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    2014, un año sin avances en Cuba

    2014, un año sin avances en Cuba
    Acabando 2014, Cuba se encuentra en el mismo punto que a finales del
    2013. Sigue siendo una dictadura de manual.
    Joan Antoni Guerrero Vall
    diciembre 12, 2014

    El 2014 llega a su fin con una media-buena-noticia respecto a Cuba: La
    liberación de la Dama de Blanco Sonia Garro y su marido. Es positivo que
    ambos hayan salido de la cárcel (aunque simplemente pasan a prisión
    domiciliaria) y que estén en su casa, que es de donde nunca nadie les
    tendría que haber sacado.

    La noticia se produjo la jornada previa a la celebración del Día de los
    Derechos Humanos y probablemente el régimen haya hecho algún tipo de
    cálculo al respecto. Eso nunca se sabe, pues las actuaciones de La
    Habana no responden ni a lo que es justo, ni legal ni pertinente, sino
    simplemente a lo que al régimen le conviene hacer o hacer ver que hace
    por cálculos imprecisos. En definitiva, son gentes de las que poco se
    puede fiar.

    Por eso, acabando 2014, Cuba se encuentra en el mismo punto que a
    finales del 2013. Sigue siendo una dictadura de manual y eso ni el más
    forofo de los opinadores a favor de los cambios raulistas lo puede negar.

    Esto supone también que las negociaciones con ellos pueden resultar
    accidentadas, como se acaba de revelar, por ejemplo, con las aburridas
    conversaciones con la Unión Europea (aquellas que nunca llegan a ninguna
    parte y que concluyen con declaraciones diplomáticas de copy/paste). De
    la noche a la mañana, La Habana decide que no, que no va a seguir las
    conversaciones, al menos de forma temporal, según lo que ha comunicado
    públicamente una de las partes. Hay que ser muy optimistas para pensar
    que el diálogo se vaya a reanudar. Lo normal, en este caso, es pensar
    que el régimen no se va a sentar a la mesa si no obtiene garantías de
    que de esas reuniones va a extraer solamente beneficios. El diálogo que
    quiere La Habana es sin concesiones.

    Pero el hecho es que de La Habana no hay que conseguir concesiones de
    ningún tipo. Del Gobierno cubano lo que hay que conseguir es que cumpla
    la legalidad. Para empezar, la de su propio territorio, la que viola de
    forma sistemática. Y luego, si es que quiere ser vista, considerada y
    recibida como un Estado democrático debe acatar los mínimos estándares
    que se exigen. No hay democracia con un partido único, ni hay democracia
    con el control político y social actual, y mucho menos hay democracia
    cuando el Estado ha instalado el miedo en el cuerpo de la ciudadanía.

    Los gobiernos y representantes políticos que, de una forma u otra,
    participen de los contactos, gestiones, diálogos o conversaciones (más o
    menos discretas) con el régimen deben tener en cuenta que, con un
    calendario tan dilatado, con avances tan exiguos en materia de
    libertades (no se ha producido ninguno y el tiempo de “aprovechar las
    brechas en el muro” ha caducado), probablemente ya nadie confíe en la
    posibilidad de que en la Isla se resuelva nada por la acción de
    intermediarios internacionales. Lo que no puede ser, en todo caso, es
    intentar convencer a la opinión pública de que los cambios ponen a Cuba
    en la senda de una próxima democracia. Eso es mentir.

    La batalla que hay declarada con Cuba no es una batalla ideológica, sino
    más bien de principios humanos. No se puede pretender el cambio, la
    reforma o la transformación de un régimen que niega esos principios
    fundamentales. Lo que debería ser un objetivo compartido no es la
    integración de un régimen totalitario en un entorno democrático, sino
    más bien cambiar su naturaleza. Sería importante también (y entrando ya
    casi en un terreno que parece más propio de la utopía) que los gobiernos
    de la región latinoamericana se sumaran a esta visión más democrática y
    empezaran a empujar hacia esa dirección. Los cubanos se lo agradecerán.

    El ideal, la utopía en Cuba, ya no la representa una Revolución que
    supuestamente quiso implantar la justicia social. Lo utópico e idílico
    es, en todo caso, que los cubanos puedan ser parte del mundo democrático
    en el menor espacio de tiempo posible.

    Source: 2014, un año sin avances en Cuba –
    http://www.martinoticias.com/content/un-ano-sin-avances-en-cuba/82067.html

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