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    Fidel Castro (1926-2016)

    Fidel Castro (1926-2016)
    Fidel Castro fue un revolucionario firme en sus principios. Para algunos
    un héroe y para otros un tirano
    Rui Ferreira, Miami | 26/11/2016 1:26 pm

    El hombre que fue el centro de la política cubana en los últimos 56
    años, sobrevivió a 13 presidentes estadounidenses y enterró a cuatro
    papas, murió este 25 de noviembre, a las 10:29 de la noche.
    El exgobernante Fidel Castro nació el 13 de agosto de 1926 a las 2 de la
    mañana, en la finca Manacas, poblado de Birán, en el municipio de
    Mayarí, al norte del oriente de Cuba, a unos 100 kilómetros de la Sierra
    Maestra, de donde lanzaría 30 años después la epopeya que quedó conocida
    como la Revolución Cubana.
    Fidel Alejandro Castro Ruz, según la generalidad de sus biógrafos y
    quienes lo conocieron de cerca, fue un hombre influyente y controversial
    del siglo XX, que marcó esa etapa de la historia mundial, al crear una
    sociedad comunista en el mundo occidental sin tolerar disensión alguna.
    En la Guerra Fría se alineó con la difunta Unión Soviética contra
    Estados Unidos y resistió a todo intento de Washington de derribarlo,
    entre ellos el asesinato y una invasión directa. Estuvo en el centro de
    la primera crisis que casi llevó el mundo al borde del holocausto
    nuclear y envió tropas a países tan lejanos como Angola y Etiopía.
    Sin embargo, tuvo una educación católica.
    Tras aprender a leer y escribir a los cinco años, en la finca azucarera
    de la familia, donde creció junto a cinco hermanos, sus padres —Ángel
    Castro y Argiz, un terrateniente gallego que llegó a Cuba a fines del
    siglo XIX enrollado en el ejército de ocupación español, y Lina Ruz,
    cocinera en el hogar de los Castro y oriunda de la occidental provincia
    de Pinar del Río— lo enviaron, primero al Colegio La Salle, de los
    Hermanos Maristas, y después al de Dolores, de los jesuitas, ambos en
    Santiago de Cuba, y posteriormente al prestigioso habanero Colegio de
    Belén, también de los jesuitas, cuya disciplina marcó fuertemente su
    vida posterior.
    Estando en Dolores, Castro tuvo allí, posiblemente, su primera decepción
    hacia Estados Unidos. Le escribió una carta al entonces presidente
    estadounidense Franklin Delano Roosevelt, invitándolo a visitar las
    minas de hierro del Oriente del país y de pasó le pidió un billete
    estadounidense de $10 y autografiado. A vuelta de correo recibió una
    respuesta de cortesía del Departamento de Estado, pero no había ningún
    billete. “Fidel quedó muy molesto, decía que los americanos eran muy
    tacaños”, recordó su colega de escuela, el ya fallecido profesor Luis
    Aguilar León.
    Según el padre Armando Llorente, su confidente y educador, en su paso
    por Belén, Castro se distinguió por ser “motivado, orgulloso y diferente
    de los demás”, con “el deseo de distinguirse primeramente en los
    deportes”, ya que “le gusta ganar sin que le importe el esfuerzo; tiene
    muy poco interés en fiestas o en socializar y parece alienado de la
    sociedad cubana”. Cuando se graduó, en el libro de curso, alguien
    escribió: “Tiene madera de líder”.
    Pero fue también, en el mismo colegio habanero, donde el joven Castro
    tuvo su primer encuentro con las ideas autoritarias. En varias
    entrevistas en los últimos años, admitió que allí le impactó el fascismo
    de la Falange española. En esa época, también concurría a actividades de
    Hispanidad, un movimiento critico de los valores materiales anglosajones
    y promotor de los valores espirituales hispanos.
