Carceles en Cuba
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    Morir por la boca como el pez

    Morir por la boca como el pez
    ¿Quién, ante la necesidad de acompañar el cotidiano arroz con frijoles
    que “nos toca” por la bodega, no ha comprado alimentos en mal estado o
    adulterados con sustancias dañinas? No pocos terminan en el hospital
    miércoles, febrero 11, 2015 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba. — (Cuba Sindical) Alimentarse bien en Cuba es una
    utopía y comer cualquier cosa una peligrosa tentación. Muchos de los
    actuales vendedores de alimentos por cuenta propia, como quienes laboran
    en establecimientos estatales o en tiendas recaudadoras de divisas,
    comercian productos adulterados o vencida la fecha de caducidad.

    Aquí no son los atentados, la religión o las etnias los que te pueden
    mandar al más allá o dejarte hecho polvo en el más acá, sino la
    necesidad o el deseo de hacer cinco pesos que les permita llevarse un
    trozo de boniato a la boca, o presumir de que poseen más dinero que Bill
    Gates o un príncipe sultán saudí.

    La falta de escrúpulos de no pocos , el ansia de sobrevivir de muchos
    aunque para eso tengan que joder a los demás, se juntan a la hora de
    improvisar o adulterar alimentos que actúan como bombas dentro del
    estómago, subvierten el sistema nervioso central, y dejan secuelas de
    por vida en el consumidor.

    Los once muertos y decenas de lesionados que provocó la venta de alcohol
    metílico como ron casero en Marianao (Café fuerte, 28 de junio de 2014),
    evidencian el afán de lucro que pervierte a ciudadanos del país, aunque
    14 de los principales implicados recibieran condenas de hasta treinta
    años de cárcel.

    Pero sin ser los primeros ni los últimos que mueren por ingerir bebidas
    alcohólicas bautizadas por el pueblo como Pisotón de Mamut o Jim de la
    selva por el efecto que causan entre los tomadores, la masividad del
    hecho conmocionó a la población e hizo que las autoridades actuaran con
    severidad.

    Sin embargo, en Cuba no sólo los bebedores mueren por la boca como el
    pez. ¿Quién, ante la necesidad de acompañar el cotidiano arroz con
    frijoles que “nos toca” por la bodega, no ha comprado alimentos en mal
    estado o adulterados con sustancias dañinas, que no pocos terminan en el
    hospital?

    Ahora mismo, un señor que dijo nombrarse Alfonso, junto a su esposa y un
    niño de tres años, acaba de salir del hospital por comer un pescado
    ciguato, comprado a un vendedor furtivo en Centro Habana. Adela, mi
    vecina, también sufrió una intoxicación por el consumo de una carne
    adquirida en una TRD.

    Un brote de vómitos y diarrea entre varios peloteros del equipo de
    Granma, impidió la celebración de los juegos pactados contra Sancti
    Spíritu en la actual

    Serie Nacional de Béisbol. Descartado el cólera, se analizaron los
    alimentos consumidos en el Hotel Zaza, y sólo queda preguntar; ¿mala
    elaboración?

    Son muchos los que a diario en la cola para el pan, un ómnibus, la
    funeraria, un uniforme escolar, los huevos, las papas, el médico, la
    balita de gas -en fin, las colas en el país-, cuentan de amargas
    experiencias con frutas, lácteos y embutidos, entre otras perversidades
    sufridas en busca de alimentos para vivir.

    “Es la miseria humana, el descontrol, la falta de todo para subsistir.
    Es una cadena delincuencial que comienza en la cúspide de la pirámide
    social y culmina aquí en el barrio donde las víctimas no son hijos de
    papá”, me dijo un abogado que no reveló su nombre por temor a morir por
    la boca como el pez.

    vicmadomingues55@gmail.com

    Source: Morir por la boca como el pez | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/opiniones/morir-por-la-boca-como-el-pez/

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