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    ‘Rompiendo el silencio’, cómo se logró la encuesta secreta dentro de Cuba

    ‘Rompiendo el silencio’, cómo se logró la encuesta secreta dentro de Cuba
    GLENN GARVIN GGARVIN@MIAMIHERALD.COM
    04/09/2015 2:00 AM 04/09/2015 8:44 AM

    El encuestador de Miami Fernand Amandi estaba mirando un noticiero en la
    televisión poco después de que se iniciara el histórico anuncio del
    deshielo de las relaciones entre Washington y La Habana el pasado
    diciembre, cuando vio al gobernante cubano Raúl Castro desestimar una
    sugerencia de que los disidentes de la isla serían ahora escuchados con
    mayor respeto por su gobierno. ¿Por qué deberíamos hacerlo?, dijo
    Castro. Ellos no representan a nadie. Ellos no hablan a nombre de los
    cubanos.

    A Amandi se le ocurrieron dos ideas en seguida. La primera fue: en un
    país que no ha celebrado elecciones libres en más de 50 años, ¿quién
    sabe qué es lo que piensan en realidad los cubanos? La segunda fue: ¿por
    qué no les preguntamos?

    Dos meses más tarde, un escuadrón de encuestadores que trabajaban para
    su compañía, Bendixen & Amandi International (B&A), se esparcieron en
    secreto por toda Cuba y llevaron a cabo 1,200 entrevistas para lo que
    sería el primer sondeo a nivel nacional en ese país llevado a cabo por
    una firma encuestadora privada independiente desde que Fidel Castro
    tomara el poder en 1959.

    “Estamos muy, muy orgullosos de este trabajo”, dijo Amandi del sondeo,
    publicado el miércoles por sus clientes, el Washington Post y las redes
    televisivas Univisión y Fusión. “Hemos hecho encuestas difíciles
    anteriormente, pero esta presentó para nosotros algunos obstáculos
    extremadamente inusuales”.

    Tres de los 18 entrevistadores cubanos de B&A renunciaron por miedo
    durante su entrenamiento. Otros tres tuvieron que evadir a la policía
    tras haber sido denunciados por ciudadanos cubanos que entraron en
    sospechas sobre sus preguntas. Para cumplir la meta de B&A de reunir
    información de las 15 provincias cubanas además de la Isla de la
    Juventud, algunos de los encuestadores tuvieron que viajar hasta 10
    horas en ómnibus destartalados para hacer apenas 10 entrevistas.

    Hacer sondeos de opinión en cualquier país del Tercer Mundo, donde las
    herramientas principales del encuestador —los teléfonos y datos de censo
    sólidos sobre la composición demográfica— suelen ser poco confiables es
    siempre una tarea difícil. Pero en Cuba, donde las encuestas son
    ilegales y la represión política hace riesgoso responder a las preguntas
    de un extraño, es una tarea realmente titánica.

    “Cuba es una sociedad cerrada y estrechamente vigilada”, dijo Tom
    Garrett, vicepresidente del Instituto Republicano Internacional (IRI),
    una sucursal del Fondo Nacional de EEUU por la Democracia —cuyo personal
    está compuesto en gran medida por republicanos— la cual ha llevado a
    cabo sus propias encuestas en Cuba. “Es uno de los lugares más difíciles
    en que hemos trabajado”.

    Las dificultades de hacer encuestas —en particular, la falta de buena
    información demográfica y la dificultad de contratar entrevistadores
    confiables— había hecho abortar otros dos planes incipientes de B&A de
    trabajar en Cuba, en el 2006. Amandi se muestra reacio a decir
    exactamente lo que cambió por temor a que divulgar los detalles de su
    operación pueda poner en peligro los planes de la compañía de volver a
    hacer encuestas en Cuba en el futuro.

    “Sólo puedo decirles que contábamos con información demográfica en la
    que podíamos confiar, y tuvimos un proceso de investigación de
    antecedentes en el que también podíamos confiar, para asegurar que la
    confidencialidad de las personas que entrevistamos fuera protegida”, afirmó.

    El encuestador venezolano Joaquín Pérez Rodríguez ayudó a diseñar el
    sondeo de 79 preguntas, el cual comenzaba con preguntas poco
    controversiales tales como “¿qué le gustaría lograr en los próximos
    cinco años?”, para ir llegando a otras potencialmente problemáticas como
    “¿usted tiene una opinión positiva o negativa de Fidel Castro?”. Otra
    compañía encuestadora, CIS-México, se encargó de dirigir las operaciones
    en la isla, contratando y entrenando a los cubanos que harían las preguntas.

