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    Vivir del ‘floting’

    Vivir del ‘floting’
    JOSÉ LUIS LEÓN PÉREZ | Santa Clara | 10 Ago 2015 – 8:54 am.

    En Cuba es una obligación constitucional, que el Gobierno garantice
    empleos honorables, según las capacidades de cada sujeto.

    Alán Brito es un joven de 25 años y ya es padre de jimaguas a quienes
    considera “lo más grande de mi vida”. Sin embargo, se la pasa de una
    esquina a otra de su barrio conversando con los “colegas”, haciendo
    ejercicios o jugando pelota en un terreno cercano cuando no está
    “ganándose la vida”.

    La desvinculación laboral es un tema no resuelto en Cuba. ¿En qué medida
    la situación económica que vive el país estimula o frena la
    incorporación de la juventud al empleo? ¿El trabajo sigue siendo un valor?

    “Dejé el tecnológico en Hidráulica”, cuenta Alán, “en primer año. Un año
    después, fui a una escuela de conducta porque había robado en una casa.
    Cuando cumplí los 18 me trasladaron a la cárcel, salí hace casi tres
    años y todavía no tengo trabajo. Me busco la vida ‘luchando’ en la
    calle, en lo que aparezca, hasta que consiga algo que me convenga y me
    dé dinero”.

    En Cuba es una obligación constitucional, que el Gobierno garantice
    empleos honorables, según las capacidades de cada sujeto. Pese a ello,
    existen porcentajes no despreciables de jóvenes desvinculados laboralmente.

    El Anuario Estadístico de Cuba 2013, de la Oficina Nacional de
    Estadísticas e Información (ONEI) parece confirmarlo: suman cerca de
    167.200 los desocupados, y cerca de 4.918.800 los ocupados.

    Como Alán, hay quienes prefieren vivir del facilismo, tienen como
    principio la ley del menor esfuerzo. Motivados, sin discusión alguna,
    por el desbalance entre salario y cantidad de trabajo que existe en Cuba.

    Otros no saben cuál es su camino, o tal vez les sea más cómodo no
    descubrirlo. “Yo en un día me gano lo que mi papá no cobra en un mes”,
    explica Alejandro Ballester. Tiene 36 años, no trabaja en el sector
    estatal y el coro de sus amigos asiente.

    Sentados en círculo, como quien reflexiona en plural y en voz alta,
    exponen vivencias y, en este punto todos están de acuerdo. Los
    argumentos para no trabajar caen como pedradas: que si el salario es muy
    poco, si el horario es muy rígido, si en la calle se busca más…

    Vacantes desbancadas

    El Ministerio del Trabajo en Santa Clara, ofrece puestos de trabajos
    para los solicitantes pero “los puestos no son del gusto de quienes
    buscan trabajo, y, en otros, los concurrentes aspiran a plazas para las
    que no reúnen la calificación”, explica Sara Gutiérrez Mendoza,
    trabajadora de la entidad.

    “Trabajar en la construcción, en la agricultura, ná, eso no se lo cree
    nadie. Para esos trabajos solo mandan a presos y yo no lo estoy. Además,
    hay que trabajar mucho y el Gobierno no paga lo suficiente”, refiere
    Cristian Acevedo, joven desvinculado de 25 años que busca ocuparse.

    Lo cierto es que los salarios deprimidos se apuntan entre las razones
    para que algunos cubanos no quieran trabajar, al menos, en la mayoría de
    los puestos del sector estatal. Si bien el salario promedio ha ido
    ascendiendo lentamente en la última década en Cuba (hoy 455 pesos), no
    puede olvidarse que en el total de ingresos de las personas, el salario
    ocupa menos de la mitad, solo un 46,8% (ONEI, 2012).

    Se puede constatar con esta estadística que las actividades informales o
    francamente ilícitas son las fuentes de ingresos de una buena parte de
    los criollos y que sustituyen la dedicación a un puesto laboral honrado.
    Además, las remesas venidas del exterior como vía de ingresos son mucho
    más jugosas y desplazan a los derivados de las actividades laborales.

    Acerca de esta última alternativa, José Luis Rodríguez, asesor en el
    Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, explicó en debate de
    la revista Temas: “De las remesas foráneas no hay un registro oficial,
    ya que generalmente no entran por la vía bancaria. Existen diversos
    estimados sobre su monto. Se dice que en 1995 eran de aproximadamente
    537 millones de dólares y que hoy la cantidad puede estar entre 1.500
    millones y 2.000 millones de dólares”.

