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    La emigración como arma política

    La emigración como arma política
    Lo que más me asombra es que muchos cubanos se alegren de que mucha
    gente no pueda llegar, sobre todo los que se han beneficiado de esa
    misma medida
    Roberto Madrigal, Cincinati | 17/01/2017 2:19 am

    El pasado 12 de enero, el presidente saliente Barack Obama derogó la
    enmienda presidencial conocida como “pies secos/pies mojados”, que fue
    una revisión a la Ley de Ajuste Cubano de 1966. Esta medida expresaba
    que todo cubano que llegara a las costas de Estados Unidos (“pies
    secos”) tendría derecho a la residencia americana al cabo de un año de
    estancia en este país, sin mucha indagación. Aquellos interceptados en
    alta mar, serían devueltos de inmediato a la Isla.
    La ley vino poco después del explosivo movimiento migratorio conocido
    como el “Maleconazo”, ocurrido en 1994 y que, entre otras cosas, llevó a
    miles de cubanos a residir temporalmente en la Base Naval de Guantánamo.
    La idea de esta enmienda, que es un decreto presidencial promulgado por
    el entonces presidente Bill Clinton, era limitar la entrada de cubanos a
    Estados Unidos, ya que como la mayoría venían por mar, al devolver a los
    interceptados, se reduciría el número de inmigrantes y asustaría a otros
    balseros potenciales.
    Como siempre sucede, la cosa salió al revés. Los cubanos buscaron la
    forma de darle la vuelta a la enmienda y al cabo de un tiempo entraban
    por todas partes, desde las fronteras mejicana y canadiense, hasta
    llegando en vuelos desde Europa y Latinoamérica, y más recientemente
    mediante esos largos peregrinajes que empiezan por países que aceptan a
    los cubanos sin exigirles visado. Esto fue posible gracias a la maniobra
    de Raúl Castro en 2013, de eliminar el permiso de salida.
    Como esta enmienda fue un decreto presidencial, el presidente Obama pudo
    eliminarla de un golpe y sin necesidad de consultar al congreso. La Ley
    de Ajuste Cubano, por ser una ley emitida por el Congreso, requiere un
    proceso más lento y arduo. O sea que, básicamente volvemos al status de
    1994. Los cubanos mantienen cierto grado de excepcionalidad, solamente
    que ahora, hay que probar la necesidad de asilo político. Aunque todo
    está en cuán estricto se va a implementar la política. Todavía los
    cubanos mantienen privilegios inimaginables al resto de los
    latinoamericanos.
    Esta derogación venía cocinándose hacía rato. No por gusto Raúl Castro
    eliminó el permiso de salida. Con ello, no solo le pasaba la papa
    caliente de los emigrantes a los otros países, sino que preparaba el
    terreno para exigir ciertas concesiones al gobierno americano como parte
    de la normalización de relaciones.
    Sin embargo, es curioso que muchos cubanos que residen en Estados
    Unidos, están contentos con esta medida (la mayoría aun no la ha
    entendido bien), pues lamentan que desde entonces, están llegando muchos
    cubanos que temen declararse exiliados políticos, que inmediatamente que
    obtienen residencia regresan de visita a la isla a llevar dinero y a
    crear negocios que a la larga favorecen más a los gobernantes que al
    pueblo y que se han infiltrado miles de espías y agentes castristas que
    ahora se pasean por Miami creando negocios fraudulentos bajo
    instrucciones del gobierno de Castro. Si uno oye muchas de las
    opiniones, tal parece que todo el que llega es un agente disfrazado.
    Los cubanos parecemos ser el único grupo nacional que se opone al
    bienestar de su propia gente. En realidad, sin negar que todo lo dicho
    arriba tiene mucho de verdad, qué porcentaje de los que llegan son en
    realidad delincuentes o espías y que porcentaje son gente trabajadora
    que viene a hacer lo mejor que pueden para mejorar sus vidas. No se
    sabe, porque la prensa manipula todo esto para sus ratings. Inventan
    historias de todo tipo (o más bien se centran en ellas), desde bombas
    lacrimógenas por el sufrimiento de los que pasan trabajo para llegar,
    como “trabajos investigativos” sobre los delincuentes que vienen a
    estafar a las instituciones americanas y a los contribuyentes. Casi
