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    Aislacionismo contra internacionalismo en EEUU

    Aislacionismo contra internacionalismo en EEUU
    CARLOS ALBERTO MONTANER | Miami | 2 Ago 2015 – 7:22 am.

    El internacionalismo no está permanentemente agotado. Solo se ha apagado
    provisionalmente.

    Estados Unidos se recoge. Pasa cada cierto tiempo. Existe en el país una
    vieja pulsión hacia el aislacionismo que comienza con George Washington
    y resurge intermitentemente. Mind your own business es la frase más
    norteamericana posible: “ocúpese de sus propios asuntos”.

    Barack Obama se mueve en esa dirección. Llegó al poder decidido a
    cancelar las dos guerras (Irak y Afganistán) en las que su país se había
    empantanado. Casi lo ha logrado (con el aplauso de la mayoría, todo hay
    que decirlo). El entusiasmo bélico de los norteamericanos es como las
    series de televisión: dura 13 semanas.

    De acuerdo con un estudio publicado por Heritage Foundation, cuando
    Obama se despida del poder en 2017 el ejército tendrá apenas 450.000
    soldados dispuestos a pelear, incardinados en 30 brigadas de combate.
    Seguirá siendo la fuerza militar más importante del planeta,
    probablemente invencible, pero será un 20% menor de lo que era cuando
    Obama se convirtió en su Comandante en Jefe.

    Obama quería cerrar la cárcel de Guantánamo y antes de terminar su
    mandato acabará devolviendo esas instalaciones militares a los Castro.
    Su nueva política cubana consiste en eliminar unilateralmente cualquier
    vestigio de hostilidad militante hacia la dictadura aunque sacrifique a
    los demócratas cubanos. Eso quiere decir su cancelación del objetivo de
    “cambiar el régimen”.

    Sus acuerdos con Irán van en la misma dirección. A la Casa Blanca no le
    importa debilitar hasta la extenuación sus relaciones con Israel a
    cambio de cancelar los conflictos con los ayatolás. Ni siquiera le
    preocupa excesivamente que saudíes, egipcios y turcos acaben
    desarrollando bombas atómicas sunníes para oponerlas a las chiítas que
    inevitablemente fabricará Teherán.

    Esta tendencia aislacionista arraiga en la autopercepción de la clase
    dirigente de Estados Unidos. Para los Padres Fundadores “el pueblo
    americano” (los blancos, claro) estaba formado por una sociedad
    compuesta por personas pacíficas dedicadas al trabajo en el campo y al
    comercio. Esa era la visión de Thomas Jefferson. Una dulce Arcadia
    rural. Pensaba que su país debía ejercer una gran influencia
    internacional, pero por el ejemplo de sus virtudes republicanas y no por
    la fuerza.

    Aunque había otras visiones. En la primera mitad del siglo XIX se
    afianzaron los idealistas, muy dentro de la filosofía política inglesa
    de la época. Estos norteamericanos creían en el carácter diferente de
    Estados Unidos. Era una nación distinta escogida por la Providencia para
    mejorar a los seres humanos. El país estaba llamado a guiar al mundo
    hacia el desarrollo, la democracia, la ley y la libertad.

    En 1839 un periodista acuñó la expresión: el destino manifiesto. La
    nación debía civilizar al planeta. La consigna sirvió para justificar la
    anexión de Texas y del norte de México. También se trataba de una
    responsabilidad racial. Los blancos debían cargar con el peso de esa
    obra civilizadora. En 1899, Ruyard Kipling escribió unos versos
    defendiendo la grandeza de la conquista de Filipinas por Estados Unidos,
    arrebatada a España: “The White man’s burden”. A Teddy Roosevelt le
    pareció un mal poema, pero una excelente coartada política.

    Poco antes, en 1893, los colonos norteamericanos, aliados a los
    misioneros religiosos, le habían dado un injustificado aunque incruento
    golpe militar a la muy creativa reina hawaiana Liliuokalani, escritora y
    compositora. El presidente norteamericano Grover Cleveland se horrorizó
    y se negó a aceptar el cuartelazo. Le tocó a su sucesor William McKinley
    incorporar el archipiélago al territorio de Estados Unidos y extenderles
    la ciudadanía a sus habitantes.

    Sin embargo, no fue hasta 1959, dos años antes del nacimiento de Obama,
    que Hawai se convirtió en el 50 estado de la nación. Siempre he pensado
    que el factor hawaiano debe haber pesado mucho en la percepción que
    tiene el presidente de la historia de su país y de su propio papel
    dentro de ese relato. ¿Qué tiene que ver un hawaiano birracial, hijo de
    un keniano, pasado por Indonesia, con John Adams o con Andrew Jackson?

    En Hawai uno no nace y crece celebrando a la nación sino conmemorando
    rencorosamente el pecado imperialista original. El territorio es lejano
    y diferente al estereotipo estadounidense, la composición étnica es
    distinta, nunca hubo esclavitud ni Guerra Civil, y la regla general es
    el mestizaje. Hasta Pearl Harbor, era un Estado sin batallas y sin
    héroes gloriosos que prefería el hulahula a las marchas militares.

    Dentro de esas circunstancias, era predecible que Obama basculara hacia
    el aislacionismo, como hoy sucede con medio país. Por supuesto,
    eventualmente el péndulo se trasladará en la otra dirección y otros
    gobernantes, como en su momento hicieron Harry Truman y John F. Kennedy
    durante la Guerra Fría, asegurarán que la misión de Estados Unidos es
    defender la libertad en el mundo. El internacionalismo no está
    permanentemente agotado. Solo se ha apagado provisionalmente.

    Source: Aislacionismo contra internacionalismo en EEUU | Diario de Cuba
    http://www.diariodecuba.com/internacional/1438481962_16083.html

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