Carceles en Cuba
Calendario
May 2014
M T W T F S S
« Apr   Jun »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Archives
Recent Comments

    Adiós a la posición común

    Posición Común, Unión Europea, Represión

    Adiós a la posición común
    Los pro y los contra de una política fallida
    Alejandro Armengol, Miami | 07/05/2014 9:25 am

    La economía, las relaciones intergubernamentales y las inversiones pasan
    a un primer lugar entre Cuba y la Unión Europea (UE). Los derechos
    humanos a un segundo, tercero, cuarto… último.
    El tema de los derechos humanos seguirá siendo un tema “importante en el
    desarrollo del acuerdo”, que será incorporado “de manera adecuada”, ha
    dicho Christian Leffler, director general para las Américas del Servicio
    Europeo de Acción Exterior (SEAE), tras el fin de la reunión en La
    Habana que estableció las bases para la negociación que pondrá fin a la
    Posición Común.
    Lenguaje diplomático pero que no deja espacio a la duda. Si hubiera sido
    un cubano de la calle, el encargado de hablar del asunto, lo habría
    resumido de forma más directa: “Olvídense del tema”. Ese “de manera
    adecuada” no es más que otorgarle carta abierta a La Habana.
    El gobierno cubano, sin demostrar un entusiasmo que pueda parecer
    excesivo, pero con satisfacción, ha visto un cambio paulatino en su
    relación con Europa. No ha cedido nada y aportado poco.
    Puede argumentarse que fueron liberados los prisioneros de la tenebrosa
    “Primavera Negra”, pero el último informe de la Comisión Cubana de
    Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) muestra un récord de
    3.821 arrestos temporales de opositores en los primeros cuatro meses de
    este año. La cifra más que duplica las 1.588 detenciones breves
    reportadas en el mismo periodo del año pasado, y supera el máximo
    anterior de 2.795, para el primer cuatrimestre del 2012, de acuerdo a
    una información aparecida en El Nuevo Herald.
    Es decir, que mientras que el cambio en la táctica represiva ha
    resultado efectivo en mantener el control del gobierno, al imponer el
    terror anunciado —que se anticipa a cualquier actividad opositora— y
    siempre presente, al mismo tiempo exige un precio cada vez mayor para
    sostenerse, una espiral en aumento de detenciones temporales.
    Sin embargo, los miembros de la Unión Europea simplemente han decidido
    mirar para otra parte y apostar por los cambios económicos —paulatinos,
    endebles, pero constantes— y el paso del tiempo como garantía de que los
    hermanos Castro terminarán abandonando el poder… cuando lo decida la
    biología.
    Consideraciones aparte de que ese sistema totalitario paulatinamente
    degenera en un régimen autoritario, donde las libertades individuales
    continuarán restringidas. Para la UE las posibilidades de negocio van en
    aumento. La “manera adecuada” puede esperar.
    No es que la Posición Europea sirviera de mucho, pero para quienes
    buscan la democracia en la Isla se cierra una puerta, aunque esta puerta
    siempre fue angosta y sin conducir a una vía eficiente.
    El nuevo Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la UE
    tendrá que ver solo con el dinero. La nueva actitud de Europa no solo
    enfatiza la colaboración y rechaza las sanciones. Va un paso más allá:
    relega las consideraciones democráticas a favor de las comerciales. Nada
    nuevo bajo el sol, pero bastante desagradable para los cubanos y los
    propios europeos con dignidad.
    No es una actitud lejana ni aislada. Con el restablecimiento de
    relaciones diplomáticas de Cuba con Costa Rica y El Salvador en 2009 (18
    de marzo y 1 de julio, respectivamente) Centroamérica consolidó sus
    vínculos regionales con la Isla y se entierró en Latinoamérica la
    política de aislamiento hacia el régimen. La segunda cumbre de la
    Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en enero de
    este año en La Habana, fue un espaldarazo diplomático al gobierno de
    Raúl Castro.
    Resultaba lógico que la UE comenzara a valorar el dejar a un lado la
    Posición Común, adoptada en diciembre de 1996, y que es considerada por
    La Habana como un “obstáculo fundamental” para el avance de las relaciones.
    Las políticas de confrontación hacia el gobierno cubano son cada vez más
    obsoletas, y al menos hay una actitud común en que los desacuerdos no se
    traduzcan en un aislamiento, que ha demostrado ser contraproducente.
    Pero una cosa es un cambio de política y otra muy distinta el adoptar
    una actitud cínica, en donde lo que importa es buscar ganancias por
    encima de cualquier otra consideración. Se dirá que es así como siempre
    han actuado los gobiernos, de todo el mundo y en cualquier momento, pero
    no por ello hay que dejar de denunciarlo.
    La Posición Común
    Patrocinada por el gobierno español de José María Aznar en 1996, tras el
    derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate por parte de Migs
    cubanos, la Posición Común estableció como objetivo de la UE el impulsar
    la democracia en Cuba, algo que el gobierno cubano consideró una
