los ingresos en divisas del turismo, que se
    dejarían de robar, para financiar el cuidado médico gratuito de la
    población y pensiones adecuadas para la vejez pudo impulsar a una parte
    importante de la misma para oponerse a la dictadura en las elecciones
    próximas.
    Sin embargo, impulsar a las masas a través de pequeñas victorias para
    poder luego adoptar metas más ambiciosas y ofrecerles una visión de
    futuro que las prepare para emprender la lucha a largo plazo no son
    suficiente para derrocar a una dictadura bien atrincherada.
    Hay que también identificar y actuar en contra de los pilares del poder
    que la apuntalan.
    Y de cómo derribar esos pilares del poder trata el cuarto capítulo de la
    obra de Popovic.
    El autor comienza por explicar cómo los que intentan derribar a una
    dictadura por medios violentos están en desventaja por las abundantes
    fuerzas militares que la misma controla y porque solo podrían a usar a
    una pequeña porción de la población joven y en buenas condiciones de
    salud para tal lucha.
    En cambio, si usan técnicas no violentas, pueden poner a toda la
    población de su parte y entonces pueden triunfar.
    No obstante, para eso necesitan primero destruir los pilares del poder
    que le permiten a la dictadura obtener los recursos financieros para
    solventar los gastos del aparato represivo y para poder remunerar a los
    subordinados que necesita para obligar a la población a obedecer sus
    órdenes.
    Y, a continuación, se ofrecen ejemplos de cómo movimientos no violentos
    derribaron los pilares del poder de diferentes dictaduras del mundo.
    En Siria se hizo propaganda de las violaciones de los derechos humanos
    en todos los países que enviaban turistas a visitarla o habían realizado
    o iban a llevar a cabo inversiones en la economía de Siria para que las
    retiraran o no las realizaran.
    De esa manera buscaban que los subordinados y aliados del dictador que
    controlaban la economía del país dejarán de aportar divisas e impuestos
    a Assad.
    Y sin dichos recursos Assad no podría adquirir la misma cantidad de
    armas y tendría dificultades para pagarle el salario a sus soldados y
    fuerzas de seguridad y a su burocracia.
    Y algo similar se podría hacer en todas las demás dictaduras.
    En lugar de usar la violencia para combatir a las fuerzas armadas y de
    seguridad de los mandamases, los activistas del movimiento no violento
    debían atacar a los sectores de la economía que les aportan los recursos
    a las dictaduras para mantener la represión y su aparato de gobierno.
    El quinto capítulo trata de un principio importante, de cómo hacer que
    la población les pierda el miedo a las fuerzas represivas a través del
    “risactivismo”.
    En otras palabras, de cómo usar las burlas y las risas para chotear a
    las mismas.
    El título del capítulo quinto, Victoria a carcajada limpia, indica de
    qué se trata y los ejemplos que se ofrecen son innumerables.
    Por ejemplo, los serbios se aprovecharon del hecho que en su idioma se
    usa el término “pavas” de forma despectiva contra las mujeres y que la
    mujer de Slobodan Milosevic usaba siempre una flor blanca en el cabello
    para soltar una legión de pavas con flores blancas en la cabeza en las
    calles de Belgrado poco antes del amanecer para armar una correría de
    policías cayéndole atrás a las pavas por las calles de la capital a la
    hora de mayor tráfico en medio del jolgorio de la población.
    También colocaron en una calle céntrica de Belgrado a un barril con una
    imagen de su dictador, una ranura para hacer contribuciones y un bate.
    El barril tenía un letrero que decía “¡Done una peseta y puede
    golpearme!”. Y después de recolectar cierta cantidad y armar tremenda
    algarabía la multitud que hacía cola para batear al barril obligó a la
    policía a “arrestar” al barril y retirarlo de la escena en la maleta de
    una perseguidora en el medio de las risas de la gran cantidad de
    espectadores.
