Carceles en Cuba
Calendario
May 2015
M T W T F S S
« Apr   Jun »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Archives
Recent Comments

    El racismo

    El racismo
    NICOLÁS PÉREZ

    En ocasiones ocurren cosas, incluso aparentemente insignificantes, que
    pueden aclarar y cambiar nuestros criterios.

    En una ocasión estaba en mi celda 84 del cuarto piso de la Circular Uno
    que compartía con Manino Gómez y Eraise Martínez pensando en las
    musarañas, y de pronto, veo que Eraise tira un libro que estaba leyendo
    contra la pared y dijo: “Esto es deprimente, horrible”. Recojo el libro
    del suelo y al día siguiente comienzo a leerlo con curiosidad. Cuando
    termino de hacerlo, también lo tiro contra la pared indignado.

    El libro era Arrodillaos ante el sol naciente, de Erskaine Caldwell, una
    de las obras maestras de la literatura norteamericana.

    Los libros y las películas si te dejan indiferentes son mediocres; si te
    indignan y golpean, dan una medida de la calidad de la obra.

    En mi retiro no me separo del televisor viendo el 97% de mi tiempo
    películas de Hollywood que son pura basura, pero en ocasiones, hay
    algunas que valen la pena y me involucro en ellas. Hoy voy a adentrarme
    en un territorio que solo es capaz de hacerlo con tanta genialidad mi
    amiga y admirada Gina Montaner, nadie es capaz de cubrir el cine como lo
    hace ella.

    En esta ocasión me refiero a la película Fruitvale Station, dirigida por
    Ryan Coogler. Mi obsesión es tanta sobre el tema de Cuba, que con un
    egoísmo nacionalista profundamente errado, he estado ausente en mis
    análisis de lo que ocurre en el mundo y en los propios Estados Unidos.

    Hoy una película me ha devuelto a la realidad que me rodea, me ha
    conmovido e indignado, sobre la frecuente brutalidad policial que llega
    hasta a los asesinatos de afroamericanos a todo lo largo y ancho de este
    país, algunos con plena impunidad y que ocurren con una frecuencia
    alarmante.

    ¿Quiénes son los culpables? ¿La policía, los que los dirigen o acaso una
    minoría afortunadamente mínima de jueces que a la hora de juzgar toman
    partido por la fuerza pública y en contra de los afroamericanos porque
    llevan en su interior prejuicios raciales?

    Fruitvale Station no solo cuenta el asesinato de Oscar Julius Grant de
    22 años en Hayward, California, el 1 de enero del 2009 a sangre fría por
    un policía, estando desarmado e impotente, sino que al oficial del orden
    público lo acusaron de homicidio involuntario, fue condenado a 2 años y
    cumplió 11 meses. ¿Destruir la vida de un inocente vale solo once meses?

    Fruitvale Station no es una gran producción, no hace malabarismos de
    diálogos, ni divide a los personajes entre santos y perfectos canallas,
    su impacto reside en su sencillez e imparcialidad.

    El hombre ejecutado por un policía es alguien con virtudes y defectos,
    el típico afroamericano que quiere transformar su vida pero las
    circunstancias no se lo permiten. Esta película me llevó a pensar que la
    gran desgracia del afroamericano en este país no es el color de su piel
    sino sus niveles de pobreza.

    Oscar Julius Grant no un fue un santo. Amaba a su familia con adoración,
    pero le fue infiel a su esposa. Pierde su trabajo por sus propias
    irresponsabilidades, incluso se alude que por ayudar a una hermana a
    pagar el alquiler de su casa rozó ligeramente la venta de drogas
    menores, aunque ninguna droga es menor.

    Esta película me angustió y llevó a entender que la gran razón de la
    tragedia de los afroamericanos no es ni siquiera el color de su piel,
    sino su falta de oportunidades para salir adelante.

    Cuando eligieron presidente a Barack Obama, pensé para mis adentros que
    esto podía ser el principio del fin de la discriminación racial en los
    Estados Unidos. Hoy pienso que, irónicamente, el hecho de tener un
    presidente afroamericano ha acrecentado en este pueblo el odio de un
    segmento de la población, inexplicable y absurdo, porque llevan el
    racismo en el tuétano de los huesos.

    En mi niñez, en Cárdenas, pueblo donde me crié, existían las diferencias
    culturales, sociales y económicas, pero no raciales. Un diferente color
    de piel no marcaba ninguna diferencia, ni recuerdo ningún acto de
    despreciable racismo en Cárdenas. Ya en mi juventud llego a la cárcel, y
    allí no había blancos ni negros, solo presos, todos iguales frente a la
    Guanina, la bayoneta y la salvajada comunista.

    He tenido muchos amigos, pero una sola inmensa amiga que desde hace más
    de siglo no la llamo por su nombre, la llamo “mi hermanita”. Nos
    hablamos por teléfono frecuentemente y nos visitamos, le cuento todas
    mis alegrías y dolores como no hago con nadie. Y cuando me casé con La
    China, porque la sentía tremendamente cerca la escogí a ella y a su
    esposo entre tantas amistades entrañables como padrinos de nuestra boda.

    Ella y yo no tenemos el mismo color de piel, pero tenemos lo que
    realmente importa, el mismo color del alma.

    Source: NICOLÁS PÉREZ: El racismo | El Nuevo Herald El Nuevo Herald –
    http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article20756229.html

    Tags: , , , ,

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *