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    Una bola de golf sobre la maleta de Obama

    Una bola de golf sobre la maleta de Obama
    31 de enero de 2017 – 12:01 – Por Luis Leonel León

    De un áspero plumazo suprime la posibilidad de que todo cubano que pise
    territorio estadounidense pueda quedarse en este país bajo la presunción
    de que se trata de un asilado político

    Escena final

    De pronto pudiera parecer un día más, pero no es un jueves como otro
    cualquiera. Son las 8 y 55 de la mañana del 12 de enero de 2017. Barack
    Obama avanza rumbo sur, dejando atrás los ventanales de la Casa Blanca.
    Ya ha hecho sus maletas. En una mano carga una de ellas y en la otra
    lleva su palo de golf preferido. Se detiene en medio de los jardines.
    Coloca encima de la maleta una bola breakaway. Se voltea y lo vemos
    sonreír con la ironía del que sabe qué va a suceder.

    Preámbulo

    Lleva tiempo queriéndolo hacer y en sólo unos días no podrá dar más
    órdenes ejecutivas. Está apurado. Quizás presionado. De un áspero
    plumazo suprime la posibilidad de que todo cubano que pise territorio
    estadounidense pueda quedarse en este país bajo la presunción de que se
    trata de un asilado político del único régimen totalitario que persiste
    en el hemisferio occidental.

    Aunque en la política cubana de las últimas seis décadas el absolutismo
    es el gesto más determinante, pareciera que Obama nunca lo notó, o al
    menos no le importó mucho en sus ocho años de mandato. Menos iba a
    importarle a sólo unos días de entregar el poder ejecutivo a Donald
    Trump, a quien más que un adversario considera un infame enemigo.

    Obama pidió al Congreso varias veces cancelar la Ley de Ajuste Cubano.
    Derogar “pies secos/pies mojados” era una carta, de doble cara, que
    tenía guardada y que no pocos esperábamos pudiese sacar como triste
    despedida. No sólo fue una concesión más a Castro, sino también su
    pretensión de dejarle en las manos una especie de papa caliente al nuevo
    presidente, a quien le ha declarado una guerra.

    Flash Back

    Lo acontecido desde que el 17 de diciembre de 2014 Obama restableció
    relaciones entre su gobierno y el régimen castrista, demuestra que
    llevaba años jugando con el exilio cubano, de cuyos votos se benefició y
    que finalmente no consiguió traspasarle a Hillary Clinton, a quien
    intentó venderles -craso error- como su continuadora. Como todo gran
    populista, aunque se empeñe en negarlo, Obama es un político
    malabarista, un embustero de saco y corbata que prometió al exilio
    cubano no alterar la política migratoria de EEUU mientras el
    totalitarismo habanero no diera muestras de aceptar girar hacia la
    democracia. La vida demostró que no se trató de una utopía sino de una
    farsa de calculado montaje.

    ¿Valdría la pena preguntarle si de verdad cree que haya cambiado la
    realidad dictatorial que sufren los cubanos? Obama y sus estrategas bien
    saben que no. Al contrario, desde hace dos años ha aumentado la
    represión hacia los disidentes y todo el que se atreva a levantar su voz
    en contra del comunismo isleño. Obama ha dicho que tiene “diferencias”
    con Castro, pero todo el tiempo pactó con él como un gobernante
    legítimo. Y además le complació.

    Intermezzo

    La memoria colectiva tiende al olvido. Puesta en marcha por Bill Clinton
    poco más de 20 años, “pies secos/pies mojados” en su momento no fue del
    agrado de muchos en el exilio. Pero al menos mantenía una puerta para
    todo cubano que lograra pisar suelo estadounidense. No olvidemos que
    antes de 1995, cuando un guardacostas interceptaba a cualquier balsero,
    en vez de regresarlo al régimen como sucedió a partir de la política de
    Clinton, era traído a EEUU amparado con esa frase mágica y de profundo
    significado, que gracias a Obama los cubanos no podrán escuchar:
    “Bienvenido a tierras de libertad”.

    Hay quién se pregunta: ¿Y ahora qué nos queda? Los disidentes responden:
    enfrentarse a la dictadura. Razón no les falta, pero casi nadie se
    atreve. El sistema es dueño de las armas, los tribunales, los medios de
    comunicación, todos los recursos. Y antes que arriesgarse a ir a la
    cárcel o ser reprimidos, prefieren arriesgarse a morir en las selvas o
    en el mar rumbo al sur del norte. Hay quienes preguntan a los
    opositores: ¿Por qué no puedo escapar yo como tantos otros han hecho?
    Cientos de preguntas y respuestas se incendian en el cielo de la isla.