    En Turquía en protesta del hostigamiento por las fuerzas del orden de
    una pareja que se besuqueaba en una estación de trenes, los estudiantes
    organizaron un maratón de besuqueo masivo elevando carteles que decían
    BESAME o TE QUIERO contra los cuales la policía no sabía qué hacer.
    En Polonia a la hora del aburrido Noticiero Nacional de Televisión la
    población sacaba los televisores a pasear en carretillas para demostrar
    que no lo estaban observando.
    Y para chotear el aniversario de la Gran Revolución Socialista de
    Octubre los polacos se vestían todos de pie a cabeza de rojo y se
    congregaron en la plaza pública a hablar mal del Gobierno sin que la
    policía los pudiera arrestar ya que estaban celebrando una fiesta comunista!
    En Chile, para protestar contra Pinochet, los taxistas comenzaron a
    circular por la vía pública a paso de jicotea y pronto se les unieron
    todos los demás choferes y hasta los peatones que caminaban por las aceras.
    En Rusia cuando las autoridades de una ciudad de Siberia no autorizaron
    un acto de protesta popular, los opositores organizaron el acto de todas
    maneras con juguetes y carteles en lugar de seres humanos. La práctica
    se extendió por todo el país obligando a las autoridades a pasar una ley
    prohibiendo las protestas de juguetes.
    En Irán, donde se les prohíbe a las mujeres asistir a los partidos de
    fútbol, dos mujeres vestidas como hombres se infiltraron en un partido
    por la copa mundial y luego se quitaron el disfraz y las autoridades se
    lo tuvieron que aguantar para no hacer un mayor papelazo.
    En Siria los opositores tiñeron de rojo todas las fuentes públicas de
    Damasco y soltaron miles de pelotitas de pin pon con consignas
    antidictatoriales en las empinadas calles de la capital para obligar a
    la policía de pasarse horas enteras correteando tras ellas para
    retirarlas de la circulación. Además, los activistas opositores sirios
    escondieron transmisores pequeños de gran potencia en los basureros y
    lanzaron consignas contra Bashar Al Assad por medio de ellos para
    obligar a la policía a ensuciarse las manos mientras trataban de
    localizarlos para poder desactivarlos mientras la población se reía de
    los apuros que estaban pasando.
    En Egipto los activistas con conocimiento de cibernética confeccionaron
    un software que hacía aparecer en el monitor un cuadrito que decía.
    INSTALANDO LA LIBERTAD COPIANDO LOS FICHEROS DESDE TÚNEZ. Pero luego el
    programa se interrumpió y salía otro cuadrito con la leyenda: NO SE
    PUEDE INSTALAR LA LIBERTAD. POR FAVOR REMUEVAN A MUBARAK E INTENTEN
    NUEVAMENTE.
    Al final el capítulo ilustra el principio que con el ingenio popular
    siempre es posible encontrar numerosas maneras de ponerle un rabo a las
    dictaduras y burlarse de las fuerzas represivas para ayudar al pueblo a
    perder el miedo[2].
    Pero la risa no puede usarse en todo momento contra la represión y el
    libro termina su primera parte cuando en el sexto capítulo trata de las
    Instrucciones para desactivar la opresión.
    Las mismas se dividen en tres partes.
    La primera parte corresponde a los métodos para reducir el efecto del miedo.
    El miedo a la represión es un instrumento que la dictadura utiliza para
    hacer a la población obedecer sus órdenes.
    Muchas veces la dictadura no tiene que reprimir basta el miedo a ser
    arrestado, torturado, sentenciado a cárcel o asesinado para que la gente
    obedezca a sus órdenes o no se atreva a protestar.
    Y, por tanto, es necesario reducir el miedo para que la población no
    obedezca al gobierno dictatorial y se anime a protestar.
    La fuente más común del miedo es el desconocimiento de cuáles pueden ser
    las consecuencias represivas de un arresto.
    Por eso Popovic recomienda informar a los activistas con todo detalle lo
    que ocurre en cada etapa de un arresto y cómo deben comportarse durante
    las mismas para contrarrestar la efectividad de las medidas policiacas.