    La universidad
    Castro inició su vida política en la Universidad de La Habana, a cuya
    Facultad de Derecho ingresó en 1945. La universidad era en ese entonces
    un Estado dentro de otro Estado, gozando de una autonomía que la
    protegía, no solo del ingreso de la policía sino de la influencia del
    Gobierno, con lo cual era un excelente recinto para discutir todo tipo
    de ideas políticas. Fue allí donde Castro se lanzó sin éxito a la
    presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, y donde —según
    sus detractores—, en un incidente nunca totalmente aclarado, dio muerte
    a Manolo Castro, un rival político dentro de la organización, sin
    parentesco alguno con él. También allí pasó a formar parte de la Unión
    Insurreccional Revolucionaria, un grupo de jóvenes con ambiciones más
    gansteriles que revolucionarias, y pronunció, en noviembre de 1946, su
    primer discurso de “líder político”, según la versión oficial cubana, en
    una manifestación de protesta por el aumento de las tarifas de los
    autobuses.
    Los dos años siguientes serían fructíferamente revolucionarios para el
    ahora difunto líder cubano. En septiembre 1947 se unió a una expedición
    organizada por opositores dominicanos con vista al derribo del dictador
    Rafael Leonidas Trujillo, que quedó conocida como la conspiración de
    Cayo Confites. Descubiertos por las fuerzas gubernamentales, aún en
    territorio cubano, Castro se lanzó al agua y cruzó a nado la bahía de
    Nipe, infestada de tiburones. Dos meses después se afilia al Partido del
    Pueblo Cubano (Ortodoxo), por el cual se postularía al congreso en 1952,
    pero las elecciones no se realizaron después que el dictador Fulgencio
    Batista, dio un golpe de Estado.
    En marzo de 1948, Castro participa en “El Bogotazo”, una rebelión
    popular que estalló en las calles de Bogotá, Colombia, tras el asesinato
    del líder populista Jorge Eliécer Gaitán. Aunque estaba previsto un
    encuentro entre los dos, este nunca se realizó porque el colombiano
    murió media hora antes. Años más tarde, Castro recordaría que “en un
    impulso juvenil” se unió a la revuelta, llegó incluso a armarse con un
    fusil sacado de una estación de policía. El episodio terminó con un
    pedido de protección a la embajada cubana, después que la policía lo
    identificó a él y otros dos estudiantes cubanos, como “agitadores”. El
    viaje a Colombia se produjo para participar en una reunión estudiantil,
    organizada para protestar por la Novena Conferencia Interamericana, la
    cual había sido boicoteada por el mandatario argentino, Juan Domingo
    Perón, por quien Castro nunca ocultó su admiración.
    De regreso a la Isla, Castro reanudó sus estudios universitarios,
    profundizó su militancia en el Partido Ortodoxo y se aproximó de su
    líder, Eduardo Chibás. El suicidio de este último, en agosto de 1951,
    tendría un impacto monumental en el joven Fidel Castro, quien comenzó a
    radicalizar sus posiciones políticas, terminando por apartarse de la
    organización.
    El 11 de octubre de 1948, Fidel Castro se casa con Mirta Díaz-Balart,
    una estudiante de filosofía de la universidad y miembro de una de las
    familias políticamente más influyentes del país, a punto de aportar dos
    miembros a la Cámara de Representantes de la Cuba Republicana, y
    posteriormente otros dos al Congreso de Estados Unidos. El matrimonio
    tiene un hijo, “Fidelito”.
    Mirta era hermana de Rafael Díaz-Balart, congresista, senador y
    partidario del dictador Fulgencio Batista, quien inicialmente fue amigo
    de Castro, pero posteriormente se transformó en uno de los más férreos
    detractores.
    Castro se gradúa como abogado en 1950, abre un pequeño bufete en la
    capital, pero la política copa ya todas sus energías. El golpe de
    Batista en marzo de 1950 termina por convencerlo de que la vía armada y
    revolucionaria es la solución de los destinos del país.
    Así es como el 26 de julio de 1953, comanda el asalto a los cuarteles de
    Moncada, en Santiago y al de Bayamo, por un grupo de jóvenes, nucleados
    a su alrededor, a quienes dio por llamar “la Generación del Centenario”,
    en recuerdo del aniversario de la muerte del apóstol José Martí.
