Carceles en Cuba
Calendario
January 2015
M T W T F S S
« Dec   Feb »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Archives
Recent Comments

    Misiles de café con leche

    Misiles de café con leche
    Sabedores de que la nostalgia es el peor de los males, los emperadores
    romanos quitaban la patria a sus enemigos en lugar de la vida: así
    sufrían más y durante toda su existencia
    Rubén Cortés, México DF | 12/01/2015 10:42 am

    Éste es el mostrador de los últimos perdedores de la Guerra Fría. Aquí,
    un montón de ancianos toma La Habana cada noche con misiles de café con
    leche evaporada y a golpes de humo de tabaco. Es La ventanita del
    Versailles, el gran símbolo de Cuba allende el mar, que reúne a los
    enemigos que Fidel Castro no quiso fusilar ni que se pudrieran en la
    cárcel. Les hizo algo peor: los dejó sin patria.
    Es una mesa expendedora de tres metros de largo por medio de ancho, que
    mira hacia la calle Ocho y oferta pastelitos de guayaba y café “cubano”,
    que la tradición obliga a tomar parado en la acera. Y de un par de
    buches. En rigor, es el café del restaurante Versailles. Pero que va:
    esto es un mundo aparte. Es el ideograma de una historia de amor y
    odios, a lo largo de la cual se empobreció la isla de Cuba y se levantó
    la ciudad de Miami.
    En la acera, al pie de una palma, una tarja provoca que huelguen los
    comentarios: “En reconocimiento a los cubanos; hombres y mujeres que
    nunca se resignaron a vivir sin libertad. Los cuales diariamente se
    reunieron en este restaurante Versailles centro patriótico y cultural
    del exilio cubano para aportar ideas y compartir el sueño del regreso a
    la Patria que espera. La peña del Versailles. 20 de Mayo, 2007”
    Sí, los derrotaron, pero no los han destruido. Siguen en pie como
    pioneros de los únicos exiliados del mundo que conquistaron el poder
    político de una ciudad en Estados Unidos: desde la alcaldía hasta la
    rectoría de la Universidad, pasando por el Departamento de Bomberos,
    media docena de congresistas y donde el Director de la Policía se llama
    Juan Pérez.
    Se definen a sí mismos como “los judíos del Caribe” y si fuera cierto lo
    que dicen haber luchado “contra la tiranía”, Fidel Castro hubiera caído
    hacía décadas. Lo cuentan todos a la vez, mientras hacen fila como
    escolares sencillos para pedir una colada. Llegan en las noches. Visten
    como en su juventud en Cuba: traje y corbata o guayabera blanca, los
    hombres; collares, vestidos y peinados altos, las mujeres. Son
    aspaventeros y arrogantes. Por eso piden un “café cubano”, aunque los
    granos vengan de Colombia. En “su” ciudad, no puede hacerse más café que
    “cubano”. Sí, la verdad histórica es que perdieron su patria y el poder,
    quienes lo tenían. Pero el tiempo no les quitó razón.
    La Cuba que dejaron hace más de medio siglo tenía la renta per cápita
    más alta de América Latina, con $550; inversiones privadas por $357
    millones, más televisores que Italia y más Cadillac, que cualquier otro
    país. Además, la industria editorial, de la radio y la televisión más
    influyentes de América Latina. Cuba vendía por peso toneladas de papel
    los guiones de radionovelas que se escuchaban en Venezuela, Perú, Costa
    Rica y otros países de la región.
    La Cuba que observan hoy entre el humo de los cortaditos y los tabacos,
    registra 56 años después de su partida una parálisis económica crónica,
    con una importación de apenas dos mil millones de dólares en alimentos,
    una producción de 1,6 millones de toneladas de azúcar, y seis mil 106 de
    café: la décima parte, en ambos productos, de lo que produjo el año
    anterior a que los echaran.
    En cambio, son los padres de una ciudad que conoció su actual
