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    El 13 de agosto en el acontecer cubano

    El 13 de agosto en el acontecer cubano
    ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 13 de Agosto de 2016 – 05:07 CEST.

    El 13 de agosto de 1933 fallecía en La Habana el ilustre abogado y
    orador Rafael Montoro, una de las figuras más importantes del Partido
    Liberal Autonomista durante la Colonia, y que ocupara después altos
    cargos en la República.

    El Partido Liberal Autonomista se fundó en 1878, tras la firma del Pacto
    del Zanjón que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Los miembros de
    esa organización propugnaban una evolución de Cuba hacia un gobierno
    autonómico que mantuviera a la Isla atada a España. Se contraponían a
    una revolución independentista debido al alto costo en recursos
    materiales y vidas humanas que esta opción implicaría.

    No obstante haberse opuesto a la independencia de la Isla, la honradez,
    el amor a Cuba y la capacidad intelectual de Rafael Montoro propiciaron
    que este habanero nacido en 1852 continuara sirviendo a su patria
    después del 20 de mayo de 1902. Integró el servicio diplomático en el
    gobierno de Tomás Estrada Palma, y fue secretario de la Presidencia y de
    Estado, respectivamente en los gabinetes de Mario García Menocal y
    Alfredo Zayas.

    Quizás como consecuencia de su aversión por las salidas revolucionarias
    y violentas, Montoro no apoyó las conspiraciones que se fraguaron contra
    la dictadura de Gerardo Machado. Sin embargo, los argumentos esgrimidos
    por él para tomar semejante decisión lograron trascender su tiempo.
    Helos aquí:

    “La intolerancia, la intransigencia, el fanatismo, el desenfreno que ha
    caracterizado esta lucha contra un régimen, llevará a los triunfadores a
    considerarse con derecho de vida o muerte sobre sus adversarios y le
    cerrarán el paso a todos los que no estén provistos de la patente de
    corso. El que pueda probar que puso una bomba, que estuvo en la cárcel,
    que tomó parte en tal o cual atentado personal, podrá hacer cuanto le
    venga en gana y tendrá todos los privilegios, por incapacitado, anormal
    o incompetente que sea. Llamarán justicia revolucionaria a la venganza y
    cubrirán de sangre de hermanos a la patria. Se convertirán en asesinos
    creyendo que siguen siendo héroes, y una vez perdido todo freno y todo
    respeto a la autoridad, llegarán a los peores excesos
    revolucionariamente” (Citado por Roberto Méndez Martínez, “Rafael
    Montoro, el hombre de los imposibles”, Palabra Nueva, no. 261,
    julio-agosto de 2016).

    Es cierto que a la caída de Machado se produjeron varios hechos de
    venganza, algunos de ellos sangrientos, contra los personeros del
    régimen derrocado, tal y como los previó Montoro.

    Pero quiso el azar que el mismo día de la muerte de Montoro cumpliera
    siete años un niño nacido en la localidad holguinera de Birán que, con
    el paso del tiempo, sería el protagonista de la más fidedigna
    interpretación del guion trazado por el antiguo militante autonomista.

    Porque con el advenimiento de Fidel Castro al poder en enero de 1959 la
    “justicia revolucionaria” cubrió de sangre el suelo de la patria.
    Aquellos fusilamientos masivos y sin garantías para los acusados —los
    enjuiciaban en la mañana, y ya en la tarde eran cadáveres— provocaron la
    repulsa internacional.

    Asimismo, muchos de los participantes en la lucha contra Fulgencio
    Batista fueron premiados con cargos en ministerios y entidades
    estatales, aun sin poseer los conocimientos indispensables para
    ocuparlos. Recordemos, por ejemplo, los desaciertos de los comandantes
    Guillermo García Frías y Antonio Enrique Lussón en el Ministerio de
    Transporte.

    O la curiosa respuesta que Enrique Oltuski, combatiente de la
    clandestinidad antibatistiana y después ministro de Comunicaciones del
    Gobierno fidelista, le respondiera a Jean-Paul Sartre cuando el filósofo
    le preguntó el porqué de su nombramiento, tomando en cuenta que nada
    sabía de comunicaciones. “Comoquiera que yo puse muchas bombas que
    destruyeron puentes, antenas y otros medios de comunicación”, le
    dijo,”ahora Fidel me encomendaba que los arreglara” (Sartre visita a
    Cuba, Ediciones R, La Habana, 1960, pg. 176).

    Como pocas veces en la historia de Cuba, una sentencia se iba a cumplir
    al pie de la letra. Por eso, además de ser recordado como intelectual,
    político y orador, Rafael Montoro debía clasificar como un excelente
    visionario.

    Source: El 13 de agosto en el acontecer cubano | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1470831247_24501.html

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