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    Juicio y prisión de Fidel Castro

    Juicio y prisión de Fidel Castro
    A cierto anticastrismo le gusta repetir que Castro traicionó a la
    revolución, como si ese fenómeno histórico denominado revolución cubana
    no fuera precisamente la revolución de Fidel Castro
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 18/10/2016 12:32 pm

    Esta semana marca dos efemérides consecutivas bien ligadas a la
    mitología exiliar: la condena de Fidel Castro a quince años de cárcel
    por el asalto al cuartel Moncada y su ingreso al día siguiente al
    Presidio Modelo en Isla de Pinos.
    El juicio dio pie al mito consolador de que Hitler fue evocado por
    Castro al cierre de su alegato de autodefensa; el ingreso a prisión, por
    el contrario, propició la experiencia carcelaria que serviría al Dr.
    Antonio de la Cova para destruir otro mito consolador entre cubanos: la
    revolución traicionada.
    A pesar de que tanto el juicio como la prisión han sido requete
    manoseados, aún se meten forros historiográficos como, por ejemplo, que
    el magistrado “Urrutia emitió un voto particular en contra del
    veredicto” condenatorio de Castro. Ya vimos que así no fue ni por asomo.
    Vayamos a los mitos.
    Analogía anticastrista perdida
    A partir de que Castro concluyó su autodefensa, el 16 de octubre de 1953
    en Santiago de Cuba, con la frase desafiante: “Condenadme, no importa,
    la historia me absolverá”, la mitología exiliar urdió que así Castro
    revelaba idéntica mala entraña que Hitler, quien cerró de manera similar
    su autodefensa, el 27 de marzo de 1924 en Múnich, al ser enjuiciado por
    la tángana de cervecería que había dado contra el gobierno bávaro en
    noviembre de 1923.
    Ante todo, Castro profirió en juicio: “El silencio de hoy no importa. La
    historia definitivamente lo dirá todo”. Este cierre se mejoró al dar su
    alegato a imprenta y en el panfleto impreso (1954) aquella frase
    desafiante. Por la abundancia de citas, autores y temas de filosofía
    política y jurídica, impensables sin revisión bibliográfica, se infiere
    que alguien pasó la mano al texto y es plausible que fuera Jorge Mañach,
    como apuntan el juez que presidió el juicio del Moncada, Adolfo Nieto, y
    uno de los acusados absueltos, Dr. Ramiro Arango Alsina.
    En Mein Kampf (1925), Hitler citó su remate de autodefensa en Múnich
    así: Die Richter dieses Staates mögen uns ruhig ob unseres damaligen
    Handelns verurteilen, die Geschichte als Göttin einer höheren Wahrheit
    und eines besseren Rechtes, sie wird dennoch dereinst dieses Urteil
    lächelnd zerreißen, um uns alle freizusprechen von Schuld und Fehle [Los
    jueces de este Estado podrán condenarnos tranquilamente por nuestras
    acciones de hoy; pero la Historia, como diosa de una verdad superior y
    un mejor derecho, sonriente, hará trizas algún día esta sentencia para
    absolvernos de toda culpa y falta].
    Por supuesto que es la misma idea panfletaria de La historia me
    absolverá, pero si Castro llevaba más de 15 alusiones a José Martí en el
    juicio del Moncada cuando se aprestaba a terminar su autodefensa, no
    tenía por qué tomar prestado de Hitler. La frase desafiante estaba
    facilita de aprehender —por Castro o por Mañach, biógrafo de Martí— en
    el propio Apóstol: “La Historia no nos ha de declararnos culpables”,
    reza el cierre de La oración de Tampa y Cayo Hueso (1892). Al tenor del
    anticastrismo analógico perdido, Hitler copió de Martí.
    La revolución traicionada
    Además de enlazar citas por los pelos, otra sonsera del anticastrismo
    perdido estriba en que Castro traicionó a la revolución, como si ese
    fenómeno histórico denominado revolución cubana no fuera precisamente la
    revolución de Fidel Castro, ya que toda revolución siempre es de quien