    prosperidad gracias a su concurso inicial y en la que 60 % de sus
    compatriotas es dueño de sus casas, un porcentaje más alto que cualquier
    otro grupo hispano en Estados Unidos. Hasta en el condado vecino hacia
    el norte, Broward, copado de oligarcas rusos, 77 % de cubanos es
    propietario.
    Su derrota no está en los bolsillos, sino en su corazón: ahí se cumplió
    la advertencia de su Mefistófeles de bolsillo el 27 de marzo de 1960:
    “Es muy serio no poder disfrutar nunca más de este pueblo, de esta
    compañía, de las bellezas de nuestra patria, de nuestras playas, de
    nuestros campos, de nuestra música; pero sobre todo, de este despertar,
    de esta alegría de vivir este minuto singular de nuestra historia; ya es
    de verdad bastante castigo haber renunciado a eso para siempre”.
    Es el drama del desterrado con éxito lejos de su tierra, representado
    por el poeta romano Ovidio, cuya vida transcurrió feliz hasta el año 8
    d.C, cuando Octavio Augusto, el primer emperador, lo mandó al exilio en
    la inhóspita aldea rumana de Tomi donde, sin embargo, escribió los
    versos más bellos, como este de los folios de Tristes:
    “Cuando me asalta el tristísimo recuerdo de aquella noche en la que viví
    mi último instante en la ciudad, cuando recuerdo la noche en que
    abandoné todo lo que amaba, todavía hoy una lágrima se desliza desde mis
    ojos”.
    Sabedores de que la nostalgia es el peor de los males, los emperadores
    romanos quitaban la patria a sus enemigos en lugar de la vida: así
    sufrían más y durante toda su existencia. Esa cruz cargan estos
    ancianos, muchos ya carcamales, a quienes el destierro llenó de
    rencores. De ellos fueron las respuestas en una famosa transmisión, en
    1994, de “Tome nota”, el programa de otro exiliado, Armando Pérez-Roura,
    en Radio Mambí, sobre el tema de “qué hacer con los comunistas cuando se
    instalara un nuevo gobierno en Cuba”:
    “Quemarlos vivos”, sugirió uno. “Abrir incineradores y echarlos a todos,
    hombres, mujeres y niños”, pidió otro.
    Es una generación que morirá sin regresar a casa. No es gratuito que,
    camino al mar, dos cuadras más abajo, se encuentre al cementerio de
    Woodlawn Park, última escala del último presidente de la Cuba
    republicana, Carlos Prío; de Jorge Más Canosa, el líder más carismático
    del exilio político de Miami; de Rafael Díaz-Balart, excuñado de Fidel
    Castro y el único legislador que se opuso en el Parlamento en 1955 a la
    amnistía que liberó a éste aunque había atacado un cuartel y condenado a
    15 años…
    Más hacia la bahía, en pleno corazón de La Pequeña Habana, hay una calle
    que lleva el nombre de éste último, en homenaje a su profecía, pues al
    oponerse a la amnistía, argumentó su voto con un razonamiento perfilado
    por su cercanía familiar y de amistad personal:
    “Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el
    poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de
    Constitución y de ley en Cuba, para instaurar un régimen totalitario,
    inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo
    menos en veinte años. Fidel Castro solamente podría pactar desde el
    poder con las fuerzas del Comunismo Internacional, porque ya el fascismo
    fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le
    daría el ropaje seudo- ideológico que necesita para ello”.
    Pero se equivocó por muchísimos años, al igual que estos ancianos, que
    en esta noche vieja, como tantas otras antes, brindarán por “el próximo
    año en Cuba”. Pero lo hacen con botellas corrientes. Porque las buenas
    tienen más de cuatro décadas guardadas bajo llave, pues no han existido
    motivos para descorcharlas: son para cuando se caiga Fidel Castro.
    Mientras, lo tumban con misiles de café con leche.