    El ataque fracasa, las bajas son fuertes de ambos bandos, y Castro
    emprende una huida que lo llevaría a las estribaciones de la Sierra
    Maestra donde es capturado por fuerzas del ejército. Gracias a la
    intervención del arzobispo de Santiago de Cuba, Castro no es
    sumariamente ejecutado, como sucedió a algunos de sus seguidores, sino
    sometido a juicio y condenado a 15 años de cárcel. En el juicio asumió
    su propia defensa y pronunció un alegato, que posteriormente quedaría
    conocido como La Historia me Absolverá, donde hizo una presentación de
    sus ideas políticas y planes económicos para el país.
    Enviado a la prisión de Isla de Pinos —actual Isla de la Juventud—,
    permaneció allí hasta que fue amnistiado en mayo de 1955. Un mes después
    anuncia la fundación del Movimiento 26 de Julio, crea su dirección
    nacional y parte hacia México, con la intención marcada de formar una
    fuerza expedicionaria para derribar a Batista. Estando en prisión, se
    divorcia de Mirta.
    Durante su estancia mexicana, Castro dedica su tiempo al entrenamiento
    militar y el de sus hombres, viaja a EEUU para recaudar dinero para la
    expedición y asegurar, principalmente en Miami, una retaguardia de apoyo
    con abastecimiento de armas a su lucha de guerrillas.
    La sierra
    Al amanecer del 2 de diciembre de 1956, Castro, su hermano Raúl —que le
    sucedió en la presidencia de Cuba— y 80 seguidores, desembarcan en la
    playa Las Coloradas, al sur del país, cerca de la Sierra Maestra, a
    bordo del yate Granma. Al desembarco, le sucede un fuerte encontronazo
    con el ejército que lo esperaba en aquella zona desde hacía días, y
    apenas 12 hombres sobreviven.
    El periodo de la Sierra Maestra se caracterizó, según sus biógrafos, por
    una mezcla de lucha armada contra el ejército gubernamental a la par de
    intensas negociaciones políticas con las diversas facciones
    revolucionarias, algunas de ellas con serios recelos hacia el líder
    cubano. Fueron negociaciones donde salieron a relucir las diferencias
    entre “el llano” y “la sierra”, una referencia a las diferencias
    tácticas en los métodos de lucha guerrilleros y urbanos, donde tenían
    gran participación las fuerzas del Directorio Revolucionario, de José
    Antonio Echevarría, con quién Castro firmó un acuerdo político, estando
    aún en México. La idea del líder guerrillero era de que “el llano”
    debería subordinarse a la “sierra”, un anticipo de lo que sería después
    la sociedad cubana, gobernada bajo su inspiración.
    El 13 de marzo de 1957, el Directorio Revolucionario lanza un ataque al
    palacio presidencial de Batista, donde en una acción conjunta, luego de
    tomar la emisora Radio Reloj, muere Echevarría. Castro condena el
    ataque, aunque tras el triunfo revolucionario se transformaría en una de
    las principales fechas del régimen. En abril de 1958, antes que lanzara
    hacia la capital sendas columnas guerrilleras, hace un llamado a la
    huelga nacional, que fracasa por las rivalidades entre las fuerzas
    políticas.
    Estando en la Sierra Maestra, Castro da los primeros indicios de su
    antinorteamericanismo. En junio de 1958, en una carta escrita a su
    estrecha colaboradora Celia Sánchez Manduley, tras presenciar el
    bombardeo por la aviación de Batista de una casa campesina, con bombas
    proporcionadas por EEUU, el líder guerrillero escribió: “Cuando esta
    guerra termine, comenzará una mucho más grande, una guerra contra ellos
    [los norteamericanos]. Acabo de llegar a la conclusión, que ese es mi
    destino”.