    Directivos de B&A no quisieron revelar exactamente lo que se le dijo a
    los entrevistadores de para quién llevarían a cabo el sondeo, o lo que
    ellos, por su parte, dijeron a los ciudadanos cubanos que aceptaron
    responder a sus preguntas. Pero sí dijeron que el entrenamiento había
    llevado tiempo.

    “Puesto que no podíamos llevar a los encuestadores a un hotel sin ser
    expuestos (ya que en todos los hoteles hay personal del gobierno que
    informan de todos los detalles), tuvimos que alquilar habitaciones y
    casas por distintos lugares del país para capacitar de forma individual
    a los entrevistadores”, dijo Fernando Civera, director del proyecto por
    parte de CIS-México.

    Aun así, el entrenamiento se hizo de uno en uno en vez de en grupo, de
    modo que si un encuestador era capturado, no pudiera identificar a los
    demás. Ninguno de los encuestadores sabía quién más estaba participando.

    Un sondeo similar en Estados Unidos o Europa, donde algo más del 99 por
    ciento de las familias tienen teléfono, hubiera sido llevado a cabo por
    teléfono usando lo que encuestadores llaman marcación aleatoria o
    llamadas telefónicas aleatorias (RDD). Pero los teléfonos son mucho
    menos comunes en Cuba, especialmente en las provincias fuera de La
    Habana, y los encuestadores dudaron de que nadie estuviera dispuesto a
    hablar honestamente de política con cualquier desconocido que los
    llamara por teléfono.

    En lugar de eso, usaron una técnica conocida como “ruta aleatoria”, en
    la cual ciertas direcciones se establecen como “puntos de muestra”. A
    partir de las mismas, los encuestadores se dispersan en todas
    direcciones para visitar, por ejemplo, una casa cada tres para una
    entrevista cara a cara.

    Tras una semana de prueba en la que se llevaron a cabo con éxito 100
    entrevistas en tres provincias, los entrevistadores pasaron a trabajar
    en serio entre el 17 y el 27 de marzo. A medida que enviaban
    electrónicamente sus reportes encriptados desde los cafés de Internet de
    Cuba, los encuestadores se encantaron con los resultados, los cuales
    mostraban las mismas tendencias generales sin importar de qué provincia
    o qué entrevistador procedían.

    “Eso fue una buena indicación de que el sondeo no había sido
    comprometido en modo alguno”, dijo Civera. Algunas de las entrevistas
    fueron grabadas, con la autorización de los entrevistados, de modo que
    los encuestadores pudieran comprobar al azar que las preguntas fueran
    hechas correctamente y sin señales de parcialidad, y eso también fue
    tranquilizador”.

    “Fue tremendo escuchar las grabaciones, oír la manera tan directa en que
    la gente daba sus opiniones”, dijo Fernando A. Amandi, otro asociado de
    B&A que trabajó en el sondeo. “Durante 55 años, el pueblo estuvo en
    completo silencio. Y de pronto, aquí están sus voces, salidas de la
    oscuridad”.

    También hubo indicaciones de que, en un mundo todo interconectado, Cuba
    sigue estando desconectada en gran medida. “Una de las preguntas fue:
    ¿qué celebridad te gustaría que visitara Cuba?” dijo Fernando A. Amandi.
    “Por poco me caigo de la silla cuando una de las personas respondió:
    ‘Michael Jackson’”.

    No todas las noticias fueron buenas. “Unos tres o cuatro días después
    del comienzo, nos enteramos de que tres de nuestros entrevistadores
    habían sido detenidos”, dijo Amandi. “Ese fue un momento realmente
    terrible. No sólo es que temiéramos que se pusiera en peligro el sondeo,
    sino además la carga moral de que algo que habíamos establecido
    resultara en que la gente fuera a la cárcel”.

    Pero los encuestadores descubrieron pronto que en realidad nadie había
    ido a la cárcel. Uno de los entrevistadores se había visto envuelto en
    una pelea a puñetazos con un ciudadano a quien las preguntas le
    despertaron sospechas; otro se dio a la fuga, y un tercero resolvió el
    problema pagando un soborno en seguida.

