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    Un héroe de nuestro tiempo

    Un héroe de nuestro tiempo
    BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 28 Mar 2016 – 7:39 am.

    Enrique Figuerola Miranda tiene 37 años y es miembro del partido Arco
    Progresista y de la Unión Patriótica de Cuba. Cuando tenía 11 años murió
    su madre, con quien vivía junto a una hermana. Abandonó entonces el
    deporte y poco después la escuela. Debió sobrevivir por medio de
    prácticas informales y no pocas veces ilegales.

    En 1995 fue detenido y condenado por cinco años y cuatro meses y se
    impresionó con las arbitrariedades que vio en la cárcel. Al quedar en
    libertad conoció por su vecino, el ya fallecido Manuel de Jesús Díaz
    Preval, el trabajo de la oposición política. Firmó entonces el Proyecto
    Varela y comenzó a interesarse y participar en la política. Poco después
    del arresto de 75 opositores políticos durante la Primavera Negra,
    Enrique Figuerola fue detenido bajo la medida pre delictiva. Comenzaba
    de este modo una secuencia de manipulaciones legales para apresarlo. En
    2006 se le recrimina por el delito de atentado, una de las causas a que
    más se apela en la manipulación penal de la oposición política, y es
    condenado a casi nueve años de prisión. Sale en libertad en diciembre de
    2011 gracias al indulto aprobado antes de la visita del Papa Benedicto XVI.

    En 2012, Figuerola vuelve a prisión, nuevamente bajo la acusación de
    atentado, a raíz de haberse defendido de una paliza que le propinaron
    oficiales de la policía santiaguera, en la que también resultaron
    agredidos su hermano y su esposa. No fue hasta la liberación de los 53
    presos políticos, tras las negociaciones que resultaron en el
    restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Gobierno de
    Estados Unidos y el de Raúl Castro, que salió en libertad.

    El 10 de febrero de 2016, al interesarse por la suerte de Lisandra
    Rivera Rodríguez, activista de la Unión Patriótica de Cuba, fue detenido
    y golpeado de manera brutal. La siguiente entrevista es sobre esta
    detención, golpiza, y el proceso de sanación y apelación a la legalidad.

    Enrique Figuerola: “A mí me informan que habían detenido a Lisandra.
    Entonces voy a la Tercera Unidad de Santiago de Cuba, la llamada
    “motorizada”, que está en Calle Cuarta entre Enramada y Aguilera. Afuera
    estábamos unos diez u once opositores en espera de que nos dieran una
    respuesta sobre qué iban a hacer con Lisandra.

    Estábamos hablando con los oficiales de la Seguridad del Estado,
    prácticamente yo era el mediador, y lo que quería era dialogar y saber
    qué iba a pasar. Entonces llega Damaris Rodríguez Ramos, madre de
    Lisandra, y se forma un altercado entre ella y dos oficiales de la
    Seguridad del Estado.

    ¿Oficiales mujeres?

    No, hombres.

    ¿Qué tipo de altercado?

    De palabras. Damaris comienza a manifestarse. Entonces los oficiales de
    la Seguridad del Estado viran y le dicen a los policías que no le
    permitan eso a Damaris, lo que provoca que los policías salgan y
    comiencen a golpearnos a todos.

    A todos, incluyendo mujeres. ¿Hay mujeres allí de UNPACU y Arco
    Progresista que son golpeadas?

    Sí. Damaris, Doraisa Correoso Pozo, Yamilé Sánchez Rodríguez y mi esposa
    Mercedes Hechavarría Guevara estaban allí.

    Esos dos oficiales de la Seguridad que ordenan que los golpeen, ¿sabes
    los nombres de ellos?

    Se hacen llamar Richard y Julio. Cuando se forma el altercado, yo trato
    de mediar en la situación. Con tal de que no hubiese enfrentamiento. En
    un momento, dado el mal ambiente que había, un primer teniente me agarra
    por detrás y un oficial de la Seguridad le dice que me suelte. Y el
    primer teniente me suelta.

    ¿Cómo sabes leer tan bien los grados?

    Por los años que estuve en prisión.

    ¿Sabes el nombre de ese primer teniente?

    No. Él me suelta, pues el oficial ha visto cuál es mi posición en la
    situación creada, que lo que estoy es tratando de mediar desde un primer
    momento. Entonces empiezan a entrarnos al patio. Allí, el mayor Castillo
    a quien primero agrede es a Doraisa, que es una activista de la UNPACU.

    ¿Quién es el mayor Castillo?

    El que luego me agrede a mí. Hasta donde yo averigüé él es jefe de los
    jefes de sector de allí de la Tercera.

    ¿No sabes su nombre?

    No. A Doraisa le daba contra la pared, lo que le provocó traumatismos
    craneales que le dificultan valerse por sí misma, le dan mareos
    constantemente. Además le provocó un desprendimiento de los ligamentos
    del hombro izquierdo que en este momento lo tiene inmovilizado. No le
    han querido entregar los resultados de las radiografías ni del somatón.
    A mi esposa Mercedes también la empuja violentamente.

    Entonces tú intercedes para que no las sigan golpeando.

    Sí, con tal de que el altercado merme, porque no se quería
    enfrentamiento, lo de Lisandra no estaba claro y lo que se quería era
    saber qué iba a pasar con ella. Cuando el mayor Castillo sale de haber
    llevado a Doraisa para el calabozo es cuando me da el primer bofetón.

    ¿Estabas con esposas?