    Por esa época, EEUU ya estaba prestándole atención a las consecuencias
    de una eventual toma del poder por Castro. Como se reveló más tarde, por
    parte del comité investigador del desembarco de Bahía de Cochinos en
    1961, la embajada estadounidense en La Habana ya había contactado a
    políticos opositores a Castro y estaba tratando de convencer a Batista
    para que entregara el poder a una Junta Militar.
    Castro se entera del asunto, por informes propios y contactos con
    oficiales del ejército que combatía, y comienza a acelerar los planes
    para tomar el poder. La guerra se agudiza, el Gobierno enfrenta el
    terror revolucionario en las ciudades provocando aún más terror,
    arrestando y torturando a jóvenes del Movimiento 26 de julio. Una
    política que tiene un efecto contraproducente y termina por darle más
    popularidad a Fidel Castro que concluye la guerra como el líder
    incuestionable de la oposición a Batista. Y del país.
    El poder
    En las primeras horas del 1 de enero de 1959, Batista y sus amigos más
    cercanos escapan a República Dominicana, una vez que EEUU rehusó darles
    asilo político, las primeras tropas rebeldes entran en la capital y el
    Movimiento 26 de julio asume el poder.
    Vienen meses de confusión política pero también de alegría popular. En
    medio de las discusiones por la división de su cuota de poder entre las
    organizaciones revolucionarias, la incipiente revolución cubana sufre la
    primera escisión dentro del Ejército Rebelde. Durante el verano,
    percibiendo lo que describió como la penetración comunista en el
    Gobierno, el comandante Huber Matos, jefe de la plaza militar de la
    central provincia de Camagüey, se declara en rebeldía y denuncia la
    complacencia castrista con los comunistas. Matos es arrestado y
    condenado a 20 años de cárcel que cumple en su totalidad.
    Al mismo tiempo, con el beneplácito de Castro, comienzan los juicios
    populares contra los principales personeros del régimen de Batista,
    acusados de torturar y perseguir a la población, y el país asiste a una
    legión de fusilamientos, que terminaron a principios del año siguiente,
    tras provocar indignación en Estados Unidos y Latinoamérica. El número
    exacto de muertos nunca ha sido determinado.
    “Esos juicios no debían sorprender a cubanos y americanos. En febrero de
    1958 las revistas Look y Bohemia publicaron un reportaje fotográfico
    titulado ‘Justicia en la Sierra’, donde se veía a un Castro relajado,
    sentado en el piso, interrogando a prisioneros acusados de violaciones y
    asesinatos ante un tribunal revolucionario, y Raúl Castro al frente de
    un pelotón de fusilamiento”, escribió en su biografía sobre el líder
    cubano, el escritor estadounidense Tad Szulc.
    En los primeros meses de la revolución, Castro asume el cargo de primer
    ministro y se mantiene al frente del Ejército Rebelde, mientras la
    presidencia del país era asegurada por el abogado Manuel Urrutia,
    considerado como un moderado sin conexiones con el régimen de Batista, y
    que actuara como juez en la fase preparatoria del juicio en el proceso
    del Moncada.
    Son meses en los cuales el líder revolucionario dedica a largas horas a
    profusos discursos, divulgando sus ideas sobre la reorganización del
    país, la decencia en el Gobierno y contra la corrupción. Llega, incluso,
    a prometer elecciones libres, niega profusamente que sea comunista y en
    una reunión con periodistas estadounidenses en Nueva York, dice que su
    revolución es esencialmente “humanista”, dispuesta a conservar la
    propiedad privada.
    Pero, al mismo tiempo, inicia una reforma escalonada de la sociedad. En
    mayo de 1959 firma la Ley de Reforma Agraria y crea el Instituto de
    Reforma Agraria, que funcionó en la práctica como un gobierno paralelo,
    alternativo al dirigido por Urrutia, con quien termina teniendo un
    diferendo político que lo lleva a renunciar como primer ministro,
    forzando al presidente a seguirle los pasos. Castro vuelve como primer
    ministro el 26 de julio de ese año, tras la asunción como presidente del
    abogado Osvaldo Dorticós, quien nunca tuvo realmente muchos poderes
    ejecutivos, hasta que abandonó el cargo, abolido en 1975.