    Sugiere que se les explica:
    – Como serían arrestados y transportados a las comisarías.
    – Las torturas que pudieran recibir en tránsito o mientras permanezcan
    arrestados.
    – La forma como se conducirán los interrogatorios, las preguntas que
    siempre les harán a los arrestados y como deben contestarlas.
    – Las acusaciones que probablemente se harán contra ellos, los juicios
    que se les podrían hacer y la duración estimada de sus condenas.

    En base a lo anterior, cuando son arrestados, los activistas están
    preparados pues saben todo lo que les espera, cómo reaccionar, y sienten
    un mínimo de miedo.
    En consecuencia, cuando salen de las cárceles les cuentan a sus
    compañeros sus experiencias con naturalidad y con un mínimo de temor lo
    cual a su vez ayuda a tranquilizar a los restantes.
    Al mismo tiempo, cómo el arresto de los activistas se convierte en una
    rutina, las medidas organizativas para hacerle frente se estandarizan
    para tratar de minimizar la estancia de los arrestados en la cárcel y
    hacerla lo menos desagradable posible para ellos y sus familiares.
    Se notifican rápidamente a:
    – Los abogados que los van a defender.
    – La prensa.
    – Y a los familiares de los arrestados.
    Se movilizan a los familiares y a los compañeros de los mismos para que
    se presenten ante las comisarías donde se encuentran arrestados y
    demandan su liberación.
    Se designan activistas para que se llamen continuamente a los teléfonos
    de la comisaría indagando por la suerte de los arrestados.
    Se prepara una fiesta de recibimiento frente a la comisaría para cuando
    sean liberados.
    Y una vez liberados se hace un marketing de su experiencia carcelaria.
    Se diseñan camisetas de distintos colores que se les entrega a los
    activistas opositores en función del número de veces que han sido
    arrestados por las fuerzas del orden.
    Se les trata de elevar el prestigio, darles estatus de héroes y elevar
    su sex appeal con el género opuesto para atraer nuevos reclutas a las
    actividades de protesta.
    Por todos los medios se trata de aumentar las ventajas de haber sido
    encarcelado por manifestar contra la tiranía y de reducir sus posibles
    desventajas para estimular la incorporación a dichas protestas, reducir
    el miedo y estimular la desobediencia de la población.
    Una segunda línea de trabajo que aconseja Popovic consiste en no tratar
    de minimizar el miedo a la represión sino a la represión misma.
    Para lograr esto, propone identificar a los represores abusivos y
    notificarle a la comunidad donde ellos y su familia viven de tal
    conducta para convertirlos en apestados sociales y obligarlos a
    modificar su conducta.
    Expone por ejemplo el caso de Iván, un policía fornido y abusivo que
    reprimía excesivamente a los miembros de Otpor! en una pequeña ciudad
    serbia cerca de la frontera con Hungría.
    Para modificar su conducta, los activistas opositores pusieron un cartel
    con su foto y la leyenda de matón en el escaparate del salón de belleza
    al cual concurría habitualmente su mujer. Colocaron
    otros en los muros cerca de su casa y en los alrededores de la escuela
    primaria donde estudiaban sus hijos.
    Al poco tiempo, Iván se convirtió en un apestado social dentro de su
    comunidad y poco a poco fue disminuyendo su furor represivo y la forma
    como trataba a los activistas políticos que arrestaba.
    En Estados Unidos, según Popovic, la misma táctica se usó con éxito
    contra Anthony Bologna, de la policía de Nueva York, durante la
    ocupación del Parque Zuccotti, y contra John Pike de las fuerzas de
    seguridad de la Universidad de California en Davis, por rociar con gas
    pimienta a manifestantes pacíficos.
    En la época de los medios sociales tales tácticas suelen ser mucho más
    efectivas que cuando dependen únicamente de carteles para diseminar su
    mensaje.
    Pero también se pueden usar carteles con igual propósito en los lugares
    en que no se puede usar el internet para comunicarse.
    Por último, la represión siempre resulta contraproducente y los
    activistas deben estar listos para aprovecharse de esto en los casos en
    que la misma resulta excesiva o abusiva.
    No hay para impulsar el nada mejor que esto para impulsar los
    movimientos de protesta contra las dictaduras.
    Ejemplos de esto fue como una represión violenta contra los venerados
    monjes budistas en Birmania provocó una rebelión popular.
    También cómo las sentencias excesivas de cárcel que la fiscalía rusa
    proponía contra el conjunto Pussy Riot por ridiculizar a Putin provocó
    protestas en muchos países y aumentó la popularidad de dicho conjunto.
    Y como el castigo excesivo que un director de escuela le impuso a una
    adolescente por una opinión desfavorable que ella expresó a sus
    seguidores de Facebook sobre el gobernador de Kansas originó una
    protesta masiva de la población que obligó al director del plantel a
    retirar la sanción y a los subordinados del gobernador a disculparse.
    Finalmente, como la represión a un vendedor de frutas tunecino lo hizo
    suicidarse, prendiéndose fuego, e inició las protestas masivas de la
    Primavera Árabe que azotaron el mundo árabe hace varios años.
    Hasta aquí la primera parte del libro Cómo Hacer la Revolución, que
    trata de las técnicas que deben usar los movimientos no violentos para
    intentar derrocar a las dictaduras.
    En un próximo artículo trataremos de la segunda parte de la obra que
    ofrece consejos prácticos para darle a dichas técnicas el mejor uso posible.

    [1] Ver también los siguientes videos:
    https://www.youtube.com/watch?v=vGeHG6d1Gr4
    https://www.youtube.com/watch?v=VCZh581N74E
    https://www.youtube.com/watch?v=Z3Cd-oEvEog
    https://vimeo.com/143379353
    [2] Ver: https://www.youtube.com/watch?v=BgaDUcttL2s

    En los comentarios que los lectores de CUBAENCUENTRO deseen hacer a este
    artículo quisiera rogarles que se limiten a los temas tratados en el
    texto. Para indicarles cuales precisamente son los temas que se tratan
    en el mismo, he confeccionado un cuestionario.
    ¿Cuáles de las técnicas sugeridas en el libro pudieran, o no, tener
    éxito en Cuba y en que se basa cada cual para opinar de esa manera?
    ¿Es posible, o no, que un movimiento no violento basado en las
    anteriores ideas de Popovic pudiera derrocar a la dictadura en Cuba?
    ¿Porque Ud. piensa de esa manera?
    En caso que Ud. opine que tal movimiento no violento pudiese tener
    éxito, ¿cuáles medidas Ud. piensa que sean necesarias para implementarlo
    adecuadamente?
    ¿Cuáles medidas usted piensa que de tratar de implementarse pudieran
    hacer fracasar tal movimiento?

    Source: ¿Cómo hacer la revolución? – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/como-hacer-la-revolucion-330023

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