    injerencia y un acercamiento europeo a la actitud hacia el régimen
    establecida por Washington.
    En lo político, el cambio fundamental fue el adoptar —a la manera
    europea— una táctica más cercana a la confrontación que el diálogo
    crítico o constructivo, una posición que vinculaba la plena cooperación
    con la Isla a los avances en materia de derechos humanos y libertad
    política.
    Pero esta actitud también tenía un componente comercial y económico, que
    ahora ni siquiera se menciona.
    Apoyado en esa posición, el entonces presidente norteamericano Bill
    Clinton empleó su autoridad de veto para negar a los estadounidenses el
    derecho de demandar a las compañías extranjeras que realizaban negocios
    utilizando propiedades confiscadas por el entonces gobierno de Fidel Castro.
    Luego el expresidente George W. Bush continuó ejerciendo ese derecho al
    veto y la Casa Blanca bajo Barack Obama siguió el camino trazado por sus
    predecesores.
    Uno de los problemas con la Posición Común —que aún continúa vigente— es
    que, además de resultar poco efectiva, desde hace algunos años se ha
    convertido en un factor de división dentro de la UE.
    Un buen ejemplo de ello fue la posición asumida por los gobiernos de
    Polonia y la República Checa durante los ocho años de mandato de Bush hijo.
    Estas dos naciones fueron las que sostuvieron un punto de vista “menos
    europeo” en su conjunto, algo que fue más allá del caso cubano y tuvo
    que ver con la forma en que se relacionaban con Washington.
    Así se explica en buena medida —junto con el hecho de tomar en
    consideración la obtención de forma más o menos indirecta de fondos
    provenientes de Estados Unidos por grupos como el checo People in Need—
    sus simpatías hacia un enfoque de mayor presión hacia el régimen de La
    Habana, más acorde la postura adoptada por EE. UU. entonces y menos
    cercano al tradicional enfoque europeo de un diálogo crítico.
    Con el paso de los años, entender esta actitud no le restó legitimidad a
    los reclamos de Polonia y la República Checa —cuando se mira solo a las
    declaraciones en favor de los derechos humanos—, pero fue necesario
    definirla de una forma más realista, y no según una explicación
    simplista: estas exnaciones socialistas son las que mejor entienden el
    sufrimiento cubano, por haber padecido antes un régimen similar. El
    dinero y apoyo de la Casa Blanca de entonces —y de algunas
    organizaciones del exilio que en igual sentido recibían fondos de
    Washington— influía de forma determinante en esa supuesta voluntad en
    favor de la democracia en Cuba, que se manifestaba en un constante
    activismo político.
    Tampoco se puede reducir a un problema de dinero el conjunto de la
    actitud más crítica hacia el régimen de La Habana, y favorable a la
    Posición Común, de las naciones europeas. Países como Reino Unido,
    durante el gobierno de los primeros ministros laboristas Tony Blair y
    Gordon Brown, e Italia, bajo la presidencia de Silvio Berlusconi, se
    opusieron al levantamiento de la Posición Común. Pero es indudable que
    la influencia de Washington contó mucho en el asunto, y que al asumir
    Obama en EE. UU., las presiones al respecto disminuyeron.
    Las “sanciones”
    En la práctica la Posición Común nunca avanzó mucho más allá de las
    “buenas intenciones” y las “sanciones” nunca fueron tales.
    Si se puede hablar de intrangencia, en lo referente a los vínculos y la
    posibilidad de cooperación económica y planes de ayuda de Europa hacia
    Cuba, ha sido siempre la del gobierno cubano, en especial durante el
    mandato activo de Fidel Castro.
    En enero de 2000, con la Posición Común establecida, el grupo África,
    Caribe y Pacífico (ACP), sucesor del Acuerdo de Lomé, aprobó la adhesión
    de Cuba al nuevo Acuerdo de Cotonou, pero Cuba nunca llegó a formular la
    solicitud de admisión. Aunque la UE siguió insistiendo, e incluso en
    2003 llegó a establecer una oficina al respecto en La Habana, el régimen
    no cedió.
    Quizá el aspecto más visible de las “sanciones”, tras la ola represiva
    de la Primavera Negra y el fusilamiento de tres cubanos que secuestraron
    un embarcación en un intento fallido de llegar a EE. UU., fue el invitar
    a los disidentes a las fiestas y conmemoraciones nacionales en las
    embajadas, una práctica que luego fue abandonada, en 2008.
    El Gobierno había dejado de participar en las recepciones y para las
    embajadas europeas la presencia de los disidentes se había convertido en
    un “engorro”, donde la firmeza moral restaba lucimiento a las fiestas.
    Por su parte, el gobierno español había perdido el Centro Cultural
    Español en La Habana.
    Para esa fecha de 2008, el canciller español Miguel Ángel Moratinos,
    dedicaba sus mejores empeños en acabar con la Posición Común.
    Fue precisamente en octubre de 2008 que “la Unión Europea y Cuba
    acordaron reiniciar el diálogo político y la cooperación sobre bases
    recíprocas, con carácter incondicional y no discriminatorio, con pleno