    También decreta la Ley de Reforma Urbana, que confisca inmuebles
    residenciales para alquilarlos a personas sin casa, baja los alquileres,
    crea las Milicias Nacionales Revolucionarias, donde encuadra
    militarmente gran parte de la población. Y lanza una campaña nacional de
    alfabetización, que devino emblema del régimen.
    Primeros años
    Los primeros años de la Revolución Cubana se caracterizan por un
    incremento en el diferendo con EEUU, tras la nacionalización de las
    propiedades estadounidenses en la Isla, y una aproximación de La Habana
    a Moscú que se inicia con la visita del entonces viceprimer ministro
    soviético, Anastas Mikoyan, a la capital cubana en febrero de 1960, de
    donde sale con el primer acuerdo comercial firmado entre los dos países,
    que marca el inicio de una gigantesca subvención que en 1991 dejó una
    deuda pública de casi $200.000 millones.
    El 5 de marzo de 1960 Castro acuña la frase que se transformó en la base
    de la liturgia política de su régimen: “Patria o Muerte”. Una expresión
    que quedó completada tres meses después con la palabra “Venceremos”.
    El diferendo con EEUU tiene sus momentos cumbres en dos ocasiones: el
    desembarco de Bahía de Cochinos (Playa Girón) y la Crisis de Octubre. La
    primera se produjo al amanecer del 17 de abril de 1961, cuando una
    fuerza expedicionaria exiliada desembarca al sur de la Ciénaga de
    Zapata. En menos de 48 horas, los 1.500 exiliados son diezmados, en
    parte por la falta de un apoyo militar estadounidense, desautorizado por
    el entonces presidente John F. Kennedy. El día 16, durante el entierro
    de las víctimas de un bombardeo previo al desembarco, Castro proclama el
    “carácter socialista” de su proceso político. La revolución adopta el
    socialismo.
    Por otro lado, en octubre de 1962, satélites estadounidenses descubren
    que se están construyendo en la Isla bases de lanzamiento de misiles
    nucleares soviéticos. Cuba aduce que son para su defensa. Especialistas
    soviéticos dijeron décadas más tarde que la idea era equilibrar la
    existencia de misiles similares estadounidenses en Turquía, pero la Isla
    es sometida a una cuarentena y el mundo estuvo, por primera vez, al
    borde del holocausto nuclear. La crisis duró 13 días. Al final, los
    soviéticos aceptaron retirarse, en un gesto que enfureció a Castro
    porque jamás fue consultado al respecto ya que las negociaciones se
    realizaron directamente entre Kennedy y el líder soviético, Nikita Krutchov.
    Tras el fracaso del desembarco, EEUU respalda una guerra de guerrillas
    en la Sierra del Escambray, un conflicto irregular, que duraría cuatro
    años e involucraría a centenares de campesinos, y que el historiador
    cubano exiliado Enrique Encinosa ha calificado como “la guerra olvidada”.
    Pero la Revolución sigue. Castro nacionaliza la enseñanza y la salud
    pública, expulsa de la Isla centenares de curas y miles de cubanos huyen
    del país, refugiándose en el sur de Florida.
    Partido Comunista
    Habiéndose declarado “marxista-leninista” en diciembre de 1961, en
    octubre de 1965 crea el Partido Comunista de Cuba y asume la presidencia
    de su Buró Político, dando origen así a una estructura política que
    hasta hoy rige los destinos del país.
    Con la realización de la Conferencia Tricontinental en enero de 1966,
    donde proclama que “el movimiento revolucionario puede contar con
    combatientes cubanos en cualquier rincón de la Tierra”, Castro lanza un
    poderoso movimiento “internacionalista” que extiende su influencia por
    toda Latinoamérica, algunos países de África y tiene su instante cumbre,
    con el envío a mediados de la década de 1970, de tropas hacia Angola y
    Etiopía, así como asesores en guerra irregular a Nicaragua, en apoyo al
    incipiente movimiento Sandinista.
