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    “Los americanos” son tanta gente que no existen

    “Los americanos” son tanta gente que no existen
    Ocho años para Barack Obama no han sido suficientes
    Sábado, septiembre 24, 2016 | Carlos Alberto Montaner

    MIAMI, Estados Unidos.- Ocho años no han sido suficientes. Pronto el
    presidente Barack Obama habrá abandonado la Casa Blanca sin poder
    devolverle la Base de Guantánamo al régimen de los Castro, como era su
    propósito. Tampoco conseguirá el levantamiento del embargo. Gane Hillary
    Clinton o gane Donald Trump, el Congreso, casi con toda seguridad,
    seguirá siendo republicano.

    Al presidente de Estados Unidos le es más fácil destruir el mundo que
    cambiarlo. La autoridad le alcanza para activar las claves nucleares y
    disparar una lluvia de cohetes atómicos que devastaría el planeta, pero
    no puede trasladar a su país a un centenar de personas acusadas de
    terrorismo, enrejadas en una base naval en el Caribe sin haber sido
    formalmente juzgadas por tribunales competentes.

    Los padres fundadores, buenos discípulos de Montesquieu —James Madison
    solía repetir párrafos de Del espíritu de las leyes— se empeñaron en
    limitar deliberadamente la autoridad del “ejecutivo” para evitar que se
    convirtiera en otro Jorge III, el despótico monarca británico derrotado
    durante la Guerra de Independencia.

    Y lo lograron. Crearon tres poderes separados que consiguieron
    equilibrarse, a veces hasta la parálisis, de los cuales el menos visible
    ha resultado el más vigoroso: el judicial. No sólo por la capacidad de
    acusar, juzgar y condenar a los individuos, sino por la extraordinaria
    facultad de revisar la legislación emitida por el Congreso y el Senado,
    o las acciones del Presidente, y declarar si se ajustan o no a la
    Constitución.

    Pero hay más. La Casa Blanca ha generado instituciones que han cobrado
    vida propia. La Drug Enforcement Administration (DEA) es una de ellas.
    La creó Richard Nixon en 1973 con un modesto presupuesto de 75 millones
    para combatir el narcotráfico y los delitos conexos. Hoy dispone de más
    de cinco mil agentes y de dos mil millones de dólares anuales.

    Formalmente depende del Departamento de Estado, pero tiene una función
    policiaca que se aparta bastante del espíritu diplomático de Foggy
    Bottom, como le llaman familiarmente a esa Secretaría. La policía tiene
    el instinto de actuar contra los delincuentes. Los diplomáticos
    propenden a convivir con ellos, especialmente si son políticos.

    A esa diferencia se debe que muy rápidamente la DEA apresara a los
    sobrinos de Cilia Flores en Haití y los trasladaran esposados hacia
    Estados Unidos acusados de narcotráfico. Cilia Flores es la esposa de
    Nicolás Maduro.

    La DEA temía que entre los abogados y los diplomáticos conciliadores le
    echaran a perder la operación, como había sucedido cuando facilitaron
    que las autoridades de Aruba devolvieran a Venezuela al general Hugo (el
    Pollo) Carvajal, detenido en esa isla del Caribe en julio del 2014
    acusado de ser uno de los directores del Cártel de los Soles. Si la
    diplomacia norteamericana hubiera actuado velozmente, Carvajal habría
    sido deportado a Estados Unidos.

    Otra fuente de secreta contrariedad para la Casa Blanca y la Secretaría
    de Estado es la labor de las agencias del Departamento del Tesoro
    encargadas de ejecutar las sanciones a los países castigados por violar
    las reglas internacionales contra el terrorismo y el narcotráfico.

    La Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), heredera de una
    institución similar creada para luchar contra los nazis, es la
    todopoderosa agencia que impone cientos de millones de dólares de
    castigo a no-tan-venerables bancos suizos por violar la ley del embargo
    a Cuba, sencillamente porque actúa de acuerdo con la legislación vigente
    y la anima un espíritu parecido a la DEA.

    Además de Cuba, la OFAC se ocupa de verificar la aplicación de las
    sanciones contra Birmania, Irán, Corea del Norte, Somalia, Sudán, Siria
    y Rusia tras las invasiones a Ucrania.

    Sus funcionarios compilan copiosas listas de empresas supuestamente
    vinculadas al narcotráfico (la “Lista Clinton”), con la peculiaridad de
    que las personas y las empresas consignadas no tienen la posibilidad de
    defenderse o desmentir la acusación, lo que da lugar a que casi todo el
    mundo, comenzando por los medios de comunicación, den por sentado que es
    verdad la actividad imputada.

    A este panorama se agrega la presencia de organismos internacionales
    surgidos con la bendición de Washington que acaban por hacer política
    exterior. La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala
    (CICIG) tiene en la cárcel al expresidente Otto Pérez Molina, a su vice
    Roxana Baldetti y a la mitad de su gobierno acusada de corrupción.
    Cuando los detuvieron, un funcionario norteamericano me dijo
    apesadumbrado: “nadie nos creerá, pero Obama nada tiene que ver con eso”.

    Yo se lo creo. El general Pérez Molina suponía ser un hombre cercano a
    “los americanos”. No entendió que “los americanos” son tanta gente que
    no existen.

    Source: “Los americanos” son tanta gente que no existen | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/los-americanos-son-tanta-gente-que-no-existen/

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