    respeto a la igualdad soberana de los Estados, al marco jurídico y al
    ordenamiento institucional de las partes, y en total apego al principio
    de no injerencia en los asuntos internos de los Estados”, según una
    declaración del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Rogelio
    Sierra Díaz, ante la decisión del Consejo de Ministros de Asuntos
    Exteriores de la Unión Europea, del 10 de febrero de 2014, de reanudar
    las conversaciones.
    En la práctica, tanto Raúl como Fidel Castro han jugado ante Europa una
    actitud que les ha brindado resultados favorables en múltiples
    ocasiones, y es la famosa táctica guerrillera de lucha en varios frentes
    al mismo tiempo: mientras Fidel Castro postulaba su intransigencia
    frente a cualquier negociación que significara ceder en “los
    principios”, alentaban el establecimiento de vínculos particulares con
    diversas naciones europeas, e incluso comunidades. Respecto a la España
    de Aznar lo logró al acordar lazos particulares con varios autonomías.
    En EE. UU., lo intentó sin igual éxito en las compras agrícolas a
    diversos estados, como una fámula para dinamitar el embargo. Pero en la
    práctica esta mezcla de intransigencia declarada y negociación solapa
    siempre ha sido una carta de triunfo para La Habana.
    Economía y política
    Toda relación entre dos países contempla al menos tres posibilidades de
    intercambio: el político, el económico y el que se establece por
    diversas instancias, que no forman parte del gobierno sino de la nación.
    Al estar aún Cuba bajo un régimen totalitario, los tres aspectos se
    mezclan. El Estado cubano se convierte en sinónimo de gobierno, y al
    final se limita a ser simplemente la expresión de la voluntad del
    gobernante.
    La diferencia que debe establecer una nación democrática es que, aunque
    el régimen totalitario se beneficie en última instancia de esa
    colaboración, no por ello debe imitarlo. La clave radica en el carácter
    selectivo de la cooperación, los objetivos hacia los cuales debe dirigir
    la ayuda.
    Tras la “Primavera Negra” de 2003, la UE reforzó una actitud de presión
    política. Dicha actitud tuvo paradójicamente un efecto “liberalizador”
    para el régimen de los hermanos Castro: un distanciamiento político que
    no afectó los vínculos comerciales ni paralizó por completo las
    inversiones, al tiempo que limitó las visitas gubernamentales de alto
    nivel y redujo los intercambios culturales. Las razones pueden haber
    sido válidas, pero los resultados pobres o nulos.
    Al estallar la crisis económica que todavía afecta a buena pare de los
    países europeos, las prioridades sufrieron un reordenamiento. Hasta
    cierto punto ha surgido una nueva Europa, donde el dinero es más
    importante que nunca. Si en lo nacional esto se ha reflejado en una
    disminución de las prestaciones sociales, por parte de los gobiernos, en
    lo internacional ha significado una preponderancia de los nexos
    comerciales por encima de cualquier otra consideración.
    No es que en la práctica Cuba tenga mucho que ofrecer, sino que ahora
    cuenta más cualquier posibilidad de negocio, aunque sea limitada.
    Además hay una razón fundamental: Europa está apostando por la Cuba
    poscastrista, y ha relegado a un segundo plano las consideraciones de
    momento sobre las violaciones presentes de los derechos humanos.
    La paradoja en este sentido —pero también el mejor ejemplo para entender
    la situación—, la ofrece España. Si durante los dos gobiernos
    socialistas de José Luis Zapatero se hizo lo posible —y también “lo
    imposible”— por eliminar o reducir la Posición Común, ha sido bajo el
    mando conservador de Mariano Rajoy cuando este intento ha cristalizado.
    Con objetivos diversos pero con fines comunes, tanto los socialistas,
    antes en el poder, como ahora los populares, han actuado a favor de
    aumentar los vínculos comerciales con la Isla y lograr el pago (dudoso)
    de una deuda acumulada.
    A favor de Zapatero hay que recordar —pese a los tropiezos posteriores—
    la liberación de los presos de la “Primavera Negra”. Fue una jugada que
    le salió bien a Raúl Castro —y diseñada por él— pero que sacó de la
    cárcel a quienes estaban encerrados injustamente.
    Lo peor de ahora es que todo parece indicar que se está produciendo un
    bandazo a toda regla: si el tema de los derechos humanos antes estaba
    sujeto a manipulaciones de todo tipo, ahora parece que las supuestas
    intenciones de desarrollar una política que perjudique menos a la nación
    cubana —por encima de las diferencias políticas— y que le brinde un
    instrumento de mayor influencia sobre el gobierno de la Isla, se está
    convirtiendo en la práctica en un gesto de pasividad y complacencia
    económica en toda regla. Esto es lo más lamentable.

    Source: “Adiós a la posición común – Artículos – Opinión – Cuba
    Encuentro” –
    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/adios-a-la-posicion-comun-317862

    Tags: , , , , , , , , , , , ,

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *