Carceles en Cuba
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    Las “penurias” de Fidel Castro en prisión

    Las “penurias” de Fidel Castro en prisión
    “Dormimos con la luz apagada, no tenemos recuentos ni formaciones en
    todo el día, nos levantamos a cualquier hora (…) Agua abundante, luz
    eléctrica, comida, ropa limpia, y todo gratis”
    viernes, mayo 15, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

    GUANTÁNAMO, Cuba. -Este 15 de mayo se cumplen 60 años de la
    excarcelación de los moncadistas. El ataque al cuartel Moncada es
    calificado por muchos como un acto terrorista. Más allá de los
    calificativos, siempre discutibles, quienes se han encargado de loar a
    la generación levantisca y denigrar a los oficiales del ejército de
    entonces, nada dicen de los soldados ultimados esa madrugada de
    carnaval. Fueron 19 los militares caídos, pero sus nombres no cuentan
    para los historiadores oficialistas.

    ¿Qué pasaría si hoy un grupo de cubanos, hastiado de la discriminación
    política y los abusos, ataca una unidad militar? ¿Recibirían sanciones
    tan benignas como las aplicadas a los moncadistas? ¿Les permitirían
    estar unidos en la cárcel y apartados de los presos comunes? ¿Serían
    amnistiados?

    La “cruel” prisión de los moncadistas

    En los artículos que los testaferros del castro comunismo han escrito
    sobre el suceso se enfatiza en lo “cruel” que fue la prisión para los
    moncadistas durante el año y nueve meses que estuvieron recluidos. Da
    vergüenza leer eso al compararlo con lo que después tuvieron que sufrir
    –y aún sufren- muchos opositores al régimen.

    En el libro “La prisión fecunda”, publicado en 1980, el historiador
    Mario Mencía afirma que Melba Hernández y Haydeé Santamaría fueron
    condenadas a siete meses por su participación en ese hecho, una
    sentencia que asombra al compararla con las que actualmente aplican a
    las valerosas mujeres que se atreven a levantar su voz contra el
    régimen. Baste decir que hace poco Sonia Garro permaneció más de un año
    en prisión en espera de juicio.

    Al llegar a la cárcel de mujeres de Guanajay a Melba y Haydeé no sólo
    les permitieron hacer una llamada telefónica para informar a sus
    familiares sino que les arreglaron un local compuesto por un dormitorio,
    una cocina, un baño y un comedor, les permitieron recibir toda clase de
    libros, visitas de familiares y amigos y estuvieron siempre separadas de
    las presas comunes. Añado que antes de 1959 sólo 3 mujeres fueron
    condenadas por razones políticas, todas durante la dictadura de Batista,
    una cifra insignificante si la comparamos con lo que ocurrió después de
    1959.

    Los 27 moncadistas fueron remitidos al Presidio Modelo de Isla de Pinos
    y separados de los presos comunes, algo que jamás ha hecho el
    castro-comunismo con los presos políticos. El señor Mencía afirma que
    esa cárcel era un infierno, que tenía 460 celdas para 930 penados y que
    sólo había 3 duchas y 2 inodoros para 25 hombres. Me gustaría, si es que
    aún vive, que el señor Mencía viera el destacamento 2C de la prisión de
    Guantánamo, donde estuve preso entre 1999 y el 2003, un local construido
    para 90 hombres y que en esa fecha llegó a albergar hasta trescientos,
    muchos de ellos durmiendo en el piso, con sólo dos huecos para defecar y
    dos duchas. O que viera las celdas tapiadas donde están confinados los
    presos políticos. ¿Escribiría sobre eso el señor Mencía?

    A los moncadistas -según Mencía- se les permitió tener una hornilla
    eléctrica, una biblioteca con más de 600 libros, leer hasta después de
    la hora del recuento a las 10 de la noche, practicar ping pong y
    voleibol y formar una academia ideológica en la cual discutían todo tipo
    de temas sin intervención de las autoridades del penal. Fidel Castro
    tuvo a su disposición un radio marca Silvestone. Sesenta años después
    ningún preso político cubano disfruta de dichos beneficios.

    En la página 76 del libro mencionado aparece una carta de Fidel fechada
    el 4 de abril de 1954, donde escribió: “Me voy a cenar: spaghetti con
    calamares, bombones italianos de postre, café acabadito de colar y
    después un H. Upman 4. ¿No me envidias? Me cuidan, me cuidan un poquito
    entre todos… No le hacen caso a uno, siempre estoy peleando para que no
    manden nada. Cuando cojo sol por la mañana, en shorts y siento el aire
    de mar, me parece que estoy en una playa, luego un pequeño restaurante
    aquí. ¡Me van a hacer creer que estoy de vacaciones! ¿Qué diría Carlos
    Marx de semejantes revolucionarios?”.

    La permisividad de las autoridades alentó tanto a los reclusos que sus
    familiares les compraron un refrigerador.

    En otra carta de agosto de 1954, pág. 149, el déspota en ciernes
    escribió: “La limpieza corresponde al personal de la prisión, dormimos
    con la luz apagada, no tenemos recuentos ni formaciones en todo el día,
    nos levantamos a cualquier hora; mejoras éstas que yo no pedí, desde
    luego. Agua abundante, luz eléctrica, comida, ropa limpia, y todo gratis”.

    El presunto aislamiento

    El presunto aislamiento de los moncadistas es otra falsedad pues en el
    citado libro consta que el 9 de julio de 1954 Bohemia publicó una
    entrevista a Fidel Castro con el título “Los presos políticos en Isla de
    Pinos”.

    Las madres de los reclusos formaron el grupo de Madres Cubanas que
    devendría el Comité de Familiares Pro Amnistía de los Presos Políticos.
    Ellas jamás fueron golpeadas por luchar por la libertad de sus
    familiares, mucho menos detenidas o difamadas como hoy hace el gobierno
    en contra de las dignísimas Damas de Blanco.

    El 25 de marzo de 1955 la revista Bohemia publicó un documento de los
    moncadistas dirigido al pueblo cubano y en varias ocasiones fueron
    visitados por altos funcionarios del régimen. El castro-comunismo jamás
    ha permitido esa libertad a sus opositores.

    Las enseñanzas de un error político

    El error de los políticos de entonces fue creer que al amnistiarlos los
    moncadistas renunciarían a la vocación violenta que anunciaban
    nítidamente las cartas escritas por Fidel Castro desde su cómoda prisión.

    La dictadura disfrazada de revolución que impuso aquél joven de
    supuestos nobles ideales tiene ya 56 años. Él y su hermano aprendieron
    muy bien la lección. Ojalá algún día el pueblo cubano aprenda que el
    mejor líder de un país es el respeto a la institucionalidad y,
    consecuentemente, cree los mecanismos necesarios para que jamás volvamos
    a padecer otra dictadura.

    Source: Las “penurias” de Fidel Castro en prisión | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad-destacados/la-prision-que-sufrio-fidel-castro/

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