    Un flotador para Cuba
    Tenía que ser en un episodio como descongelado de la Guerra Fría, como
    los ancianos de La ventanita se recolocaran en el vórtice del huracán
    cubano. Son los únicos que se oponen en Miami al gran acontecimiento de
    la política mundial en 2014: el anuncio del restablecimiento de las
    relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.
    El 64 %, la mayoría jóvenes, está en favor; frente a un 38 por ciento en
    contra, básicamente ellos, según encuesta de Bendixen & Amandi.
    Los jóvenes creen que Cuba se abrirá a la inversión estadounidense, con
    un inmediato desarrollo económico que provocaría la flexibilización del
    régimen.
    Ellos piensan que Estados Unidos patrocinará al comunismo, al punto de
    rehabilitar el ferry que había hasta 1959 entre Florida y La Habana, que
    representó el enchufe de Cuba a Estados Unidos, que poseía 90 % de las
    minas, la mitad de las tierras, 67 % de las exportaciones y 75 % de las
    importaciones cubanas.
    Lo mejor de este anuncio fueron sus entretelones y no lo que producirá,
    porque en cinco décadas y pico el sistema cubano se ha conducido por muy
    personalísimas reglas y no por el derecho internacional ni acuerdos
    bilaterales. Para justificar sus decisiones dispone del mejor arsenal
    retórico que se pueda encontrar en la política internacional. Lo único
    seguro en esta historia es que entre las prioridades de Cuba no figura
    apertura alguna.
    Aunque nadie puede negar que sus entresijos entretienen como una novela
    de Frederick Forsyth: negociaciones secretas en cabañas de troncos en la
    nieve de Canadá, en paradisiacas playas caribeñas, en los atrios del
    Vaticano; intercambios de espías que de un lado ayudaron a tumbar
    aviones y del otro a descubrir topos que operaban desde la Guerra Fría;
    una jeringa con semen entregada por un espía preso en una cárcel de alta
    seguridad estadounidense para embarazar a su esposa en La Habana…
    tremendo best seller.
    La novela es lo mejor, hasta que de verdad sean restablecidas las
    relaciones. En más de 50 años sucedió varias veces que, al cuarto para
    las diez, acercamientos de gran calado entre la Casa Blanca y La Habana
    quedaron truncos por razones de última hora, como en febrero de 1996: el
    Presidente Clinton estaba por tirar por decreto medio embargo, cuando de
    Miami despegaron dos avionetas de exiliados que fueron derribadas por
    cazas cubanos en un punto ciego del espacio aéreo que Cuba reclamó como
    suyo y Estados Unidos como internacional. Clinton debió echarse atrás y
    la retórica del bloqueo se mantuvo como la gran baza cubana para
    justificar su sistema de partido único.
    Si se concretan en fin de cuentas, las relaciones diplomáticas lo
    primero que harán será aceitar los mecanismos de migración de cubanos a
    Estados Unidos con su consecuente golpe mortal a Cuba como nación,
    porque acelerará la sangría de hijos, jóvenes en su mayoría, que sufre
    hace décadas. De manera legal, 20 mil cubanos emigran cada año a Miami,
    aunque es incuantificable el número que lo hace de manera ilegal, por
    mar o tierra.
    Desde que Cuba derogó el permiso de salida, el 14 de enero de 2013,
    cerca de 400 mil aprovecharon la oportunidad, pocos con la idea de
    regresar. A eso se une el bajo índice de natalidad. El número promedio
    de hijos nacidos vivos para la población de 15 a 54 años es de 1,02 para
    hombres y 1,35 para mujeres, insuficiente para un reemplazo
    generacional. Es un país de ancianos.
    El 21 % de las mujeres de entre 15 y 54 años se ha realizado abortos,
    que son fáciles, seguros, cómodos, gratuitos y la principal práctica
    anticonceptiva en la Isla. Cuando una embarazada va al ginecólogo, la
    primera pregunta de éste es ¿te lo vas a sacar o te lo vas a dejar? El