    No, yo estoy suelto. Él me da el primer bofetón, luego me coge por el
    cuello y hace como que me va a llevar para el área de los calabozos,
    donde hay un pasillo pequeño. Y allí empieza a golpearme. Había más
    policías pero quien me golpea es él. Parece que los demás estaban en
    espera de que yo reaccionara, lo que no hice porque ya he sido víctima
    de dos acusaciones de atentado anteriormente. No pude ni defenderme, por
    temor a romperle un botón y entonces, tú sabes, eso se revierte. Él me
    da dos golpes en el abdomen, pienso que lo que quiere es verme derribado
    y me agacho, y cuando me agacho es que me fractura la mandíbula de un
    piñazo.

    Entonces tú caes al piso y te quedas ahí.

    Hasta que los mismos oficiales ya me lo quitan de encima.

    ¿Los oficiales de la Seguridad del Estado ven eso?

    Sí.

    ¿Entonces qué pasa, te golpean, te dejan tirado, te llevan al médico?

    Yo rápido le digo al oficial de la Seguridad que tengo dolor, que no
    puedo escupir. Cuando lo hacía, lo que escupía era sangre. De allí voy
    al Hospital Provincial Saturnino Lora, pero no había material para hacer
    radiografías.

    ¿La que te lleva es la policía?

    No, fui yo con mis propios medios acompañado por Carmelo Bermúdez, de
    Arco Progresista. En el Saturnino Lora me remiten a mi área de salud,
    que es el policlínico 30 de Noviembre, que está en la calle 10 de Santa
    Bárbara, entre Mendieta y Fernando Marcané. Allí nos dijeron que hacía
    dos meses que no se hacían rayos-X.

    ¿Hubo reconocimiento médico?

    No. El médico que me revisó fue el del Saturnino Lora. Sospechó que yo
    tenía una fractura, pero el dictamen final lo da la radiografía.
    Entonces llamé al teniente coronel Alexander, que es el jefe de
    enfrentamiento allá en Santiago de Cuba. Yo tengo su teléfono. Él me
    dijo: “Espera ahí en la casa”. Cuando me llamaron nos dirigimos de nuevo
    al Saturnino Lora. Allí estaba un oficial que tiene que ver con la salud
    pública. Es entonces cuando me hacen varias radiografías.

    En el mismo hospital donde te habían dicho que no hacían radiografías…

    Sí. Y sale la fractura de mandíbula.

    ¿Te entregan el resultado de las radiografías?

    Sí, y el certificado también.

    A Lisandra me dijiste que no le dieron los resultados.

    No, a ella no. Eso lo hacen mucho ellos, no te entregan los resultados
    para que tú no tengas con qué denunciar las fracturas que te provocan.

    Y la misma personas que te dijo que no había para hacer radiografías fue
    el que te las hizo.

    Sí, la misma. Pero fue ordenado por los oficiales de la Seguridad del
    Estado.

    Tras hacerte las radiografías, ¿cómo fue el proceder de cura?

    Hubo que ponerme los alambres y luego las ligas. Todo eso para
    inmovilizar la mandíbula, para que suelde. Esto debo tenerlo puesto
    entre 45 y 60 días.

    ¿Cómo te has sentido del dolor?

    Imagínate, mira, esos alambres se me han incrustado en la encía. No
    puedo comer, he bajado ocho kilogramos en un mes, toda la alimentación
    es con absorbentes y cosas así, ya mañana cumplo un mes así.

    Respecto de la denuncia que hice, el fiscal primero me dice que el
    expediente está abierto, que lleve a los testigos que están dispuestos a
    declarar.

    ¿El fiscal militar?

    Sí, el fiscal militar.

    ¿Quién es, cuál es su nombre?

    Es de apellido Calunga. El capitán Calunga. Una vez que me dice eso, yo
    se lo comunico a los testigos, pero cuando estos van a la Fiscalía
    Militar, él dice que no, que ya con la declaración de los mismos
    oficiales que estaban en la Tercera ese día es suficiente. Contradice
    así lo que me había dicho con anterioridad. Yo había comentado con él
    que mi mejor testigo era un civil que estaba allí, que estaba detenido y
    que no tiene nada que ver con la oposición, pero que no le había gustado
    lo que habían hecho conmigo. Él me dice que sí, que lo lleve, pero
    cuando lo hago, entonces me dice que era suficiente lo que habían dicho
    los oficiales de la Tercera.

    ¿Y a este testigo lo conociste en la Tercera?

    No, él vive en mi barrio. Cuando fueron a verme los oficiales de la
    Seguridad del Estado a la casa, les dije que no quería saber más de
    testigos, que yo iba a esperar el día del juicio, que no quería saber si
    el expediente está abierto o cerrado, ni nada por el estilo. Además,
    para hacer el juicio hay que esperar a que me den el alta médica.

    ¿Cómo se llaman los especialistas del Saturnino Lora que te atendieron?

    Islay Gutierrez y Maikel. Gracias a Dios ellos me han atendido bien.

    ¿Sabes si este oficial de la policía, el que te agredió, está fuera de
    servicio?

    Continúa en la Tercera. Le hice una foto fuera de la Unidad.

    ¿Fuiste y le hiciste una foto?

    Sí, y me dijo que si le sucedía algo yo iba a ser el responsable.

    ¿Tienes algo más que declarar?

    Que seguimos luchando por la justicia y que esta es una atrocidad más de
    las que ellos [el régimen] cometen. En este caso no les di la
    posibilidad de acusarme nuevamente por atentado.

    Source: Un héroe de nuestro tiempo | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1459147144_21254.html

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