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    La utopía del cubano – un bistec con papas fritas

    La utopía del cubano: un bistec con papas fritas
    El gobierno acaba de ordenar a las autoridades agrícolas que organicen
    “un conteo nacional de ganado vacuno”. Tal vez descubran que aún les
    quedan vacas
    jueves, agosto 6, 2015 | José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba. -Cuando a Woody Allen se le ocurrió decir que el
    realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec, debió
    tener presente nuestro caso. Los cubanos, que somos cada vez menos
    realistas, hemos padecido durante varias generaciones la pérdida total
    de contacto con ese lugar donde es posible adquirir no digamos ya un
    buen bistec, sino uno aunque sea regular, siempre que sea de res. La
    gran utopía para la gente de a pie en Cuba no fue como se dice alcanzar
    el comunismo. Era y sigue siendo comerse un bistec de res con papas fritas.

    Pero no hay que perder la esperanza. El gobierno acaba de ordenar a las
    autoridades agrícolas que organicen “un conteo nacional de ganado
    vacuno”. Tal vez descubran que aún les quedan vacas, de modo que están a
    tiempo de materializar nuestra utopía. Bastará con que mantengan el
    poder durante otro medio siglo.

    Cuentan quienes las contaron que en 1959 había en la Isla una vaca por
    cada habitante. Luego, con las primeras conquistas de la revolución, la
    cifra se redujo a una vaca por cada tres cubanos. Fue ahí cuando
    empezamos a perder contacto con el realismo, pues, a no ser que
    pertenecieras a la familia real o a su cohorte de protegidos (o que como
    medida de urgencia optaras por el temerario oficio de ladrón de vacas),
    podías gastarte una muy larga vida sin ver ni en fotografía esa tercera
    parte de vaca que te tocaba, teóricamente quiero decir.

    Con todo, nuestro paso definitivo hacia la irrealidad, en materia
    vacuna, tendría lugar gracias a dos eventos de singular trascendencia.
    El primero fue fruto de una de las inspiradas iniciativas del comandante
    en jefe, quien, ante la escasez cada vez más dramática de vacas en el
    paisaje cubano, quiso potenciar el rendimiento de las pocas que había.
    Así que, junto a la formación del hombre nuevo, dispuso la de la nueva
    vaca mediante un cruce genético entre vacas lecheras y vacas carnosas
    para lograr, de cada una de ellas, una súper-industria en cuatro patas
    capaz de proveernos de carne y leche a un mismo tiempo. Por vez primera
    estuvo cerca de hacer realidad la utopía, pero la cosa falló a última
    hora. Y de qué modo. Ya que, según un afilado humorista nuestro, en vez
    de dar leche y carne a un tiempo, la nueva vaca para el hombre nuevo
    sólo daba lástima.

    El otro inspirado esfuerzo por acercarnos al realismo fue la orden de
    contar cada cierto tiempo las vacas de los guajiros, a ver cuántas les
    iban quedando. Para facilitar la cosa, ordenaron nuestros caciques que
    cada vaca llevara una especie de arete en una de las orejas. Es como su
    carnet de identidad. Intransferible y de uso inexcusable. Ya sabemos que
    todo ciudadano que aquí salga a la calle sin el carnet de identidad,
    corre el riesgo de ir a parar a un calabozo de la policía. Tenemos
    suerte, con respecto a las vacas, pues si éstas salen al potrero sin su
    arete, pueden ir a parar al comedor de una estación de policía.

    Un guajiro al que conocí solía esconder de vez en cuando alguno de los
    hijos de sus vacas para que las autoridades no le engancharan el arete.
    Si no había arete, no había ternero. Y ya que éste no era real, podía
    convertirlo en reales bisteques para su familia sin arriesgarse a que lo
    condenaran a ocho años de cárcel, que es lo estipulado por la ley contra
    cualquier guajiro que incurra en el grave delito de sacrificar una de
    sus propias reses para dar de comer a la familia.

    Como se ve, la iniciativa de los aretes tampoco fue eficaz del todo, no
    sólo porque los guajiros escondían sus terneros. También, y sobre todo,
    porque el número de ladrones de vacas empezó a crecer en la misma medida
    en que la gente de las ciudades perdía todo contacto con lo que es el
    realismo, según Woody Allen. Fueron tantos los ladrones que, sin ponerle
    aretes, se hizo más fácil contarlos que a las vacas. Y para colmo, las
    pérdidas empezaron a resultar dobles, ya que los ladrones cargan con las
    vacas y además con sus aretes.

    No obstante, los aretes conservan plena vigencia. Incluso, como se ve,
    han pasado a formar parte de eso a lo que llaman el nuevo modelo de la
    economía socialista en Cuba. Lo primero es lo primero. Y lo primero en
    este caso es contar las vacas, a ver si queda alguna. Pero no hay que
    perder la esperanza. Todo nos indica que el asunto está a cargo del
    mismísimo José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del partido
    comunista. Y nada es más efectivo, para actualizar un viejo modelo, que
    ponerlo en sus manos rejuvenecedoras.

    Source: La utopía del cubano: un bistec con papas fritas | Cubanet –
    https://www.cubanet.org/opiniones/la-utopia-del-cubano-un-bistec-con-papas-fritas/

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