    se lleva el gato [político] al agua [social]. La coartada de que la
    gente de buena fe vino a darse cuenta más tarde de quién era Castro fue
    destruida por De la Cova en su rescate historiográfico del moncadista
    Eduardo Montano, exiliado en Nueva Jersey.
    Junto a Fidel Labrador, Fidel Castro llegó a Isla de Pinos el 17 de
    octubre de 1953 en avión de transporte militar. Otros 29 asaltantes,
    entre ellos Montano, cumplían ya sus condenas en el Presidio Modelo. A
    poco de arribar Castro, Montano caló a fondo cómo aquel ejercía su
    liderazgo entre los reos de la causa del Moncada: “Coño, pero si esa es
    la táctica de los comunistas viejos”. El resto del testimonio de Montano
    a De la Cova puedea resumirse así:
    “Durante el presidio fue que yo pude conocer prácticamente la ideología
    de todos, de casi todos los que estaban allí. Había una biblioteca. Esa
    biblioteca tenía más de comunismo que de otras cosas. Carlos Marx y toda
    esa gente. Entonces se veía ya claramente a Fidel Castro en todas sus
    manifestaciones, echándole al imperialismo yanqui y defendiendo el
    socialismo. Ya eso era allí entonces [y] Fidel fue dictatorial allí
    mismo. No se podía discutir una cosa con él, porque lo que él dijera era
    sagrado. Y cuando veía que tú tenías otra ideología y que hablabas de
    otra cosa distinta, te ponía en la picota, como se dice. Ahí fue que yo
    no compartí ya las ideas de Fidel. Ya me había dado cuenta que Fidel
    tenía la tendencia esa. Cuando nos dan la amnistía, él empezó a decir
    que todos se fueran para México, pero yo realmente no tomé ningún
    interés y no quise seguir a Fidel Castro. Yo me mantuve al margen de
    todo el movimiento y no acepté ningún puesto después del triunfo. Me
    quedé en la barbería hasta que me la quitaron. En 1969 una cuñada que
    estaba aquí en los Estados Unidos nos mandó el dinero por vía España. Y
    estuvimos en Madrid dos años hasta que al fin pudimos salir para acá”.
    El falso adelantado
    El diagnóstico temprano de Castro como dictador se atribuye al finado
    Rafael Díaz-Balart, pero su descarga en 1955 —de que la amnistía a
    Castro, “tan imprudentemente aprobada, traerá muchos días de luto, de
    dolor, de sangre y de miseria [y] enseñará al pueblo el verdadero
    significado de lo que es la tiranía”—
    es otro mito exiliar, que deriva de otro forro historiográfico en la
    saga del Moncada. Para desinflar este mito basta consultar el Diario de
    Sesiones del Congreso de la República de Cuba, atesorado en la
    Universidad de la Florida.
    El volumen 91 recoge en su número 19 la relatoría completa de la sesión
    del 18-19 de abril de 1955 sobre la Ley de Amnistía. En sus 74 páginas
    no hay ni rastro del cacareado discurso de Díaz-Balart en contra de
    amnistiar a Castro, quien no consta mencionado en acta ni siquiera de
    pasada. Por el contrario, Díaz-Balart sí aparece en el acta del 18 de
    abril entre quienes “emitieron sus votos a favor” de la Ley de Amnistía
    (página 10). Y en el acta del día siguiente Díaz-Balart reaparece para
    confirmar: “Nuestro Partido [Acción Progresista] y el Presidente Batista
    han amnistiado a los presos del Cuartel Moncada” (página 66).
    Coda
    Cabría preguntarse si para detectar a los fantoches políticos que tanto
    abundan hoy entre cubanos se requiere ser más perspicaz que aquel oscuro
    barbero en el barrio La Ceiba, Marianao, que siguió a Castro en el
    asalto al cuartel Moncada y prefirió apartarse al percibir que era un
    dictador en cierne, o resulta mejor continuar en la sonsera de tragarse
    guayabas incluso mayores que la profecía de Díaz-Balart.

    Source: Juicio y prisión de Fidel Castro – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/juicio-y-prision-de-fidel-castro-327233

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