Carceles en Cuba
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    Cuba, el regreso a la isla cárcel

    Cuba, el regreso a la isla cárcel
    25 de agosto de 2016 – 19:08 – Por Oscar Elías Biscet

    La falta de libertad se percibe desde las alturas, mucho antes del
    aterrizaje del avión. Por eso, le perdoné a la aerolínea su retraso, me
    concedió un tiempo de más en tierra de libertad, donde vive exiliada una
    pequeña parte de la nación pero que conserva su intensa cubanía

    Desde las alturas la verdad es más clara. En la pradera me conocí a mí
    mismo. Tan espeluznante destrucción solo he podido verla en los
    noticiarios y películas, cuando trasmiten sobre guerras o desastres
    naturales. Así contemplé el aeropuerto José Martí y poblados aledaños a
    mi arribo a La Habana. Sin embargo lo más perjudicial en la sociedad
    cubana es su sistema socialista que mantiene en la esclavitud a su
    población.

    La falta de libertad se percibe desde las alturas, mucho antes del
    aterrizaje del avión. Por eso, le perdoné a la aerolínea su retraso, me
    concedió un tiempo de más en tierra de libertad, donde vive exiliada una
    pequeña parte de la nación pero que conserva su intensa cubanía. Algunos
    prefirieron ser desterrados de Siracusa que llevar el manto de púrpura
    del vicioso Alejandro.

    Una vez que el avión tocó tierra cubana algunos pasajeros aplaudieron,
    no sé si por haber llegado sin dificultad o porque eran acólitos
    castrocomunistas deseosos de encontrarse con sus jefes. No obstante
    comenté con mi esposa Elsa en un tono que ellos pudieran oír, “llegamos
    a la Cuba comunista, la isla cárcel”. Por la forma en que fruncieron sus
    caras, delataron sus favoritismos por el castrismo.

    La primera vez que oí aplausos en un vuelo fue cuando aterricé en el
    aeropuerto David Ben Gurión, en Tel Aviv-Jaffa, Israel. Todos estábamos
    contentos, yo por estar en Tierra Santa; y todos, pasajeros y
    tripulación, porque sabíamos que existen más de dos decenas de países y
    organizaciones terroristas islámicas que tienen el objetivo de destruir
    el Estado israelí.

    Por supuesto, al pisar la tierra cubana, sentí profunda emoción y
    orgullo de mi cubanía, extrañaba tanto mi hogar que deseé besar ese
    suelo pero no estaba bien con mi fe cristiana. En realidad, recordé mis
    oraciones por la libertad de Cuba en el Muro Occidental en Jerusalén.

    Por otra parte, emociones divergentes sentí cuando entré en la Terminal
    Dos del aeropuerto José Martí. Vinieron a mi mente los viejos y
    dolorosos recuerdos carcelarios. La sala antes del cruce de fronteras me
    fue un vivo ejemplo de las prisiones socialistas. Todo limpio y pintado,
    suelos extremadamente brillantes que buscan encubrir la destrucción, el
    fracaso, y la corrupción imperante en la instalación y, sobre todo, en
    el país.

    Fui a la casilla de inmigración junto a mi esposa, la autoridad tomó el
    pasaporte de ella y a mí me dijo en tono autoritario rayando en lo
    irascible: “Ud. espere después de la raya” (en ninguno de los
    aeropuertos extranjeros que estuvimos nos trataron así). Revisó el
    pasaporte de mi cónyugue y continuó diciendo, “llamen al operativo”. Una
    mujer vestida de civil tomó los pasaportes y tuvimos que seguirla adonde
    estaban dos hombres de civil que rápidamente identifiqué como agentes de
    la Seguridad del Estado.

    Ambos fuimos interrogados, después de amenazas y admoniciones pasamos la
    frontera para un riguroso proceso de chequeo de nuestras pertenencias,
    al estilo de las autoridades carcelarias que me requisaron durante mi
    injusto cautiverio.

    En el aeropuerto de La Habana sentí un latigazo leve del terror de
    estado del gobierno delictivo que usurpó el poder en Cuba. Su fracaso
    económico y administrativo fue evidente por la ausencia total de aire
    acondicionado en la terminal aérea. Continué exponiéndome a ese fracaso,
    al tomar un viejo carro americano, de 1957 y sin aire acondicionado, de
    regreso a mi casa.

    Hoy estoy en mi hogar, en Cuba, y es tangible el gemir de un pueblo
    esclavo. Un pueblo deseoso de libertad, que se garantiza con el Proyecto
    Emilia.

    Realmente, no creemos en soluciones a medias que poderosa y
    persuasivamente nos quieren imponer los que llevan el manto de
    Alejandro. Esto prologa la existencia de la tiranía y le da
    credibilidad; y pone en quiebra el futuro de libertad de Cuba. Queremos
    libertad total e inmediata para el pueblo cubano consignada por el
    estado de derecho. Que solo es posible con la desintegración del régimen
    tiránico castrocomunista. El ciudadano cubano debe despertar lo mejor de
    sí para lograr estas metas realizables; y así Cuba será libre.

    Source: Cuba, el regreso a la isla cárcel | Cuba –
    www.diariolasamericas.com/opinion/cuba-el-regreso-la-isla-carcel-n4101429

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