    Según un artículo de Emilio Morales, “el monto de dinero enviado hacia
    Cuba creció en un 6,57% con relación al 2012, cuando las remesas
    alcanzaron los 2.605 millones de dólares”.

    En la propia nota, el periodista infiere sobre una investigación
    realizada por The Havana Consulting Group (THCG), en Estados Unidos, que
    reveló que “la cifra general de remesas enviadas por cubanos desde el
    extranjero en el 2013 sería de 2.777.363.411 dólares. Desde Estados
    Unidos se calculan en 2.497.031.206 dólares”.

    Por dónde le entra el agua al coco

    Una investigación realizada en la Isla a mediados de los años 90 por el
    Centro de Estudios sobre la Juventud, revelaba que 71% de los jóvenes
    sin empleo encuestados no se sentían motivados económicamente para
    trabajar y buscaban la solución en negocios ilegales. Algunos
    especialistas señalaban a la crisis económica “como causa esencial del
    desempleo”», lo que al parecer sigue siendo, a casi dos décadas después,
    la justificación que sustenta este fenómeno.

    Zoila García Cuellar, investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventud
    del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) en
    Villa Clara, asegura que “hoy el tema de la débil remuneración
    económica, unido a la existencia de la doble moneda, genera
    desmotivación laboral entre la juventud cubana”.

    Sin embargo, a juicio de la especialista “resulta precipitado afirmar
    hoy, que la desmotivación sea hacia trabajar. Sería mejor decir que las
    condiciones económicas actuales dificultan que algunos jóvenes se
    interesen en actividades laborales asociadas al sector estatal tradicional”.

    “Por otra parte”, comenta Andrea Sánchez, psicóloga de la Clínica de
    Higiene Mental de Santa Clara, “debemos pensar que la juventud es
    heterogénea y cada quien manifiesta sus proyecciones hacia la esfera
    laboral de diferentes maneras; por tanto, no podemos decir que la
    desmotivación sea una condición para la juventud actual, pues un sector
    mayoritario de jóvenes sí están motivados profesionalmente aunque sean
    desventajados en cuanto a la remuneración”.

    Al respecto del comentario de esta especialista, jóvenes que están
    laboralmente activos responden como Gendri Valdespino, joven de 29 años:
    “Yo trabajo como chofer en el Partido de Villa Clara y sí me gusta
    manejar, pero confieso que aquí no gano casi nada, preferiría conducir
    por cuenta propia o en el turismo. Trabajo aquí porque no sé hacer más
    nada, además, los trabajos están medios perdidos”.

    “Trabajo porque mis padres me tienen puesto el pie arriba”, confiesa
    Duniesky Moreno, de 24 años, quien labora como jardinero. “Si no nadie
    me cogiera en esto. Imagínate que cobro 335 pesos al mes. Eso no alcanza
    para nada”.

    Sin dudas, un alto porcentaje de la juventud cubana trabaja en el sector
    estatal, aunque no estén motivados con lo que hacen. Asimismo, un 29% de
    las 489.929 personas que trabajan por cuenta propia son jóvenes que sí
    se sienten estimulados en esta gestión laboral.

    De quienes prefieren estar en el “invento”, algunos ciudadanos comentan
    que “si no fuera por la mayoría trabajadora, la minoría que piensa vivir
    de lo que caiga o consiga en ‘la calle’, estaría perdida”. Así lo afirma
    Cristian Alfonso, de 33 años, ingeniero industrial y administrador de
    una panadería en Santa Clara.

    “Nosotros, los que nos levantamos temprano para salir a trabajar,
    aseguramos que esos jóvenes, y otros no tan jóvenes, tengan pan para el
    desayuno, puedan ver la televisión, o si se deciden a salir, puedan
    tomar un bicitaxi que, como se entiende, no se mueve gracias a la Divina
    Providencia, sino al esfuerzo físico de otra persona. Por lo que esos
    vagos deben trabajar y aportar a nuestra sociedad”, exige Brígida
    Sotuyo, quien funge como maestra en Santa Clara.

    La economía cubana se replantea sin mucha prisa y los ciudadanos
    “esperan ansiosamente que llegue el momento, donde no solo el salario,
    sino, el trabajo en su significación económica, tomen su valor y ocupen
    el asiento que les corresponde”, afirma José Alejandro O’farril, máster
    en Economía y catedrático en la Universidad Central Marta Abreu de Las
    Villas.

    Y para concluir, dice: “Para cuando esto ocurra, entonces será
    impensable aquí vivir del floting”.

    Source: Vivir del ‘floting’ | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1439117916_16223.html

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