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    Trump y los cubanos

    Trump y los cubanos
    CAMILO LORET DE MOLA | Miami | 1 Mar 2016 – 8:18 am.

    El periodista José Alfonso Almora calienta la mañana radial de Miami
    anunciando que tendrá su propia encuesta: Según dice al aire, va
    averiguar “a llamada limpia” por cuál de los candidatos republicano
    votarán sus oyentes.

    Estamos estrenando el año, faltan más de dos meses para las primarias de
    Florida, quizás muchos no tengan decidido por quién votar todavía. Pero
    la ocurrencia es novedosa y seguro prende en la audiencia.

    Sorprende que en el primer país tecnológico del mundo, el viejo invento
    de la radio sigue dando pelea. Las estaciones locales son las favoritas
    para los que gastan sus mañanas manejando rumbo al trabajo o preparando
    a los hijos para que salgan hacia la escuela.

    Almora sabe leer al vuelo las preferencias de sus oyentes del sur de la
    Florida. Sobre la marcha, se ha montado este invento a partir de dos
    comentarios pegados en su página de internet.

    Abre las líneas telefónicas y pide que no hablen mucho, solo le digan si
    prefieren a Marco Rubio, a Ted Cruz o a Donald Trump.

    Miguelito, el productor, prepara una lista para el conteo de votos; el
    tercer hombre dentro de la cabina de trasmisión, un analista político
    que es el invitado de turno, pide también papel y lápiz, prefiere llevar
    su propio récord.

    Colapsa el teléfono, hay un frenesí de llamadas. Son tantos los votantes
    que el presentador omite el saludo habitual.

    Nada de “A esta hora con Almora” o “WQBA 1140”, les entra de frente,
    directo: “¿Por quién vota?”. Así aprovecha al máximo los 20 minutos que
    tiene para la encuesta y le queda espacio para dar los resultados al aire.

    Entraron 71 llamadas, quizás un récord para tan poco tiempo al aire,
    pero este cómputo no interesa mucho por ahora. Hay una sorpresa mayor.
    La urna virtual de Almora ha tomado un rumbo completamente distinto al
    que pensaban todos. El analista político deja caer el lápiz de su mano.
    “Esto es increíble”, dice turbado.

    De los 71 oyentes que consiguieron votar, 47 quieren a Trump en la Casa
    Blanca, 18 apuestan por Marco Rubio (el cubanoamericano del patio) y 6
    por Ted Cruz. Cabe aclarar que todos los votantes fueron latinos y en su
    mayoría cubanos.

    El final del programa alcanzó a duras penas para dar los resultados. Se
    apagaron los letreros y las luces ya no están al aire, pero el analista
    sigue en su silla, frente al micrófono desconectado, desahogándose,
    acusando a los votantes de locos populistas, políticamente
    desinformados, que abrazan a la bestia que se los va a comer.

    El tráfico generado por las llamadas de Almora se esparce como pólvora
    entre las otras estaciones de radio, muchas repiten la encuesta en los
    próximos días, todas con el mismo resultado: Trump al frente.

    Los especialistas en enredos electorales salieron a atajar el mal: esas
    encuestas no son confiables, los verdaderos votantes no llaman a los
    programas de radio, las radios están sacando conclusiones con opinión de
    ancianos retirados o de ilegales sin derecho al voto.

    Se volvieron a equivocar los analistas, quienes no logran anotar un gol
    contra Trump. Ahora mismo, a menos de 20 días de las elecciones
    primarias en la Florida, las encuestas sitúan a Trump al frente con 44%
    y a Rubio en segundo lugar, con solo 28%.

    Algunos exiliados cubanos, al parecer le han dado la espalda a su primer
    candidato a la Casa Blanca. Prefieren al pintoresco empresario del pelo
    ralo.

    Igual pasa con muchos emigrantes latinoamericanos que viven en la
    Florida, con familiares pendientes de llegar o legalizarse, y que
    aparentemente se inclinan por el tipo que les va a fabricar muros (de
    piedras y de leyes).