    La Zafra de los 10 millones, un intento frustrado de conseguir la mayor
    cosecha azucarera de la historia, representó un fuerte revés para el
    líder cubano, quien empeñó en ella su prestigio y apoyo popular, al
    paralizar durante casi seis meses a todo el país que se lanzó a los
    campos. Este revés lo llevó a abandonar una planificación económica
    nacional, y abrirse a los planes de economía centralizada del mundo
    socialista. En 1972, viaja a la Unión Soviética por tercera vez, y
    regresa con una serie de acuerdos de colaboración para los siguientes 20
    años. A partir de ese momento, Cuba se llena de asesores soviéticos, que
    penetran todos los aspectos de la vida pública.
    Esa colaboración da origen a la creación de uno de los más poderosos
    ejércitos del mundo occidental, que tiene su prueba de fuego
    convencional, a partir de 1975, cuando Cuba participa en la guerra civil
    de Angola. Una presencia que es vista por los analistas de entonces,
    como parte de los planes de expansión soviética por el mundo pero que
    Castro define como una ayuda “desinteresada” y “obligatoria” para todo
    revolucionario. Después de todo, dice Fidel, Cuba tiene un “componente
    de sangre africana que debe ser fiel a sus raíces”. Así, Angola y
    posteriormente Etiopía, fueron escenarios de encarnizados combates, que
    se prolongaron por más de 15 años.
    La década de 1980 es considerada por la generalidad de los observadores,
    como una década “gris”. Al tiempo que refuerza los lazos con la Unión
    Soviética, recibe de ella abundantes subsidios, entre maquinaria y
    alimentos, y Fidel asume la presidencia del Movimiento de Países No
    Alineados. La población experimenta una pequeña mejoría de su calidad de
    vida, con pequeños experimentos de desarrollo de economía privada, como
    es el caso de la apertura de los mercados libres campesinos. El
    experimento dura poco. Preocupado con las consecuencias del surgimiento
    de nuevos ricos, Castro cerró esos mercados, dio al traste con cualquier
    idea de propiedad privada, y en un gesto político, frente a la
    perestroika soviética, desencadenada en 1985, inicia en 1986 un proceso
    “de rectificación de errores y tendencias negativas”, durante el cual
    centenares de cuadros y funcionarios gubernamentales son públicamente
    criticados y algunos despedidos.
    Es también en esa etapa que el movimiento disidente cubano da sus
    primeros pasos y choca con la intransigencia del régimen. El arresto de
    sus principales cabezas conocidas en las ciudades, es acompañado con la
    también detención de otros miembros, menos conocidos, en el interior del
    país. En términos generales, Castro enfrenta un movimiento disidente,
    que tiene sus orígenes en los cuadros del “viejo” Partido Socialista
    Popular, que él mismo había defenestrado en 1968, durante un proceso que
    quedó conocido como la “microfracción”. En esa época, el líder cubano
    los acusó de inclinaciones pro-soviéticas y de conspirar para acabar con
    su poder. Pero, en los años 80, en la medida que la glasnost y la
    perestroika se ampliaron en la Unión Soviética, Castro comienza,
    sutilmente, a distanciarse de Moscú y los disidentes van adquiriendo
    importancia en la vida del país.
    “Período Especial”
    La llegada al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985, marca el inicio de un
    paulatino distanciamiento de la Unión Soviética en la medida que en ese
    país avanzaban las reformas políticas y económicas. Desde el inicio,
    Castro las vio con desconfianza y comienza a censurar la información que
    de ellas tiene la población. Las primeras víctimas son las publicaciones
    soviéticas que se vendían en las esquinas. Su circulación es prohibida,
    después que una de ellas publica un crítico artículo sobre el
    exsecretario general del partido comunista soviético, Leonid Brézhnev,
    amigo personal de Castro. Le siguen restricciones a los contactos de los
    diplomáticos de Moscú con la población y todo llega a su punto más bajo
    cuando los soviéticos comienzan a retrasarse en el envío de su ayuda y
    colaboración.
