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    El ciudadano en la hora 25

    El ciudadano en la hora 25
    [16-12-2016 21:33:50]
    Pedro Corzo
    Escritor, Periodista y Editor

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Constantin Virgil Gheorghiu, de un modo
    desgarrador y angustiante expone en sus libros, en particular en la Hora
    25, que la no defensa de los derechos y acatar que los poderosos
    irrespeten la soberanía personal, conduce al individuo a una condición
    de absoluta dependencia y sumisión.
    La indefensión del ciudadano ante el estado en muchas ocasiones es
    consecuencia de su falta de responsabilidad. Cuando un individuo muta a
    masa por una natural disposición a acatar ciegamente la ley del menor
    esfuerzo y bajo la influencia de un caudillo, facilita la corrosión de
    los cimientos morales de la sociedad, lo que culmina con la destrucción
    de la dignidad humana.

    En lo que respecta la defensa de la libertad y la dignidad no debe haber
    espacio para las concesiones. Cuando un autócrata dispone sus recursos
    para anular injustamente a un individuo, la solidaridad debería ser una
    acción obligatoria. No es buen ciudadano el que calla ante la
    arbitrariedad y la injusticia, amén de que es una indiferencia que se
    paga caro porque el déspota, mientras más poderoso, requiere mayor
    control, del que no escapan ni sus servidores más fieles.

    El ciudadano tiene compromisos ineludibles en la comunidad que vive. Sin
    embargo, la sociedad moderna, en buena medida dirigida por tecnócratas,
    ha filtrado en casi todo conceptos utilitaristas donde lo importante son
    los resultados y no las vilezas en que se puede incurrir para obtenerlos.

    La moral, los valores que han caracterizado la sociedad occidental y que
    se resumen con el calificativo ética cristiana, se han convertido en un
    lastre porque muchas de las personas que se han conducido dentro de esos
    cánones, tienden a justificar a quienes los han violado.

    No se pueden explicar los actos de los victimarios. Ni que la sociedad
    sea laxa ante conductas que la lesionan. La responsabilidad no se debe
    diluir en una complicidad generalizada que conduce a que la víctima sea
    considerada provocadora de su victimario, que las acciones de éstos son
    motivadas por una educación insuficiente, hogares en conflicto o que un
    volcán en erupción en las antípodas le indujo a cometer delito.

    Siempre hay tiempo y espacio para errores y equivocaciones, también para
    rectificar, cuando las acciones han causado perjuicios la
    responsabilidad ante los mismos deben ser ineludibles, la deuda
    contraída debe ser saldada, no obstante, en la actualidad es más fácil
    ir a la bancarrota moral que asumir una y todas las responsabilidades
    con los acreedores.

    La sociedad amenazada por el despotismo tiende a escindirse. Se gestan
    dos sectores minoritarios que pugnan entre si, en el marco de una
    mayoría inapetente que a la postre es engullida por el caciquismo. Los
    más contemplan con una mezcla de miedo, indiferencia y satisfacción cómo
    ambas facciones, básicamente integrada por jóvenes, se enfrentan y como
    la muerte, cárcel, o el destierro o la no menos angustiante conversión
    a No Persona, aniquila a una de las vertientes.

    Los perdedores terminan en prisión o dejan el país. Otros encuentran la
    muerte y de los que sobreviven, pocos soportan con estoicismo los
    tormentos de una sociedad que les ofrece privilegios a cambio de una
    sumisión cómplice.

    De la mayoría sin compromiso un sector parte al extranjero, y a expensas
    de no participar en el drama de su nación y a costa de muchos
    sacrificios y esfuerzos personales reconstruyen sus vidas, llegando a
    ser respetables y productivos ciudadanos de su comunidad, condición que
    no impide que algunos retomen su raíz y restablezcan los interrumpidos
    vínculos con la tierra nativa que sigue ocupada por el caudillo que lo
    llevó al ostracismo.

    Por supuesto que de ese grupo mayoritario los más restan en la patria en
    disputa. Muchos han envejecido con penas y ninguna gloria; integrando
    anónimamente y debido a lo compulsivo del sistema, la maquinaria
    destructora del autoritarismo.

    Un sector minoritario de la mayoría que se sumó a los triunfadores y a
    pesar de no poseer las convicciones del núcleo original fueron capaces
    de desplegar energías suficiente para trepar por la estructura del
    poder, al extremo que creyentes y conversos, ya confundidos por la
    comunidad de crímenes de sangre y de conciencia cometidos, son capaces
    de depredar su entorno en aras de una supuesta sociedad más justa, o en
    beneficio de sus miedos o intereses más bastardos, y que conste, la
    diferencia de motivos no debería eximir de la responsabilidad por las
    acciones.

    Source: El ciudadano en la hora 25 – Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/58544fae3a682e0df8ad7299#.WFWFo_krL6Q

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