    Carlos Alberto Montaner cree que esta atracción entre los votantes
    latinos se debe al fenómeno del abusador. El típico violento del barrio
    que siempre arrastra una cuerda de admiradores.

    El reportero de televisión Ernesto Morales trata de buscar
    justificaciones más complejas: los cubanos pueden creer que Trump dejará
    las cosas con la Isla como las puso Obama. O sea, que mantendrá las
    embajadas, los viajes, el dinero y la “gozadera” tal como está ahora.

    El propio reportero advierte sobre lo cambiante del discurso de Trump. A
    veces amigo de las relaciones con la Isla, otras tantas, enemigo de la
    Ley de Ajuste.

    Hay una tercera opción: el tipo no sabe nada de Cuba y tira golpes a
    ciegas. Cuando le preguntaron por el cierre de la cárcel en Guantánamo,
    salió con la solución más loca y desconectada de la realidad que podía
    decir: “Entréguenle la cárcel a los cubanos [Gobierno cubano] y cóbrenle
    renta por usarla”.

    Trump es un fenómeno de masas, el único tipo que ha puesto a bailar los
    debates republicanos, convirtiéndolos en un show de disparates, con
    récord de audiencia.

    Trump sabe tocar la herida para que duela, pero no sabe coserla, ni cómo
    evitar que el enfermo se vuelva cortar. A corto plazo es un buen
    denunciante, a largo plazo no parece un buen sanador.

    Durante más de un año, todos los políticos republicanos han anunciado su
    pronto descarrilamiento, calificándolo como un fenómeno temporal que
    terminará por desaparecer, ante la presencia de candidatos reales,
    serios y consecuentes con el futuro del país.

    La realidad es que el resto de los candidatos ha terminado abandonado
    sus programas para imitar a Trump. Quien lo dude que repase el último
    debate, donde no hubo nada de fondo.

    Y si no, que vaya a los restaurantes cubanos de Miami.

    “Tremendo chancleteo se armó”, opina Luisa, una mulata cubana que votará
    por primera vez este año. “Lo único que faltó es que alguien del público
    gritara ‘¡La galleta!, ¡la galleta!’, para que se armara la bronca”,
    exclama en voz alta, recostada al mostrador del café de un conocido
    sitio de Miami.

    “Marco Rubio se nos vistió de guapo”, me dice Alina, una republicana que
    va a apoyar al candidato del patio. “Pero se decidió muy tarde”, le
    replica el esposo. Alina asiente: “Lo obligaron a esperar a que Trump se
    matara solo, como Chacumbele, y no pasó”. El esposo sonríe: “¿Qué sabes
    tú? Ni que trabajaras en la campaña de Rubio”.

    Es hora de que los republicanos tomen en serio a Trump, el tipo que
    secuestró el partido y se lo ha llevado por su propia ruta. Un toro que
    no podrán matar en lo que queda de lidia.

    Quizás los jerarcas republicanos deban dejar de mirar a los candidatos y
    desviar la vista hacia los votantes, necesitan descubrir por qué un
    cambio de color en el espectro les ha llamado poderosamente la atención,
    al punto de abandonarles por un nuevo mesías.

    No creo que todos los candidatos se tengan que pintar de Trump, más bien
    se deben vestir de votantes, empaparse del triste color de los que
    eligen, para recuperar confianzas, y resolver problemas, que es lo que
    en realidad necesita el pueblo norteamericano.

    “A mí me gusta ese blancote, el tipo la pone buena”, insiste Luisa
    sacudiendo las manos, de arriba abajo, a la misma vez, parece no darse
    cuenta de que, a excepción de Carson, los candidatos de todos los
    partidos son blancos.

    Otra señora que viene con Luisa, despectivamente la interrumpe y le
    espeta: “Descará… a tí lo que te gusta es el brete que ha montado el
    trompo ese”.

    Source: Trump y los cubanos | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1456783604_20581.html

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