    todos basados en medias verdades, ofreciendo muy pocos datos
    comprobables y explotando la sensibilidad del lector o de la teleaudiencia.
    Espías, delincuentes, gente trabajadora, perseguidos políticos y muchos
    otros tipos y estereotipos han llegado a estas costas durante estos 58
    años. Nada ha detenido ese proceso. Todos los gobernantes americanos
    (algunos a su pesar), han sido extremadamente generosos con los cubanos
    en cuanto a privilegios migratorios. Solamente en los ocho años de
    Obama, 250.000 cubanos han obtenido residencia americana. Nada ha
    evitado que Castro (ambos), utilice la emigración como un arma de
    negociación, la más efectiva con la cual cuenta el Gobierno cubano, que
    cada cierto tiempo inunda de inmigrantes ilegales a Estados Unidos
    (léase Camarioca, Mariel, Maleconazo y los últimos grupos llegados a
    través de Centroamérica). Esta medida de Obama no es más que parte de un
    paquete de concesiones en un proceso diplomático (estar a favor o en
    contra de ese proceso ya es tema de otra discusión). Falta ver que Cuba
    cumpla con recibir a todos los que los americanos quieran devolver y a
    qué velocidad se desarrolla el proceso.
    Más dura me parece la derogación del parole a los médicos que andan en
    misiones fuera de Cuba y quieren reasentarse. Esta es una medida tomada
    por Bush en 2006. Los médicos han sido la mayor mano de obra barata de
    la que el Gobierno cubano se ha beneficiado y por muchos años no se les
    permitió salir del país. Ahora quedan de nuevo en el desamparo. Sin
    embargo, nadie habla de ello. Eso es en apaciguamiento al lamento
    perenne de que Estados Unidos le roban los cerebros.
    Ahora vendrán las historias sensibleras sobre los que han quedado en el
    camino, muy triste de verdad, pero parte del daño colateral y a la hora
    de irnos de la manera que nos vamos los cubanos, tenemos que contar con
    la posibilidad de que ello ocurra. Pero ya se buscará solución a este
    lado trágico de los acontecimientos.
    Lo que más me asombra es que muchos cubanos se alegren de que mucha
    gente no pueda llegar, sobre todo los que se han beneficiado de esa
    misma medida. Es cierto que hay muchos delincuentes y agentes viniendo,
    pero, ¿acaso son mayoría? Quizá solo sean los más visibles. Por otra
    parte, ¿cómo alegrarse de la desgracia de los que vienen de verdad a
    buscarse la vida y los que son legítimos perseguidos políticos?
    Cuando Dios anunció la próxima destrucción de Sodoma, Abraham le
    cuestionó si destruiría toda la ciudad, aunque hubiera al menos
    cincuenta justos entre ellos. Dios le dijo que no y Abraham siguió
    negociando: “He aquí, ahora me he atrevido a hablar al Señor, yo que soy
    polvo y ceniza…No se enoje ahora el Señor, y hablaré solo esta vez; tal
    vez se hallen allí solo diez justos. Y el Señor le respondió no la
    destruiré por consideración a los diez” (Génesis 18: 16-33). Parece que
    los cubanos que están ya aquí no encuentran ni un justo entre los que
    llegan.
    Tampoco vale el argumento de que ahora tendrán que rebelarse al no poder
    venir. El problema de Cuba no es solo la emigración, es la compleja
    realidad que vive la oposición, mayormente desconocida, sin poder de
    convocatoria, no confiable para mucha gente (más allá de lo genuino que
    pueda ser la oposición), sin legitimidad determinante, sin apoyo
    militar, sin una organización nacional y sin medios de combate (me
    refiero a medios de prensa de amplia divulgación y elementos similares).
    Los cubanos seguirán viniendo. Incluso si ahora tienen que pasar algunos
    meses en una cárcel de inmigración antes de ser liberados. Estoy seguro
    que muchos prefieren pasar seis meses en detención aquí en los Estados
    Unidos que una semana en Varadero. Emigrar es la única salida inmediata
    a los problemas políticos y económicos que padecen los cubanos de a pie.
    Este trabajo también aparece en el blog Diletante sin causa.

    Source: La emigración como arma política – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-emigracion-como-arma-politica-328383

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