Carceles en Cuba
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    La represión llamativa y la nueva ola

    La represión llamativa y la nueva ola
    La represión está siempre latente para todos y cada uno de los grupos
    opositores o disidentes
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 04/10/2016 11:24 am

    El asalto a la sede de Cubalex, que es la propia casa de Laritza
    Diversent, sita en Lindero No. 169, El Calvario, y reconstruida con
    fondos del exterior, ha sido calificado como “llamativo” en virtud de
    que este llamado “centro de información legal” no es el tipo de
    organización reprimido usualmente por la dictadura, que venía dando
    preferencia a la represión contra “quienes andaban en las calles”. Tal
    enfoque refleja cierta incomprensión del castrismo tardío, que reprime a
    quién y cuándo le dé la gana. Nada previsible es llamativo si sucede
    realmente ni hay ola represiva novedosa en el flujo y reflujo continuo
    de una y la misma represión política como rasgo esencial del Estado
    totalitario.
    Remember Primavera Negra
    El presidente americano Jimmy Carter visitó Cuba en la primavera de
    2002. Bajo la protección de la Seguridad del Estado, los disidentes a
    favor y en contra del Proyecto Varela se reunieron con Carter en tandas
    separadas y regresaron a sus casas frescos y bajitos de sal. A la
    primavera siguiente, la mayoría de ellos dio con sus huesos en la cárcel
    por actos que venían realizando no solo al reunirse con Carter, sino
    desde mucho antes.
    Nada tiene de novedoso ni de llamativo que Cubalex sea hoy blanco de la
    represión, como antes fueron y también ahora siguen siendo UNPACU, las
    Damas de Blanco y otros. La represión está siempre latente para todos y
    cada uno de los grupos opositores o disidentes. Simplemente se
    desencadena conforme al principio de oportunidad, esto es: a la entera
    discreción de los órganos de poder, como ilustra ejemplarmente la
    Disposición Final Primera de la Ley Mordaza (Ley No. 88/1999): “La
    Fiscalía General de la República, respecto a los delitos previstos y
    sancionados en la presente Ley, ejerce la acción penal pública en
    representación del Estado en correspondencia con el principio de
    oportunidad, conforme a los intereses de la Nación”.
    En trance de ingenuidad, Cubalex se describe como “agencia no
    gubernamental que se dedica a prestar servicios legales gratuitos (…)
    tratando de encontrar en la propia legislación cubana y en los pactos
    internacionales que Cuba suscribe, los resquicios legales mínimos para
    proteger los derechos de los desprotegidos”. Lo cierto es que ni una ni
    en otros Cubalex puede encontrar ningún resquicio para su propia existencia.
    Prestar servicios jurídicos no es ocupación autorizada para ejercer por
    cuenta propia ni mucho menos con fondos procedentes del exterior, que
    suponen cierto tipo de inversión extranjera. Así que Diversent se mareó
    con los viajes al exterior si creía que podía nadar contracorriente sin
    riesgo de que el Estado cayera, con esa fuerza más, sobre ella y Cubalex.
    Se sabe de antemano que Cuba no es un Estado de Derecho, pero tiene que
    saberse también que dura lex, sed lex. Las leyes cubanas no permiten
    nada parecido a Cubalex y para que eso deje de ser así hay que cambiar
    la ley, algo que solo puede hacerse cambiando al parlamento. Y así como
    la denuncia de este asalto como violación de derechos humanos no
    concitará apoyo del pueblo ni siquiera en El Calvario, tampoco la
    presión del exterior forzará al Gobierno a dar marcha atrás.
    Noticias falsas
    Más ingenuo todavía es blandir esta peripecia represiva como indicio de
    una buena noticia: “que el Gobierno cubano no sabe qué hacer”. Por el
    contrario, el Gobierno sabe que los centros de presión del exterior
    —Estados Unidos y la Unión Europea— no van a reaccionar eficazmente ni
    contra el asalto a Cubalex ni contra las demás violaciones que suenan y
    resuenan en los medios de prensa y en los incontables foros del exterior
    que dan espacio a los disidentes cubanos.
    La represión ha llegado al colmo de que, como denuncian activistas en el
    Oriente cubano, los policías proceden a la entrada y registro forzoso en
    domicilio privado de madrugada, aunque la ley prescribe que tiene que
    hacerse entre las cinco de la mañana y las diez de la noche, amén de
    ocupar cosas que jamás devuelven, a pesar de que ni siquiera abren
    expediente investigativo ni mucho menos instruyen de cargos.
    La ingenuidad se torna pueril con otra noticia: que Diversent
    “aterroriza [a los gobernantes] cuando trata de enseñar a los cubanos a
    ejercer sus magros derechos”. Ninguna víctima de la represión infunde
    terror. Diversent, como todas las demás figuras del jet set de la
    disidencia, son yoyos a los cuales el castrismo tardío da pita y recoge
    cuando le viene en gana, porque sabe de antes que la gente no saldrá a
    la calle por ella y ahora sabe también que la reacción exterior no
    pasará de meras declaraciones tan protocolares como hipócritas.
    A fin de cuentas, el régimen puede demostrar que Diversent actuaba fuera
    del orden legal y si replicamos que ese orden es injusto, cruel e
    inhumano, la respuesta será que ese orden legal está convalidado por la
    inmensa mayoría del pueblo a través de su apoyo al Gobierno que dicta
    las leyes. Vendrían entonces los comentarios de que ese pueblo está
    realmente en contra del Gobierno y sus leyes, pero se comporta de manera
    inconsecuente por temor a la represión. Y esto desemboca en que ya no
    serían los gobernantes, sino los gobernados, quienes están aterrorizados.
    Coda
    Jamás podrá superarse el terrorismo de Estado contra el pueblo mediante
    el retruécano ilusorio de que tales o cuales gentes sin pueblo
    aterrorizan al Estado.

    Source: La represión llamativa y la nueva ola – Artículos – Opinión –
    Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-represion-llamativa-y-la-nueva-ola-326965

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