    Ninguno de los incidentes, al parecer, fue reportado a la policía. Pero
    los mismos presentan cuestionamientos evidentes sobre la confiabilidad
    de un sondeo llevado a cabo en un país totalitario donde expresar una
    opinión contraria a la del gobierno puede traer como resultado cualquier
    cosa, desde la pérdida de la libreta de abastecimientos a una condena de
    cárcel.

    Existen relativamente pocos antecedentes de sondeos llevados a cabo en
    países comunistas, aunque hay cierta evidencia de que el gobierno cubano
    ha hecho en ocasión sus propias encuestas para medir la opinión pública.
    Uno de esos escasos intentos se hizo durante las elecciones de 1990 en
    Nicaragua, cuando los marxistas sandinistas estaban todavía en el poder,
    y la misma tuvo como resultado uno de los mayores desastres en la
    historia de las encuestas.

    Varios encuestadores estadounidenses (entre ellos Sergio Bendixen, el
    presidente de B&A) pronosticaron victorias abrumadoras por 15 puntos de
    porcentaje o más para los sandinistas. En lugar de eso, ellos perdieron
    por 14 puntos de porcentaje. Un experimento de sondeo llevado a cabo por
    el Centro de Investigaciones de Sondeo de la Universidad de Michigan
    durante las elecciones puso en evidencia la probable razón para ello.

    Para un tercio de sus 900 entrevistas, los encuestadores de Michigan
    llevaban bolígrafos con los colores rojo y negro del partido sandinista.
    Un segundo grupo llevaba bolígrafos azul y blanco, los colores de la
    oposición. Y un tercero llevaba bolígrafos en colores neutrales.

    El resultado: los grupos de encuestadores que llevaban los bolígrafos
    sandinistas y los neutrales obtuvieron resultados erróneos que mostraban
    una victoria sandinista abrumadora. Los que llevaban las plumas con el
    azul y blanco de la oposición obtuvieron cifras que mostraban una
    victoria de la oposición por un margen muy cercano al verdadero.

    “Quedó muy en claro la inferencia de que se desconfiaba de los
    encuestadores mismos”, dijo al Miami Herald la semana pasada Howard
    Schuman, jefe ahora retirado del Centro de Investigaciones de Sondeo que
    llevó a cabo el experimento. “Los votantes miraron los bolígrafos y les
    dijeron lo que pensaron que los encuestadores querían escuchar. Y la
    desconfianza era tan fuerte que incluso se transmitió hacia los
    encuestadores con bolígrafos de colores neutrales.

    “Yo no sé mucho sobre Cuba, y no sé cuán libremente la gente puede
    hablar allí. Imagino que muchas de las personas que hablan más
    libremente habrán salido del país o estarán en la cárcel. Pero es de
    esperar que un sondeo llevado a cabo allí enfrentaría algunos de los
    mismos problemas que encontramos en Nicaragua”.

    “Eso es un problema muy difícil en Cuba”, estuvo de acuerdo Dan Fisk,
    director de operaciones del IRI, el cual ha llevado a cabo ocho sondeos
    en la isla. “Siempre hay que tener mucho cuidado. Las personas con las
    que hablan siempre están calculando: ‘¿Quién es esta persona, y por qué
    me está haciendo estas preguntas, y qué debo decir?’”.

    Para ayudar a neutralizar sospechas, los entrevistadores del IRI nunca
    dicen que están llevando a cabo un sondeo. En lugar de eso, ellos hacen
    sus preguntas durante conversaciones casuales en paradas de ómnibus y
    otros lugares públicos.

    Los entrevistadores de B&A encontraron cierta evidencia de desconfianza.
    “El cubano en general contesta amablemente las encuestas, si bien, como
    se aprecia en los resultados, en algunas preguntas sienten miedo de
    hacerlo, puesto que las tasas del ‘No sabe o no contesta’ son más
    elevadas en algunas respuestas”, dijo Civera.

    No obstante, Amandi considera que en la mayoría de los casos sus
    entrevistadores vencieron cualquier cautela de parte de los cubanos que
    entrevistaron. “Mira, la mitad de la gente dijeron que no aprobaban a
    Raúl Castro”, señaló. “La mitad dijeron que no aprobaban a Fidel Castro.
    Obama recibió muchísimas respuestas positivas. ¿Cuánto miedo pueden
    haber tenido?”.

    Source: ‘Rompiendo el silencio’, cómo se logró la encuesta secreta
    dentro de Cuba | El Nuevo Herald El Nuevo Herald –
    http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article17895005.html

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