    La visita de Gorbachov a La Habana en abril de 1989 se realiza en un
    clima de gran frialdad. Castro dirá después que esos cuatro días
    transcurrieron “de manera extraña y nada feliz”, y confirma sus peores
    temores: la Unión Soviética quiere desarrollar lazos con EEUU y Cuba es
    un escollo en el camino.
    Castro se prepara entonces para lo peor. Una economía cubana sin
    subsidios soviéticos. Sus temores se materializan con la defunción de su
    mayor aliado a fines de 1991, un hecho que califica de
    “desmerengamiento”, y la desaparición del mundo socialista de Europa
    Oriental. No le queda otra alternativa que decretar un “Periodo
    Especial”, durante el cual la economía toca fondo, se reanudan los
    experimentos anteriores de propiedad privada, se abre el país al turismo
    capitalista y se permite —fuertemente regulado— el ejercicio de un
    conjunto de trabajos por cuenta propia, principalmente en el área de
    servicios.
    Tras años de penurias, el país comienza a salir de la crisis, que las
    autoridades califican de “resistencia” y tras el triunfo del presidente
    Hugo Chávez, en Venezuela, a fines de los años 90, la Isla comienza a
    recibir una serie de financiamientos y ayudas petrolíferas que permiten
    mantener el país en movimiento. Venezuela se transforma en su mayor
    aliado político en el exterior, y Castro envía médicos, maestros,
    personal militar y de seguridad a Caracas.
    En la medida que Venezuela deviene su socio pleno, político y comercial,
    el régimen comienza a dar marcha atrás en algunas de sus reformas,
    tímidas, aperturistas, lanzadas al inicio del “Periodo Especial”.
    Especialistas calculan que, a la muerte de Castro, Caracas está
    proveyendo a La Habana por lo menos $1.000 millones anuales en petróleo
    y otras ayudas. También se reanudan los lazos con China, congelados a
    raíz de la Guerra Fría, por el conflicto sino-soviético en el cual el
    líder cubano se alineó con Moscú, y el país asiático deviene uno de los
    mayores exportadores de productos hacia Cuba. Esa cooperación se
    solidifica cuando al inicio de la primera década de este siglo, China
    sustituye a los rusos en la operación de la Base Electrónica de Lourdes,
    centro de espionaje electrónico orientado hacia EEUU.
    La enfermedad
    Castro se enfermó seriamente a mediados de 2006 y fue sometido a varias
    operaciones intestinales. Inicialmente, cedió el poder provisionalmente
    a su hermano, Raúl, cumpliendo lo previsto en la Constitución de 1976,
    reformada en 1992. En febrero de 2008, Raúl asumió el poder
    definitivamente, y la intervención de Fidel en los asuntos del país se
    limitó a artículos de opinión publicados en la prensa local.
    Al fallecer, Fidel estaba casado con Delia Soto del Valle, con quien
    tuvo siete hijos. Además, dejó a su hijo mayor, Fidel Castro
    Díaz-Balart, hijo de su primer matrimonio, y Alina Fernández Revuelta,
    producto de una relación extra matrimonial, en los años 1950, cuando
    salió de la cárcel tras el asalto al Cuartel Moncada.
    Fidel Castro fue un revolucionario firme en sus principios. Para algunos
    un héroe y para otros un tirano. Se mantuvo férreo en el poder hasta el
    fin de sus días, controlando hasta los partes médicos de su dolencia, y
    probablemente será recordado como uno de los más fascinantes y
    controversiales líderes políticos del mundo.
    A él parecía preocuparle otra cosa. “No le tengan miedo a los jueces
    imaginarios que tenemos aquí. [Sino] téngale miedo a otros jueces, a los
    cuales hay mucho más que temer, témanle a los jueces de la posteridad,
    témanle a las generaciones futuras que, al final, serán los responsables
    de decir la última palabra”, dijo Castro, en una fecha tan temprana, o
    lejana, como 1961.
    Este texto también aparece en el Diario Las Américas.

    Source: Fidel Castro (1926-2016) – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/fidel-castro-1926-2016-327804

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