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    Caer en trance por morir Castro

    Caer en trance por morir Castro
    La muerte de Fidel Castro provocó la caída en trance de cara no solo al
    futuro, sino también al pasado
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 05/12/2016 12:43 pm

    Nada tiene de relevante que una cubana de a pie llore y grite que
    prefería morir ella en vez de Fidel, si peores estados de trance salen a
    la luz. Oscar Elías Bi(s)cet, por ejemplo, soltó: “Dios está de nuestro
    lado. Ya salimos de uno, y al otro, a Raúl, le vamos arrebatar el poder
    muy pronto”.
    Ese pronto vence en febrero de 2018. Raúl dejará entonces, por voluntad
    expresa, la jefatura de Estado y Gobierno. Aparte de que nadie salió de
    Fidel, quien murió de viejo, ni Bi(s)cet ni nadie arrebatarán el poder a
    Raúl. Eso puede pronosticarse con tanta seguridad como que Dios no está
    metido en esto.
    Más ilustrativa todavía es la caída en trance de Juan Antonio Blanco al
    ejercer su oficio de analista para darnos tres observaciones sobre el
    futuro de Cuba.
    1. “El cambio del régimen de gobernabilidad cubano es inevitable”
    La política es inmediatez. Nada tiene de análisis político eso de que
    algún día será. Blanco recicla el historicismo marxista-leninista con el
    avance inexorable hacia la economía de mercado y la alternativa
    “obligada” entre sistema político autoritario o sociedad abierta, pero
    no hay sujeto en su historia futurista. No sugiere qué fuerzas políticas
    están disponibles para el cambio ni cuál sería la estrategia.
    Como si hubiera hablado al respecto con el Castro sobreviviente o alguno
    de sus mandarines allegados, Blanco alega que Raúl prefiere la primera
    opción, pero no ha tenido coraje para emprenderla. La clave del cambio
    forzado sería que el país sigue empobreciéndose y no se incorpora a la
    sociedad informática, como si esto fuera suficiente para desmontar el
    Estado totalitario que desovó la revolución del Castro recién fallecido.
    La réplica es simple: “OK, el cambio de gobernabilidad va a suceder, but
    not in your life time”. Y no cabe ir más allá, porque hace rato que
    ningún muerto da luz de aurora.
    2. “Los mecanismos sociales e ideológicos de cooptación del régimen
    están en crisis”
    Según Blanco, el régimen “solo dispone ahora del recurso de la represión
    si sus líderes intentan preservarlo”. Solo que también dispone de un
    partido único y del triple monopolio sobre los medios fundamentales de
    producción, las armas y los medios de comunicación masiva, amén de una
    ideología oficial, que Fidel Castro genera ya post mortem y los
    dictadorzuelos por venir usarán para protegerse tal y como Batista se
    protegía con la luz de Yara.
    La represión está desparramada por toda la pirámide social y su
    penetración capilar continuará disuadiendo a los descontentos, tal y
    como viene haciéndolo desde hace décadas. Paralelamente, el régimen
    seguirá ofreciendo a sus líderes —y a muchas otras personas en torno a
    ellos— ciertos beneficios que tornan la vida soportable.
    Blanco suelta que “con las bayonetas puede hacerse muchas cosas, menos
    sentarse sobre ellas”, pero todos sabemos que basta con enfilarlas
    contra los revoltosos. Y la clave no radica ya en quiénes pondrían los
    muertos, sino más bien con quiénes la gente se animaría a ponerlos.
    Ninguna de las víctimas de la represión denominadas “líderes opositores”
    tiene poder de convocatoria popular para ningún cambio.
    3. “La respuesta a la socorrida pregunta acerca de cuál de los actuales
    líderes sustituirá dentro de poco a los Castro tiene un valor relativo”
    Blanco da como socorrida una pregunta superflua, que se respondió ya en
    2013: Miguel Díaz-Canel, quien asumiría ahora mismo la jefatura de
    Estado y Gobierno si Raúl tuviera la ocurrencia de morirse o quedarse bobo.
    Fidel y su grupo político tuvieron más de medio siglo para castrizar de
    arriba abajo la sociedad cubana y crear las estructuras que no solo
    paralizan mente y acción, sino que previenen hasta que alguien se maree
    con ser otro Fidel, pero Blanco dice que nada está amarrado y apuesta
    “al ciudadano desconocido que de pronto irrumpe inopinadamente en la
    Historia y altera su curso predecible”.
    Este Mesías cubiche se augura sin indicio político ni contexto histórico
    favorable tras la irrupción de un sargento llamado Batista y de “esa
    fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz”.* Blanco ni siquiera da
    garantía metafísica. Dice estar en talla para aspirar al fin “próximo y
    genuino” del castrismo porque “los Chicago Cubs ganaron después de más
    de un siglo la Serie Mundial de Béisbol, el Reino Unido decidió salir de
    la Unión Europea, un multimillonario populista venció a las dinastías
    políticas de los dos partidos principales de EEUU y Fidel Castro ha
    muerto”. Eso es cosa de Walter Mercado.
    Posesos de Jano
    La muerte de Fidel Castro provocó la caída en trance de cara no solo al
    futuro, sino también al pasado. Hasta se consultaron especialistas para
    precisar por qué Castro mandó a incinerarse, si “le encantaban los
    embalsamamientos”, y su tumba en Santa Ifigenia se consideró “maniobra
    propagandística” para equiparse con Martí.
    Aparte de que el culillo personal de Fidel por la cremación puede
    rastrearse desde principios de 2008, tanto en su reflexión sobre la
    muerte de la madre de Carlos Lage como en su carta a Ricardo Alarcón con
    felicitación post mortem a la esposa, Margarita Perea, por la decisión
    de cremarse, la tumba estaba cantada desde 1953:
    – En el juicio de Moncada, Castro prometió ya “el monumento que, junto a
    la tumba de Martí, la patria libre habrá de levantarles a los mártires
    del centenario”
    – En su Manifiesto a la Nación, escrito en la cárcel, Castro insistió en
    “juntarlos todos en una gran tumba junto al Apóstol como mártires que
    son del centenario”.
    A pesar de haberse levantado ese panteón de los mártires del 26 de julio
    de 1953 e incluso un pilar adjunto con el pasaje ad hoc de Castro en su
    precitado Manifiesto a la Nación, cierta prensa se regodeó con “la
    cripta secreta” de Castro y el “apropiarse de Martí hasta después de
    muerto”.
    Coda
    También cayeron en trance quienes cifraron otra vez el destino de Cuba
    en otro presidente americano. Trump habrá visto a miles de cubanos armar
    pachanga en Miami por la muerte de Castro, pero se preguntará por qué
    muchos, pero muchos más, no dejan de viajar a Cuba ni son allá
    embajadores de la democracia.
    * Así calificó a Fidel Castro el Che Guevara, quien tiene —según explicó
    el propio Blanco aquí— sobrada vigencia en la revolución cubana.

    Source: Caer en trance por morir Castro – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/caer-en-trance-por-morir-castro-327941

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