    Plano secuencia

    Hasta que Obama decidió lo contrario, a todo cubano que pidiera Asilo
    Político en EEUU automáticamente se le entregaba un “parole” con el que
    obtener Permiso de Trabajo y ayudas para encaminar su vida en un país
    democrático, que le abría sus brazos, bien diferente al que
    supuestamente dejaban atrás. Pero no siempre sucedía así.

    Gracias a la Ley de Ajuste Cubano, al año y un día de vivir en EEUU,
    podían solicitar su Residencia Permanente. Como un producto más de la
    degradante sociedad fabricada por el castrismo, algunos hijos y nietos
    de la doble moral revolucionaria se aprovecharon de la anulada política
    migratoria y apenas conseguían su Residencia, regresaban corriendo a la
    isla donde aún existen las mismas condiciones por las que en territorio
    estadounidense, con sus pies secos, pidieron Asilo Político. La mayoría
    iba a visitar a sus familiares. Pero lastimosamente esta contradicción
    se volvió una práctica normal entre un buen número de cubanos, sobre
    todo de las nuevas generaciones, prostituyendo el concepto de exiliado.
    Por supuesto que nos dañó como comunidad. ¿Pero fue ésta la razón por la
    que Obama derogó “pies secos/pies mojados”?

    En las redes sociales, donde el sinsentido goza de gran espacio, se
    tergiversa a Obama, cuya declaración fue bien clara: “Hoy Estados Unidos
    está dando pasos importantes para normalizar las relaciones con Cuba y
    para lograr una mayor consistencia en nuestra política de inmigración.
    El Departamento de Seguridad Nacional está poniendo fin a la llamada
    política de ‘pies secos/pies mojados’, que se puso en práctica hace más
    de veinte años y fue diseñada para una época diferente”.

    Según Obama: Cuba ha cambiado. Esa fue su justificación. Pero bien
    sabemos que es mentira. Cuba sigue siendo la misma dictadura de siempre.
    Demoler “pies secos/pies mojados” fue la acción final de su política de
    desbocado acercamiento al castrismo. Tal como lo fue la eliminación del
    programa especial Cuban Medical Professional Parole (CMPP) para los
    médicos y otros trabajadores de la salud que desertaban en terceros
    países, que son justamente los profesionales que más le importa retener
    y manejar al régimen. George W. Bush, al implementar este programa en
    2006, evitó que todos los médicos estuvieran condenados a ser piezas de
    un vulgar y esclavizador cambalache de Estado. Pero Obama, junto con
    “pies secos/pies mojados”, destruyó ese canal para la deserción hacia la
    libertad.

    Cuando Obama dio su discurso en La Habana, se ganó la simpatía de muchos
    cubanos que se sintieron aludidos. Ahora la mayoría lo odia. Pasó de ser
    el más popular de los políticos para convertirse en el más impopular.
    Suele ocurrir cuando el engaño es el sentimiento de turno en cualquier
    sociedad. Incluso en una tan acostumbrada a estos percances como la cubana.

    Políticos republicanos habían planteado desde hace tiempo modificar
    “pies secos/pies mojados”, no eliminarla, como tantas veces sí había
    reclamado Castro, quien por supuesto sigue abogando, al igual que Obama,
    por terminar de una vez con la Ley de Ajuste Cubano.

    En su despedida, como un final pataleo, le concedió al régimen de La
    Habana un último pedido mientras que a los cubanos, intentando dejarlos
    con los pies en el aire, le regaló su última decepción. Para unos, el
    daño está hecho. Para otros, ya se abrirán otros caminos para la fuga o
    la implosión.

    Escena final

    El sol hace brillar la breakaway sobre la maleta. Pareciera que la
    acaricia, pero si miramos bien desde otro ángulo vemos que sólo la
    acomoda. Sabe que es una bola hueca, de diversión, y que cuando la
    golpee se romperá en mil pedazos. La observa con su presidencial
    sarcasmo. La bola tiene una escrita una palabra: cubanos. La golpea con
    fuerza. En La Habana Raúl Castro recibe uno de los minúsculos fragmentos
    que coloca en una urna de cristal como un trofeo más, al menos por
    ahora. Obama mira su Jorg Gray 6500. Son las 9 de la mañana del jueves
    12 de enero de 2017. Guarda su palo en la maleta y clava su mirada, con
    una extraña mueca, en los impecables ventanales de la Casa Blanca.

    Source: Una bola de golf sobre la maleta de Obama | Cuba, Barack Obama –
    www.diariolasamericas.com/america-latina/una-bola-golf-la-maleta-obama-n4113766

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