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    El lucrativo arte de timar al prójimo

    El lucrativo arte de timar al prójimo
    La mayoría de ellos no saben lo que compran. Son solo intermediarios.
    Sus jefes tienen olfato y relaciones
    Miércoles, septiembre 14, 2016 | Luis Cino Álvarez

    LA HABANA, Cuba.- Una amiga, sexagenaria, exprofesora y que vive sola en
    una vieja y muy venida a menos casona de Santos Suárez desde que hace
    más de 18 años se fue su único hijo para España, me dijo hace unos días
    que tiene mucho miedo de que roben en su casa. Asegura que pueden hasta
    matarla.

    La amenazó de muerte un tipo de muy mala facha, con dientes de oro, que
    se dedica a traficar con objetos antiguos. El rufián montó en cólera
    porque ella se negó a venderle una lámpara de lágrimas y un espejo. La
    insultó, la llamó “burguesona” y “vieja comemierda”, le dijo que parecía
    que tenía mucho dinero y por eso no quería hacer negocio con él, pero le
    advirtió que lo iba a lamentar porque iba a perderlo todo, hasta la
    vida, porque le iban a retorcer el pescuezo y al final él se iba a salir
    con la suya y se quedaría con todos “sus trastos viejos”.

    Ahora mi amiga, que no es una mujer que se deje arredrar fácilmente,
    está muy asustada y arrepentida de haber permitido que aquel tunante
    entrara en su casa y viera los recuerdos del patrimonio familiar que
    guarda. Fue una vez que estaba necesitada de dinero y lo llamó cuando
    pasó por la calle, pregonando que compraba antigüedades, para venderle
    un adorno chino de porcelana que había pertenecido a sus abuelos. El
    tipo le pagó muchísimo menos de lo que sabe que valía, pero ella estaba
    muy necesitada y se dio por satisfecha con los 5 CUC que le dio. Pero
    él, cuando vio las lámparas, el espejo y el Quijote de bronce, se
    encaprichó en que se los vendiera. Ella refiere que tuvo que ponerse
    dura para que se fuera de la casa, y fue entonces cuando la insultó y la
    amenazó.

    Me dice que ha visto al tipo rondando la casa. Pero lo que más le
    preocupa es que un vecino que le advirtió que tuviera mucho cuidado con
    el sujeto, porque lo conoce de cuando estuvieron juntos en la cárcel y
    sabe que es capaz de todo, luego de prevenirla, le pidió que le vendiera
    todos los objetos antiguos que tuviera a él, que también se dedica al
    negocio de antigüedades. Le dijo que se los iba a pagar bien, y así
    salía de “ese peligro”.

    El negocio de los objetos antiguos está en alza en La Habana. Compiten
    los que van por la calle voceando “compro oro, cualquier pedacito de
    oro” con los que un poco más discretos, tocan a las puertas donde
    presumen que alguna vez hubo cierta prosperidad y proponen “compro
    antigüedades”. Cuentan con que se toparán con ancianos desesperados por
    ganar unos pesos para comprar comida. Y generalmente aciertan. Lo que
    pagan no es ni remotamente lo que valen los objetos. La mayoría de
    ellos no saben lo que compran. Ni falta que les hace. Son solo
    intermediarios. Sus jefes saben de arte un poco, solo un poco más que
    ellos, pero tienen olfato y relaciones, y saben a quiénes llevarle los
    objetos que van consiguiendo, hasta llegar a los que venden antigüedades
    y objetos de arte a los turistas extranjeros en la Habana Vieja.

    También lucran con la nostalgia. Compran, para luego revender en la
    Plaza de Armas y otros lugares, a extranjeros y sobre todo a cubanos que
    emigraron hace muchos años y que llenos de añoranza vienen de visita a
    su país, memorabilia de la Cuba anterior a 1959: libros y revistas,
    medallas, condecoraciones, gallardetes, trofeos deportivos, fotos de
    peloteros de los equipos Habana y Almendares, postales, pisapapeles,
    discos de acetato (preferentemente de Panart y Puchito), álbumes de
    sellos, partituras, relojes, etc.

    Del periodo posterior a 1959, no es mucho lo que les interesa.
    Curiosamente, lo que más buscan son las postalitas de Historia de la
    Revolución, y mejor aun si es el álbum completo…

    Por ahí circula el listado de la memorabilia que buscan estos
    pacotilleros del recuerdo. Cualquiera diría que se mueren por el pasado
    republicano, por la Cuba del ayer que les contaron sus mayores, y en la
    que consideran que por muchos problemas y desigualdad social que
    hubiera, se vivía mucho mejor que en la de hoy. Puede que haya mucho de
    eso, pero no nos equivoquemos ni se preocupen los chivatones y
    musulungos preocupados por la pureza ideológica revolucionaria: lo que
    más les interesa a estos llamémosle también emprendedores, es buscar
    dinero. Igual que a los pillos que trafican con antigüedades y obras de
    arte, aunque de eso no sepan ni pitoche. El arte que conocen bien es el
    de timar. Y eso de estafar a incautos y necesitados lo aprendieron del
    timador mayor: el Estado Socialista. ¿Ya no se acuerdan de aquellas
    casas del oro que llamaban Hernán Cortés, donde cambiaban objetos de
    oro y plata por ventiladores, radio-grabadoras y otras baratijas chinas?

    luicino2012@gmail.com

    Source: El lucrativo arte de timar al prójimo | Cubanet –
    www.cubanet.org/destacados/el-lucrativo-arte-de-timar-al-projimo/

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