    71 % no desea hijos y más de la mitad de los casos de infertilidad se
    deben a secuelas de uno o más abortos.
    La mayoría prefiere tener hijos fuera, porque dentro las inhibe la
    interminable crisis económica, escasez de viviendas y la insuficiencia
    de los salarios. Es una bomba de tiempo contra la nación cubana que
    ayudarían a detonar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos: alto
    nivel de emigración y bajo de fecundidad.
    El destino de quienes se van ya no es solo Estados Unidos. Cerca de un
    cuarto de millón saldrá beneficiado por la nueva ley española de la
    Memoria Histórica, que otorga la nacionalidad a hijos y nietos de
    españoles. A Cuba llegó un millón de españoles de 1900 a 1930, cuya
    descendencia puede retornar ahora a la Madre Patria.
    Será un ritmo insoportable, al final, para una isla pequeña y pobre,
    porque, además, quienes emigran son jóvenes profesionales de 25 a 40
    años. El éxodo supera los tres millones: es decir, el 26,5 % de sus
    habitantes.
    El sistema cubano posee, en tanto, una riqueza renovable: la elocuencia
    política más vital y efectiva del mundo. Raúl Castro lo hizo saber al
    anunciar al alimón con el presidente Barack Obama el restablecimiento de
    las relaciones diplomáticas: que se respete su comunismo, como él
    respeta la democracia estadounidense, y “queda por resolver lo esencial,
    que es el fin del bloqueo económico”.
    Pero éste es casi pura retórica cubana. El principal bloqueo para Cuba
    es su prohibición a la libertad de empresa, que mantiene al Estado como
    único propietario de los medios de producción. El embargo sólo puede ser
    eliminado por el Congreso estadounidense, pero el Presidente puede
    desmantelarlo con decretos hasta dejarlo en el chasis y es lo que han
    hecho, primero Clinton y después Obama, al extremo de que Estados Unidos
    es el principal proveedor de alimentos y productos agrícolas de Cuba.
    Las exportaciones son de 348 millones, en especial pollo congelado,
    soya, maíz, cerdo, embutidos, frijoles y algodón, procedentes Arkansas,
    California, Iowa, Luisiana, Texas, Illinois, Mississippi, Minnesota,
    Nebraska y Misuri. El problema para Cuba es que carece de cash y Estados
    Unidos no le vende a crédito. Y parece ser engorroso comerciar con
    países no sujetos a crédito. México lo sabe: ha tenido que condonar la
    deuda varias veces a “la hermana nación cubana”, la más reciente en 2014
    por unos $500 millones.
    Cuba debe miles de millones de dólares no solo a amigos como Rusia,
    China y Venezuela, también a Japón, Francia, España y Canadá. Para
    evitar eso, el embargo la obliga a pagar a sus productores antes de que
    éstos hagan los envíos. El intercambio debe realizarse a través de un
    tercero, en general un banco.
    No es económico el contencioso cubano estadounidense: es político. Por
    muchas relaciones diplomáticas que se alcancen, todo se resume en si la
    Casa Blanca, republicana o demócrata, pretende patrocinar un sistema de
    partido único y sin libertades individuales a 145 kilómetros del sur de
    La Florida, que es el sueño de La Habana.
    Quienes lo tienen claro son los ancianos del Versailles, porque son tan
    viejos como el sistema cubano. Por eso se oponen. Es, entonces, un
    contencioso de tiempos, no de espacios, que solo resolverá la erosión de
    los años. Y Obama es muy joven para que pueda llegar a verlo un día.
    Apenas está por cumplir 55 años: la edad de un niño en el sentido del
    tiempo de los comunistas.
    Mientras, a lanzar misiles de café con leche. “Cubano”, eh… aunque venga
    de Colombia.

    Source: Misiles de café con leche – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro

    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/misiles-de-cafe-con-leche-321493

    Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *