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    Las vacaciones de los chicos de La Mota

    Las vacaciones de los chicos de La Mota
    VICENTE MORÍN AGUADO | La Habana | 11 Jul 2015 – 9:17 am.

    Niños y adolescentes de la llanura Habana-Matanzas dedican el verano a
    trabajar en el campo para ayudar a la familia y pagarse sus gastos.

    La Mota es el arroz listo para el trasplante un mes después de sembrado.
    La llanura de tierras rojas Habana-Matanzas ofrece al sur extensas zonas
    bajas donde puede cultivarse el cereal básico de los cubanos. Allí
    abundan pequeños poblados rodeados de charcas y canales, en tales
    parajes nos encontramos con los chicos de la Mota.

    Un rabujo apodado “El Negro” chocó de entrada con la cámara. Lo del
    color es quizás su piel achicharrada bajo el sol implacable de cada
    jornada. Él y sus compañeros entran al fango con un pantalón corto como
    única indumentaria. Deberán doblar una y mil veces la espalda hasta casi
    tocar el agua con la nariz, arrancando plantas que luego fijarán en otro
    terreno similar.

    “Estas son mis vacaciones, todo para mamá porque papi se fue hace tiempo
    y, según me dicen, no se sabe cuándo vuelve. Me busco 200, 300 pesos a
    la semana, también está mi hermanita. Los hombres me tratan bien y yo
    trabajo de tú a tú, ayudo en todo”.

    ¿Y la escuela?: “Terminé bien el cuarto, tengo una buena maestra, ahora
    está la Mota y no puedo perder la oportunidad”.

    Hay otros chicos de entre 14 y 16 años. Los semi-dueños de cada terreno
    pagan 100 pesos moneda nacional por cada cordel (24/24 metros)
    finalmente sembrado, listo a cosecharse cuatro meses después si tienen
    la buena suerte de escaparse de un ciclón tropical.

    Estamos en verano, oficialmente de vacaciones escolares, “Pitín” tiene
    15 años, una novia en Cruces, Aguada o Jagüey Grande, los pueblos
    cercanos si valoramos que 20 kilómetros no es mucha distancia en estos
    parajes. “Estoy ahorrando para un celular; también hay que invitar a las
    mujeres, si estás flojo de bolsillo no hay jeva, te quedarás solapeado”.

    Las brigadas de la Mota reúnen entre 10 y 12 trabajadores, siempre
    aparecen tres o cuatro chicos junto a los mayores. Son pueblos pequeños,
    tal vez 500 habitantes, entonces todo queda en familia. Padres,
    hermanos, primos arman una cooperativa eventual porque la resiembra de
    arroz ocurre dos veces al año durante un mes a lo sumo.

    Acudo a un vecino del lugar, uno de los tantos caseríos que salpican la
    llanura junto a la autopista nacional entre La Habana y Santa Clara: “La
    variedad arrocera de mayor rendimiento actual es el Proce-15, más-menos
    25 quintales para diez cordeles, pagadas las 100 libras a 292 pesos por
    el Estado y te queda el extra de las cáscaras en calidad de alimento
    animal. Sumarás con buena suerte 6.000 pesos para una cosecha. Da para
    sobrevivir, nada más”.

    Claro, aunque predominan los pequeños productores —no más allá de una
    hectárea porque el arroz requiere terreno y preparaciones previas
    especiales—, no faltan cosecheros capaces de abonar 100 hectáreas y más;
    es decir, bastaría la anterior cifra para alcanzar 60.000 pesos por cada
    siega y entonces comienza a valer la pena. Aparecen los pagos sin
    distinciones personales para quienes estén dispuestos a embarrarse en
    los arrozales.

    Durante tres días visité los campos, nunca faltó “El Negro” al desmote o
    la posterior resiembra. Fue difícil hablarle porque no le parecía bien
    detener su marcha paciente dentro del inmenso rectángulo acuático. Si
    por su escaso tamaño cargaba menos, entonces su agilidad infantil suplía
    la merma con más idas y regresos.

    No hay lágrimas a pesar del sacrificio, mejor es pensar que cada sábado
    habrá feria en Aguada de Pasajeros y allí irán ellos, tan precoces
    como en el trabajo, al encuentro de los rones y las chicas.

    “Una vez al año no hace daño, periodista”, bueno, así dice el refrán
    aunque sean al menos dos veces, ¿Y el resto del tiempo?: “A luchar, a
    buscársela a como dé lugar”.

    ¿Luchar? —reflexiono— más de un hombre por estos terruños padece hoy
    años de cárcel por hurto y sacrificio de ganado mayor. Otros, mujeres
    incluidas, se arriesgan traficando queso de contrabando hacia La Habana.

    Por ahora el arroz se venderá finalmente al precio estatal controlado de
    cinco pesos la libra en los mercados urbanos, muchos descuentos partirán
    de esa cifra hasta que finalmente puedan pagarse sus vacaciones los
    chicos de la Mota.

    Source: Las vacaciones de los chicos de La Mota | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1436553531_15621.html

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